ENTREVISTA

Paula Palacios: “El foco de mi película está en Europa, pido que nos sintamos culpables”

  • Conversación con la directora de ‘Cartas mojadas’, un crudo documental rodado junto a la tripulación del Aquarius, el famoso barco del Open Arms

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Cartas mojadas, que llega por fin a las salas de cine, es un crudo documental rodado por Paula Palacios junto a la tripulación del Aquarius, el famoso barco del Open Arms y también llamado “barco rojo” por miles de personas desesperadas que huyen del hambre, el tráfico de seres humanos, las violaciones, las guerras… Palacios, experta en documentales sobre inmigración como New Walls o Ali'ens: Somalis in transit y que también ha rodado parte de este trabajo en París y Libia, ha optado por no mostrar entrevistas. Es un mero testigo del horror, decisión con la que ha logrado un buen trabajo que ha ganado el Premio del Público en el Festival de Málaga y también el Premio del Público en el Festival de Ourense. Hablamos con ella para cuartopoder.

-¿Cómo surge la idea de este documental?

-Llevo años haciendo documentales televisivos sobre inmigración y veía que hay interés, pero también algo de frustración en los espectadores porque no saben cómo digerir según qué imágenes que se lanzan en las noticias. Tenía ganas de profundizar en el tema y contar, en una sola película, por qué huyen todas esas personas, qué les pasa, cómo huyen y cómo les acogemos. Y viendo como el tema de la inmigración ha ido empeorando, los últimos años en el Mediterráneo han sido una catástrofe.

-¿Cómo entra Isabel Coixet como productora del proyecto?

-Tenía claro que Cartas mojadas no podía ser un documental más sobre inmigración, que era importante que la parte cinematográfica estuviese presente. Isabel aportaba esa faceta, esa vocación de largometraje de cine que tiene el documental. Siempre busqué que las imágenes fuesen buenas, que estuviese técnicamente bien contado.

-¿Hasta qué punto ha sido autodidacta en este trabajo? Has escrito el guión, llevado una cámara, montado…

-Me gusta que el equipo sea muy reducido, ser autónoma. Llevo un operador de cámara y otra cámara yo. Ser autodidacta es el germen del documental y es lo que diferencia el cine de ficción al cine de no ficción. La imagen cuidada y la buena técnica es igual, pero tienen mucha importancia la parte autónoma, poder improvisar, grabar en el terreno… Es lo que me fascina de hacer documentales, explorar un lenguaje que se materializa mucho en montaje, pero en el terreno tus decisiones son fundamentales. La primera decisión es pensar dónde poner la cámara.

-Una cuestión ética.

"En pleno conflicto entre un guardacostas libio y el Aquarius usar un dron era raro"

.-Sí, y otra decisión es saber qué grabas y qué no, lo que dejas atrás cuando lo que te interesa en ese momento es la toma de las manos de un bebé. Ahí hay una intención para que el espectador vea un lado u otro de la realidad. En mi caso el montaje, con planos largos y repetidos planos de personas, hace parecer que estamos en una ficción. También usamos drones. Fue en una situación complicada, en pleno conflicto entre un guardacostas libio y el Aquarius usar un dron era raro. Hay quien se preguntaba si todo eso estaba fabricado.

-Cartas mojadas tiene una duración que se agradece, de hora y veinte minutos. ¿Cuántos tenías de material en bruto, grabado?

-No sabría decirte, muchísimo. Hasta tenemos para un making off muy potente, cosas de Libia. Por formato no han entrado porque no era la voluntad de este trabajo, pero estando en Libia hice entrevista estándar. Y era otro lenguaje.

-Hacia el minuto veinte de Cartas mojadas vemos la terrible imagen de un bebé muerto y a un hombre que recibe los primeros auxilios pero que acaba falleciendo. ¿Cómo vives eso personalmente? ¿Cómo logras no deprimirte?

-Cuando hay acción, no hay tiempo para deprimirse. Si no sabes qué hacer cuando ocurre algo así, solo estás de voyeur. Y eso sí es un problema.

-¿Lo único que te pasa por la mente es grabar y luego ya se verán las repercusiones?

-Eso es. En ese momento estás pensando: “Por dios, que se salve”. Y cuando ves que no se salva, piensas en el siguiente paso. Las imágenes del hombre muriendo son de la cámara principal, del operador, pero yo llevaba una segunda cámara e iba grabando porque no sabía si haría falta, no lo concibo de otra manera. La llegada del cuerpo sí era mi cámara porque yo estaba en la lancha cuando transportaron el cuerpo. Grabé yo y la imagen se mueve mucho porque la lancha iba a toda leche. A nivel técnico son peores imágenes, pero son muy reales, del momento. El peor momento llega en la posproducción.

-El golpe viene más al ver las imágenes, no al grabarlas.

-Sí, sin olvidar la tensión de rodar todo esto. Empezamos hace años y la situación migratoria en el mediterráneo ha ido empeorando. Cartas mojadas no es una noticia más, es una película.

-¿Cómo lo llevaba la tripulación psicológicamente? No debe ser fácil.

-No lo es, pero cuando te involucras en estos temas, hay parte de enfado y parte de querer cambiar las cosas, tiene una pasión y entrega y salvan vidas, cambian las cosas poco a poco. Ese es el motor de su labor, que es dura, pero todos saben hacer de todo. Son médicos, bomberos, rescatadores…. Gente con una vocación de salvar vidas.

-¿Qué tal fue la relación con ellos y cómo tienen la confianza de dejarte navegar en el Aquarius?

"En Open Arms se toman muy en serio llevar a gente a bordo para contar lo que pasa"

.-Mi hermano, que es fotógrafo, me llevó a bordo de Open Arms porque les conoce. En Open Arms se toman muy en serio llevar a gente a bordo para contar lo que pasa. Llevan periodistas a bordo y es algo muy importante, salvan vidas pero también lo cuentan todo.

-¿Qué es lo más duro que has vivido en el barco? O en París y en Libia.

-En el barco lo más duro fue la muerte del segundo bebé porque a priori era evitable. Y eso sí fue heavy. Y se notó en la misión, fue duro. Y en Libia todo lo que les pasa allí. Acceder a Libia era muy difícil, con aquel tráfico de personas, maltrato…

-En Libia no grabaste con el equipo habitual.

-Me dieron el visado solo a mí y tuve que contratar a un equipo libio.

-La parte de Libia llama la atención porque sales del mar y en tierra descubres esa espantosa situación de gente convertida en esclava.

-Claro, y te preguntas: si les ocurre esto en Libia, ¿cómo es posible que les estemos tratando de esta manera en Europa y no ayudándoles en el mar? No es normal.

-La pandemia también ha afectado a esta pobre gente, el virus es prioridad informativa y la crisis migratoria ha pasado a un segundo plano.

-Pasa factura, en el Festival de Málaga había gente que me decía que con el coronavirus viene menos gente. Y yo les decía: “¿Pero cómo lo sabéis?”. La niña que es narradora de nuestra historia (una niña ficticia que nos habla desde el fondo del mar) da voz a mucha gente que se ha quedado en el mar y no podemos saber cuántos son, es el gran drama. Los números están mal, no se puede saber.

-Al final de la película, demoledor, vemos el cadáver de una mujer en la orilla de una playa y escuchamos las palabras “os perdono”. ¿Merecemos perdón?

-No. El foco de mi película está en Europa, pido que nos sintamos culpables. Hay culpa, debía salir esa culpa. Y para mí era importante dejarlo. Me he encontrado con gente que, sabiendo lo que les hacemos, nos quieren, nos respetan, nos admiran, hay un perdón en ellos que me alucina. Y para mí el broche final era importante: somos lo peor y encima nos perdonan.

Una imagen de "Cartas mojadas". / Suria Comunicación
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