‘El autor’: una película sobre literatura sin literatura

Cartel anunciador de la película 'El autor'
Cartel anunciador de la película ‘El autor’, que hoy se estrena en España. / Filmax

El realizador y guionista andaluz Manuel Martín Cuenca no me ha llamado nunca la atención. La flaqueza del bolchevique es una película vulgar, Malas temporadas anodina y Caníbal una de las películas más sobrevaloradas y huecas de 2013. No soy el único. Tampoco le ha llamado la atención al espectador español, pero en este país hacer cine y vivir de él no tiene por qué ir ligado a que tus películas las vea la gente. Sí, esas cosas pasan en el cine que usted paga con sus impuestos.

El autor puede que sea la película más interesante del tal Cuenca, principalmente porque parte de una idea decente. La pena es que no está bien desarrollada. En resumen: un cretino que quiere ser un escritor “verdadero” (Javier Gutiérrez, un actor que se me atraganta), sigue los consejos de un profesor de creación literaria (Antonio de la Torre) mientras su mujer (María León) triunfa en la literatura con un best seller de tercera y le pone los cuernos. Incapacitado para imaginar, decide grabar con su teléfono a sus vecinos y conocerlos personalmente para escribir una “gran” novela sobre el edificio en el que vive (literal). Una propuesta bastante pueril.

La historia, que no parece dar para que masas ingentes de espectadores hagan colas delante de los cines, es la adaptación de la primera novela de Javier Cercas, autor de prestigio muy interesado en el juego realidad/ficción y firmante de la estupenda Anatomía de un instante, sobre el golpe de Estado del 81, momento histórico del que Chema de la Peña hizo una película entretenida, pero que todavía espera, creo yo, LA película.

El proyecto, según Cuenca, nace cuando descubre una novela de Cercas que no ha leído y cree que es adaptable al cine (anda que no hay autores, sin prestigio cultureta, pero adaptables…). Se decidió por su protagonista porque siempre había querido trabajar con Gutiérrez tras verlo en la obra de teatro (bastante pretenciosa) Hamelin, del también prestigioso y cultureta dramaturgo Juan Mayorga. Por De la Torre, que aporta el componente cómico, apostó por amistad y su experiencia en La mitad de Óscar y Caníbal.

El autor, que ha contado con Canal Sur, la Junta, TVE, el ICAA y el respaldo unánime de la crítica española desde que se estrenó en San Sebastián (festival del que se fue de vacío), tiene una idea de partida interesante, pero la película, siendo osada y escapando de lo comercial, es vulgar. La dirección es anodina y su guión poco creíble. Y lo peor de todo: no funciona su fusión de géneros. Te ríes en algunos momento de comedia, pero pasa al drama sin buenas transiciones. Y te pierdes porque el conjunto es desequilibrado.

Quizás en manos de un Polanski en el drama (el mal rollo vecinal de El quimérico inquilino) o de un Allen en comedia (la mediocridad del artista en Balas sobre Broadway) El autor hubiese sido una película mejor, pero en manos de Cuenca la película resulta soez, mediocre, fea. Española.

Y es una pena, porque sobre el papel el personaje central es interesante: un idiota obsesionado con triunfar en la alta literatura (no como la basura que perpetra su mujer, aunque jamás sabemos por qué es basura, no conocemos su literatura), tener talento y que lo reconozcan. Además, el menda cree que puede manipular a los que le rodean para lograr su fin literario, pero todos se aprovechan de él y le engañan: su mujer, su profesor, la notaría donde trabaja (poco creíble siendo un hombre de leyes), los inmigrantes a los que intenta manipular… Es un personaje tan bobo que en el inicio de la película vemos cómo se emociona, hasta las lágrimas, en una master class de mierda sobre creación literaria. No es una mala ocurrencia, pero Cuenca la desarrolla de forma mediocre.

La literatura no aparece por ningún lado en El autor. Es tremendo que en una película (por muy comedia que sea) sobre la creación literaria no hable de literatura, no tenga referencias literarias, ni siquiera en las peregrinas y poco creíbles clases que imparte Antonio de la Torre. Lo único literario en esta película es la colección de clichés que suelta el profesor (sal a la calle, busca tu estilo, escribe sobre lo que conoces, bla, bla, bla…) y que el personaje tiene un ejemplar de El viejo y el mar de Hemingway. De hecho, emulando a este sobrevalorado escritor, Gutiérrez aparece desnudo y coloca sus genitales sobre su mesa de trabajo en una escena que va de cómica pero es desagradable, carente de gusto, de clase.

En fin, la idea es buena, pero se queda solo en ocurrencia: el protagonista confunde la imaginación y el oído con el chismorreo, y por eso sabes que la novela que perpetra es una mierda importante. Y en medio desnudos gratuitos, una interminable escena musical (la señora gorda emulando a Rocío Jurado), una secuencia abracadabrante con la parienta exitosa apareciendo, por sorpresa, en su clase y un desenlace (el militar y su caja fuerte) pueril y sin sentido. Spoiler: si quieres ayudar a los inmigrantes, mejor que Gutiérrez confiese lo de su indemnización por despido y te ahorras esa bobada de subtrama criminal que acaba en cárcel y en ese final tan insustancial.

Y el casting es desequilibrado: cumple De la Torre, sobreactúa Gutiérrez, no te crees que María León escriba nada y los actores mejicanos son flojos. En resumen: película bienintencionada pero sobrevalorada, además de pueril y blanda. No me la creo y la veo lejos del gran cine, sea cine negro o comedia. ¡Y la banda sonora es del relamido José Luis Perales!

Remato con lo que dijo Jonathan Holland para The Hollywood Reporter: “Es entretenida y tiene buenas ideas, pero no tiene alma y es una película manipuladora”.

El plan B:

¿Eres de lo que no te aburres soberanamente, como yo, con las películas de superhéroes? Pues tu película es Liga de la justicia. Animado por Superman, Batman recluta a Wonder Woman para una nueva movida soporífera. También salen Aquaman, Cyborg y Flash. Yago García (Cinemanía) ha escrito que es “incoherente, sin carisma y llena de costurones”. Según Peter Bradshaw, de The Guardian, “El bien, el mal y el aburrimiento luchan entre sí”. Ustedes mismos.

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