Tribuna

Los festivales explotan: #MúsicaEsTrabajo

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Unión Estatal de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras

Ser artista en el mundo de la música es duro, sobre todo ser profesional y lograr que te traten como tal. Desde el momento en el que alguien sube a cantar, a tocar o a ambas cosas a un escenario, no hay amateurismo que valga, estás entreteniendo a un público que el mayor número de las veces está consumiendo en las barras de los espacios en los que tiene lugar el espectáculo. Como trabajadora, como trabajador tiene que disponer de unas condiciones dignas para desarrollar su labor.

Desde hace mucho tiempo, parece ser que se ha implantado en determinados empresarios del entorno de la música en convertirse en ONGs, que aparentemente salvan la vida de los músicos nacionales dándoles la oportunidad de tocar en su espacio. Los festivales de música están plagados de concursos de bandas en los que el premio es tocar allí a cambio de cosas como: entradas gratuitas, pagos simbólicos que no llegan ni al precio que cuesta el transporte hasta el lugar del concierto, o simplemente a cambio del privilegio de poder tocar en sus escenarios. En ningún caso se habla de condiciones laborales ni de un trato digno.

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Por supuesto, el abono de dinero "para gastos" (cuando lo hay) se produce tras la entrega de la preceptiva factura. Si eres autónoma o autónomo la puedes incluirla en tu actividad, si no, puedes preguntarle a familiares, amigas o amigos autónomos si la pueden incluir; y también están las cooperativas de facturación, ese parche legal hecho para facilitar las cosas a los contratadores y dificultárselas a los músicos, sobre todo cuando viene hacienda con las sanciones correspondientes por utilizarlas.

El premio por este concurso se convierte en realidad en un castigo. Por un lado económico, ya que tienen que correr con una serie de gastos obligatorios que el festival no les va a pagar, como son transporte, alojamiento y comidas. Por otro, el castigo real de correr riesgos (recordemos el accidente de un grupo con muchos medios como Supersubmarina, la punta del iceberg). Estos grupos que dan sus primeros pasos en su mayor parte no tienen el presupuesto suficiente como para pagar una forma de desplazamiento que les permita viajar de una forma tranquila y segura.

Existe una máxima que reza que las cosas irían mejor si se cumpliesen las leyes y en este caso es algo completamente cierto. La contratación laboral de los músicos para espectáculos públicos es algo tan viejo como la ley del año 1985 que la incluye. No estamos pidiendo que se pague a todos los músicos como a los cabeza de cartel, ni que se les ponga un camerino con jacuzzi, ni un hotel de cinco estrellas; estamos hablando que se gestione el proceso de tal forma que la artista o el artista puedan tocar en un espacio seguro, con un mínimo de comodidad y que tras pago de transporte y alojamiento dignos y seguros, le quede limpio el dinero que fija el convenio colectivo de Salas de Fiesta, de Baile y Discotecas, que es el que rige el sector; 116,9 euros.

Como reacción a este punto, saldrán voces que dirán que es muy complicada esta forma de contratación, que le cuesta mucho dinero y trámite burocrático a la promotora, que se ha hecho siempre así; pero se equivocan. Es fácil hacerlo, otra cosa que se tenga la voluntad para ello. Hay muchos festivales que tras darse cuenta de que es sencillo y que con ello se evitan muchos problemas están empezando a hacerlo. Es posible, es fácil, todas y todos estaremos contentos.

Hacer música y tocarla es un trabajo como otro cualquiera, y cualquier persona que realice estas actividades está trabajando. Detrás de cada actuación en directo hay horas de trabajo para montar los temas y para ensayarlos. Desde la gran estrella que encabeza carteles de festivales, a las bandas jóvenes que empiezan a subirse a escenarios pequeños, todas y todos coincidimos en esto. Cualquier trabajo debe tener reconocida la dignidad de quien lo realiza. La música también.

#MúsicaEsTrabajo

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