‘Mujeres y poder’: una reflexión tras el 8-M

La historiadora británica Mary Beard
La historiadora británica Mary Beard, autora del libro-manifiesto ‘Mujeres y poder’. / University of Kent (Flickr)

El pasado 8 de marzo, el 8-M, una gran marcha feminista tiñó de morado varias ciudades españolas, como nunca antes se había visto. Se habló de más de cinco millones de mujeres, entre las que había también algunos hombres, aunque algún telediario y algún periódico diario decían “miles de mujeres”. Da igual. Pero invita a la reflexión.

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Fue una manifestación que, sólo en España, iba acompañada de una llamada a la huelga. No una huelga al uso, sino una huelga total, paralizadora, genuinamente feminista. No llegó la sangre al río, en parte por las eternas rebatiñas de los partidos políticos y en parte porque a las mujeres se nos ha instruido en el cuidado del otro, de la prole, de la familia, de los enfermos e impedidos, de los que necesitan ayuda y atención. De los dependientes.

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Ese es, al parecer, el poder femenino por excelencia. Un poder olímpicamente despreciado (no apreciado) por la sociedad, mujeres incluidas y que, por lo tanto, carece de prestigio y solvencia. Pero, ay, si realmente pararan las mujeres, un sólo día, de ejercer ese “poder”. Qué fulminantemente se hundiría el mundo, los amantes hijos y padres, los enfermos adorados… ¿Cómo se hará eso? ¿Cómo se dejará caer al padre inválido, dejar hambriento al bebé, pasar de escuchar los lamentos de la anciana madre que necesita ayuda para ir al baño? ¿De qué sarcasmo de poder estamos hablando?

Mary Beard, eminencia del mundo clásico, catedrática en Cambridge, Premio Princesa de Asturias, 2016, autora de interesantes programas de televisión, etcétera, etcétera, ha reunido unas cuantas conferencias ad hoc en un libro, Mujeres y poder (Crítica, 2018), que ella prefiere llamar manifiesto, pues de eso se trata. En él, recorre capítulos de la historia y de la literatura fundacional de nuestra cultura, como La Odisea. donde, recuerda Beard, un imberbe Telémaco humilla a su madre, Penélope, con un sonado sopapo dialéctico, delante de un nutrido grupo de notables: “Madre mía, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca… El relato estara al cuidado de los hombres”.

Y hasta hoy.

Portada de 'Mujeres y poder'
Portada de ‘Mujeres y poder’, de Mary Beard. / Crítica

Mujeres y poder, hasta hoy, parecen conceptos enfrentados. Cuando los clásicos concedían algún poder a las mujeres era siempre porque lo usurpaban, caso de Clitemnestra, por ejemplo, y la cosa acababa mal, para todos y sobre todo para ella misma. Como queriendo mostrar que el caos se instala en la vida si las mujeres mandan.

Por eso, lo que propone Beard y las corrientes feministas más modernas, es cambiar el concepto de poder, la noción. Echar una profunda ojeada a lo que de veras importa en la vida. Esto es más fácil a medida que se van cumpliendo años, se va teniendo menos que perder y se va haciendo más familiar la figura de la muerte. Pero no nos pongamos dramáticas.

El poder verdadero debe ser aquel que facilite a la especie un paso airoso por este valle de lágrimas: el poder de la cooperación, la colaboración, la unión para sumar, un terreno que las mujeres llevan siglos pisando. No es el de “sus labores” sino el mundo en el que los seres humanos nos tenemos que mover por nuestra mortal condición.

La autora piensa que hay que calibrar para qué sirve el poder, redefinirlo: “No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura. Y eso significa que hay que considerar el poder de forma distinta; significa separarlo del prestigio público; significa pensar de forma colaborativa, en el poder de los seguidores y no sólo de los líderes; significa sobre todo pensar en el poder como atributo o incluso como verbo (empoderar), no como propiedad”.

Beard propone que se indague en eso y se profundice. El poder verdadero debe ser aquel que facilite a la especie un paso airoso por este valle de lágrimas: el poder de la cooperación, la colaboración, la unión para sumar, un terreno que las mujeres llevan siglos pisando.

Para Beard, lo que las mujeres quieren es que se las tome en serio, algo que aún cuesta mucho conseguir. En el libro hay jugosos ejemplos –siempre con la impagable referencia de los clásicos– de cómo se siguen manejando símbolos misóginos en el terreno del poder, concretamente, en la batalla de Trump y Clinton (Hilary) por la Presidencia de los Estados Unidos.

La propia Beard, a quien nadie se atrevería a escamotear su autoridad en materia de griegos y romanos, tiene que aguantar que le hagan mansplaining (machoexplicación) por Twitter. La misma Teresa de Calcuta es muchas veces objeto de mofas variadas, por ejemplo.

Pues venga, a reír tocan. Y que el mundo siga igual que está que, por lo visto, está muy bien.