Juan Diego: “El cine español sigue teniendo prestigio a pesar de la caverna”

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El actor Juan Diego, en una imagen de archivo. / Efe

Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, Juan Diego, nacido en Sevilla un 14 diciembre del 42, es uno de los grandes intérpretes de nuestro cine. El creador de personajes como el señorito Iván de Los santos inocentes, el Franco de Dragón Rapide, el Sergio de Viaje a ninguna parte o el Villaescusa de El rey pasmado, contestó con amabilidad y sinceridad a las preguntas de cuartopoder.es.

— Si uno piensa en Juan Diego, lo primero que se le viene a la mente es uno de los más grandes villanos del cine español, el señorito Iván de Los santos inocentes. ¿Cómo construyes ese personaje? ¿Con la novela de Miguel Delibes, gracias a las indicaciones del director Mario Camus, con señoritos que conocías personalmente...?

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"Los Santos Inocentes y el premio a Paco Rabal y Alfredo Landa en Cannes nos cambió a
todos la vida"

— El personaje ya estaba muy definido por Miguel Delibes. Poco tenía yo que hacer aparte de seguir el libro. Además, Camus, Antonio Larreta y Manolo Matji construyeron un guión de los más completos y hermosos de nuestro cine y que dio lugar a una de las más señeras películas. En cuanto a la construcción del personaje, todo actor tiene que estar con las antenas puestas, atento a lo que tiene a su alrededor, la vida, que es lo que tiene que representar. En mi infancia conocí a señoritos y me valía a nivel ideológico, también en comportamientos gestuales... Pero aquí quería diferenciar, y está en la novela, al señorito andaluz y al de Cáceres para arriba. Salamanca, Béjar... esa zona. Esos señoritos son como más recios, ese es el señorito que aparece en la novela de Delibes. Hasta el habla. Además tuve un gran entendimiento con Mario y con ese gran reparto. La película nos cambió a todos la carrera y la vida, con ese premio ex aequo en Cannes a Paco Rabal y a Alfredo Landa.

— Fue un cambio no solo en vuestras vidas y en vuestras carreras, también supuso un cambio para el cine español. Todavía se recuerdan la gestiones de Pilar Miró por lograr algo gordo en aquel Cannes, ese intento por hacer más internacional el cine español.

— Pilar era una cineasta que amaba el cine, era muy tozuda, sabedora de lo que significa el cine para la cultura de un país. La batalla era a muerte, se buscaba enseñar al mundo quiénes somos, esa nueva etapa política que inauguramos, una nueva identidad cultural... era a muerte. El cine español logró un prestigio que hoy sigue teniendo a pesar de las zancadillas que pone la caverna. Fuimos y somos algo que, sin ser industria, llama la atención.

— Siempre me ha llamado la atención el ahorcamiento del señorito Iván, que provocaba aplausos en las proyecciones. Un ejemplo del poder, llamémosle político, del buen cine.

— ¡Y no solo en el estreno, sino todos los días! Y en el Festival de Cannes igual. Era un clamor tremendo. ¿Qué pasó ahí? Una buena construcción dramática, tanto en la novela y en el guión como en la realización de Mario. El señorito Iván necesita matar y su ración de sangre, y ese disparo a la milana del pobre Azarías consigue en el espectador una reacción lograda o rematada con la maravillosa realización de Camus.

— Has citado a la caverna, al PP. ¿Qué auguras que sucederá con el país en unos meses? Has dicho: "Este país no se merece este castigo durante tantísimo tiempo".

— Somos un continente fallido en manos de no sabemos quién. Ese castigo a Grecia del capitalismo más feroz logrando un estado fallido... Toda la vida con una deuda, en serie, como los coches, todos los niños que nazcan la heredarán. Nos han convertido en nada y seguiremos así si no hay una reacción en cadena en el sur de Europa. ¿Toda la vida pagando una deuda? ¿Por qué?

— Eres uno de los grandes de Estudio 1, trabajaste en Turno de oficio, Segunda enseñanza... en aquella gran televisión. ¿Qué te dice la tele que ves ahora?

"La prensa del Movimiento no era nada comparado con esto de hoy "

— La Prensa del Movimiento no era nada comparado con esto. Es tremendo. Lo otro era fascismo puro, pero esta forma de cambiar el lenguaje, de intentar cambiar los pensamientos, retener una entrevista con el Rey, la Ley Mordaza... todo es pura propaganda del gobierno al servicio de los intereses de un partido. Es muy doloroso que con nuestro dinero cobren esos sueldos y encima nos peguen de hostias.

— ¿Y aparte de los informativos, cómo ves la ficción?

- La ficción se encarga a los amigos, no hay voluntad política para hacer buena ficción. ¿Pero cómo pueden hacer esto con nuestro dinero?, te preguntas. Están ahí pasando el tiempo, sirviendo a unos objetivos que no deberían ser los de una televisión pública.

— Tus villanos son memorables: Franco, Armada, el capuchino de El rey pasmado, uno de los brutales hermano Izquierdo... Has dicho que hacer de bueno es muy aburrido. ¿Es porque te los piden o te gustan?

— Me los piden. El señorito Iván marcó mucho. Pero era hasta majo. “Paco, maricón, coño”... (Risas). Empezaron a caer esos personajes uno detrás de otro, con una connotación fuerte en la realidad del país, iconos como Franco. Para hacer de Franco tuve que quitarme de la cabeza que era el que me metió en la cárcel dos veces y verlo como un individuo con una infancia que ya apunta cosas. Trabajé su infancia y me acerqué a él con cierta objetividad. Igual te digo de los religiosos de La noche oscura, ese San Juan de la Cruz, o El rey pasmado. Lo bueno de estos personajes es que me han ayudado a saber qué es el poder.

— Me gustó mucho tu creación de Alfonso Armada en '23-F: La película'. Dijiste que para crearlo te venía a la mente Ricardo III. Fue una película con muy buena producción y un guión muy decente pero que pasó algo desapercibida.

"Para hacer de Franco tuve que quitarme de la cabeza que me metió dos veces
en la cárcel"

— Había mucha información sobre el 23-F, la gente no sabía qué era película y qué era noticia.

— Un empacho por el 30 aniversario.

— Sí, y murió ahí, pero era una película que estaba muy bien.

— Has trabajado a las órdenes de Carlos Saura, Luis García Berlanga, Eloy de la Iglesia, Mario Camus, Fernando Fernán Gómez, Bigas Lunas, Imanol Uribe... ¿Quiénes son tus directores favoritos?

— No te puedo contestar, cada uno es un mundo. Y no te olvides de Ferreri o de Scola... No debo, me cortaría la lengua. Me han dado tantas perspectivas para realizar mi oficio...

— ¿Qué le falta al cine español?

— El poder que venga tiene que tener amor y conocimiento por el cine. Lo que somos.

— Has sido del PC, cabecilla de la huelga de actores del 74, muy duro con Bush y Aznar... ¿Esperas una nueva reacción de la gente del cine o muchos han escarmentado y se van a callar?

"El ciudadano tiene que saber que no vale solo con el voto, porque
luego mandan
los mercados"

— Somos un colectivo débil y pequeño, pero con corazón. Me refiero a actores, escritores, directores, guionistas... No podemos estar todo el tiempo en primera línea porque, afortunadamente, el ciudadano ya ha salido a la calle. La gente ha dicho “no podemos más, tenemos que romper con esto”. La gente tiene hambre y el hambre se agudiza. En 780.000 hogares no entra un duro. Y estamos en Europa. El ciudadano tiene que saber que no vale solo con el voto, porque luego mandan los mercados. Y cómo lo reparten todo, parece que no son nuestros impuestos, que el dinero fuera de ellos...

— ¿Qué va a venir, que le espera a este país en unos meses?

— ¿Tú escuchas en los medios masivos mucho la palabra “capitalismo” o la expresión “lucha de clases”?

— No.

— La gente ha tomado conciencia. Habrá un voto del miedo, pero llegará un cambio. Me da igual si con Podemos, Ahora Madrid... hay una necesidad. Me encanta un dicho que se remonta al Reino de Aragón: “Nos somos tanto como vos y todos juntos más que vos”. Ese nos, ese nosotros, con la necesidad de cambiar este país, es algo que la historia está pidiendo. A veces la historia recupera su sentido y exige a los ciudadanos estar en ese “nos”. Me ha salido una reflexión del carajo (Risas).

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