ELVIRA HUELBES | Publicado: - Actualizado: 20/4/2017 17:54

 

Christopher Maurer en una imagen de archivo.
Christopher Maurer en una imagen de archivo. / Observatorio (Instituto Cervantes at Harvard)

Hispanista, formado con Gonzalo Sobejano, Christopher Maurer ha sido profesor en Harvard, Vanderbilt, Chicago, y en la actualidad enseña en Boston. Ha traducido y estudiado la obra de Gracián, Quevedo, García Lorca –del que es considerado una autoridad mundial- y Juan Ramón Jiménez.

Del poeta de Moguer, Maurer ha ideado este libro, El perfeccionista. Hacia una poética del trabajo, (Fundamentos, 2016) que reúne una serie de aforismos y reflexiones, producto de la obsesiva búsqueda de la perfección de Juan Ramón, que parecen dardos dirigidos directo al corazón de los amantes de la literatura sin tacha.

Pero la cosa esconde algo más que es lo que cuartopoder.es quiere averiguar en una breve charla con el profesor Maurer.

— ¿Por qué JRJ y por qué esta obra fragmentada? ¿Qué le atrajo por vez primera de JRJ?

— Me atrajo y me atrae su inteligencia –perdón, ¡su intelijencia!–,  su búsqueda del ‘nombre exacto de las cosas’, su fe en el lenguaje y en el trabajo: su idea de que el ‘trabajo gustoso’ de una sola persona – escritor, pintor, escultor, jardinero—pueda tener repercusión en la sociedad, poniendo en marcha lo que Moreno Villa llamaba un ‘ritmo emulativo’.

— Han transcurrido 20 años desde que la obra se publicara en EEUU, ¿por qué tanto tiempo?

“En las librerías, no sabían dónde colocarlo, si entre los libros de poesía, los libros de autoayuda o los de negocios”

— La primera edición, en inglés, la publicó Doubleday—una gran editorial comercial—para un público de hombres de negocios. En las librerías, no sabían dónde colocarlo, si entre los libros de poesía, los libros de autoayuda o los de negocios. Se me había ocurrido, al crear el libro (1992), que el trabajador—el ‘hacedor’ –por excelencia es el poeta, y que las lecciones que ofrecen los aforismos de un poeta como JRJ, obsesionado por su ‘Obra’,  sirven para iluminar cualquier tipo de trabajo. Intenté aislar algunos de los elementos del trabajo perfecto: la inspiración, la memoria (y el olvido), el ritmo, la relación con la naturaleza, etc. A cada uno de estos temas le dedicó JRJ cientos de aforismos. El libro tuvo cierto éxito y en 2012 lo reimprimió una editorial de Chicago, Swan Isle Press. Saca ahora Fundamentos con la ayuda de la Universidad de Granada, la primera edición en español. Tuve la suerte de que tradujera lo mío (el prólogo, los comentarios) Andrés Soria Olmedo. ¡Un regalazo!

— “Lo que te perfecciona te mata”, dice Juan Ramón y, sin embargo este libro no habla de otra cosa que de su afán perfeccionista en la escritura…

— En cierto modo, su búsqueda de la perfección le perjudicó. Los textos de JRJ, más que los de otros poetas, vivieron y viven en variantes: proliferaron los borradores y versiones corregidas y pasó la vida no solo escribiendo sino reescribiendo y revisando (hay un capítulo del libro dedicado a la revisión).  El maestro de toda una generación de poetas fue también el poeta de los pentimenti. Para calmarse y centrarse se dijo a si mismo una y otra vez que la perfección debía buscarse en la sucesión—en los intentos sucesivos. Le gustaba la idea inglesa de ‘work in progress’ y como poeta la vivió mejor que nadie. “Para abarcar bien tu obra, trabaja mucho en poco cada día”.

— “Era casi perfecta. Su mayor encanto estaba en el casi”, ahí hay una lección de estilo.

— Me recuerda la idea italiana de la sprezzatura. No está mal un poquito de desorden, algún defecto para recordar al lector que el texto se aproxima a la perfección.

Cubierta de la obra editada por Christopher Maurer.
Cubierta de la obra editada por Christopher Maurer.

— El libro está lleno de esas lecciones, es casi un tratado para jóvenes escritores.

— Dice que no quiere dar consejos, pero ofrece lecciones de psicología:  “Cuando estéis trabajando en una cosa y se os vaya la ilusión a otra, pensar que esta en que trabajáis sería vuestra ilusión si estuviérais con la ilusionada”.  O este, que me gusta:  “Respetemos el olvido, el maravilloso olvido, que nos convierte en contemplativos aislados del presente único”.

— “Se habla, al hablar de estilo, de la palabra, y yo creo que el estilo es cosa del fondo del alma”

— Como Unamuno, rechazó JRJ nociones superficiales de estilo; el estilo tenía que venir de dentro. Encontrar el estilo propio es dar con “el exacto, el único camino espresivo de nuestro ser… el hilo irrompible de nuestro viviente laberinto”.

— El libro capta lo contradictorio de la visión de JRJ: “que las alas arraiguen y las raíces vuelen”, es todo un alegato. O bien: “Perfecto e imperfecto, como la rosa”. ¿A qué cree que se debe esta visión del mundo?

— Su uso constante de esos y otros términos antitéticos indica por una parte un carácter polémico pero también lo contrario: la convicción de que en un solo poema, y en una sola vida, pueden juntarse esos extremos. “Yo no soy yo”, escribe. “Soy este que va a mi lado / sin yo verlo; / que a veces voy a ver, / y que a veces olvido./ El que calla, sereno, cuando hablo, / el que perdona, dulce, cuando odio”.

— A veces, sus aforismos recuerdan a las greguerías, por el humor: “Conocí a uno, tan olvidado del agua clara, que la tomaba por cosmético”. Casi nadie asocia a JRJ al humor…

“Me río mucho de sus comentarios sobre España, sobre Estados Unidos y—sobre todo—de sus caricaturas de otros escritores”

— Me río mucho de sus comentarios sobre España, sobre Estados Unidos y—sobre todo—de sus caricaturas de otros escritores. No es humorista,  claro; no tenía la actitud de Cervantes— “¡hermano pecador!” Pero tiene sus toques de humor. Entre mis aforismos favoritos: “No concibo un Dios orador. . . Cuando Dios habla bajo, es verdadero, cuando grita es falso” o éste: “Lo malo de la muerte no ha de ser más que la primera noche”. 

— JRJ cree en la inspiración pero se fía poco de ella, según confesión que recoges en el libro: ¿fue un trabajador obsesivo?

— No dejó de escribir y de revisar.  En palabras suyas, “ningún día sin  borrar una línea y sin romper un papel.”

— ¿Podría recomendarse este libro como guía para escritores jóvenes? Más de un consagrado y famoso sucumbiría en esta prueba juanramoniana…

— Lo he recomendado bastante a mis estudiantes. Como ocurre con Gracián, sus consejos sobre la escritura y la lectura se aplican a la vida. Escucho con atención y admiración sus sentencias: sobre el sueño, sobre el silencio, sobre la necesidad de vivir en el presente, y sobre la lucha interior de cualquier perfeccionista: “¡Esta lucha constante entre querer acabar y querer acabar bien!”

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