‘Lost River’: modernez de tercera

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Cartel de Lost River/Warner.
Cartel de 'Lost River'. / Warner

Un actor no tiene por qué ser mal director. Suele conocer el oficio. El mismísimo John Ford empezó trabajando de actor. Hay intérpretes que se metieron a directores y a los que les salió bien la jugada (Robert Redford, Paul Newman, Clint Eastwood, Robert De Niro, Mel Gibson...), pero no son muchos. Ryan Gosling, director de Lost River, entra en la liga de actores conocidos con películas olvidables. La de George Clooney, Sean Penn, Antonio Banderas, Philip Seymour Hoffman...

La ópera prima de Gosling fue de lo peorcito del último Cannes y desde su estreno ha tardado casi un año en llegar a nuestras salas. Mal augurio. Warner, que trató a Ryan Gosling entre algodones y le dejó rodar lo que quisiera, vio, ante las primeras reacciones, que tenía una auténtica patata. ¿No habían leído el “guión”? ¿De verdad un ejecutivo de Warner cree que con semejante chapuza se puede hacer una película? Finalmente nos la han vendido como una peli “indie” y en los Estados Unidos la han estrenado a la vez en cines y en plataformas digitales. Ha sido un fracaso.

El desastre de Lost River es mayúsculo. Tras 15 primeros minutos muy sugerentes, la película se derrumba completamente, empieza a divagar, se hace diletante, aburridísima y con personajes ridículos (lo del malo es de risa). Una pena, porque malgasta un reparto excelente y un escenario tremendamente cinematográfico (el actual Detroit). Los cómplices estéticos de Gosling en este desaguisado son el director de fotografía Benoît Debie (responsable de la luz de esa porquería llamada Irreversible) y el músico Johnny Jewel, que hace ese tipo de música modernuqui que te recuerda a una lavadora centrifugando.

Por su puesto, la culpa de todo es de Gosling, que, cómo no, tenía una gran historia que contarnos y escribió en solitario el guión. ¿Para qué contratar a profesionales si uno es todo un autor, un artista total e insobornable? El guión, o como quieran llamar a eso, es una basura pretenciosa, farragosa e irritante que quiere imitar a otros “genios insobornables” como David Lynch, Terrence Malick, Mario Bava o Nicolas Winding Refn, firmante de esa memez llamada Drive, protagonizada por Gosling y de la que ya nadie se acuerda.

La historia, supuestamente basada en un recuerdo de infancia de Gosling, va de una señora (Christina Hendricks, la secretaria de generosa delantera de Mad Men) que tiene que pagar alquileres retrasados y para lograrlo se mete a trabajar en una especie de cabaret gore donde baila Eva Mendes. Mientras, su hijo, perseguido por un matón sanguinario, descubrirá una travesía secreta que lleva a una misteriosa ciudad bajo el agua.

Leo por ahí que esto es una “aventura surrealista”. Créanme: aventura es pagar una entrada por ver esto. También que es un “sombrío moderno cuento de hadas”. O sea: que como es un cuento vale todo y todo es porque a mí me da la gana. Un sin dios, vamos.

Amigo Gosling: te has confundido de referentes. En vez de copiar mal a artistas tan libres como cargantes, tendrías que haber sido un poquito más humilde y te tendrías que haber fijado en Derek Cianfrance, con quien rodaste dos películas: una muy interesante (Blue Valentine) y otra magnífica (The place beyond the pines). Eso sí se parece al cine. Y no esta cosa.

filmaffinity (daylimotion)

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