Nominaciones a unos Oscar cada año menos influyentes

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Fotograma de ‘El Renacido’, la gran favorita en los Oscar 2016 con 12 nominaciones. / Fox España

El próximo 28 de febrero se celebra la 88 edición de los Oscar con una favorita: El renacido. Alejandro González Iñárritu puede volver a ganar el Oscar al mejor director (lo hizo el año pasado por la pretenciosa Birdman). Todo indica también que por ella Di Caprio logrará, y tras infinidad de chuflas a cuenta de sus fracasos en los premios, su ansiado Oscar. El renacido lidera la carrera con doce nominaciones y le sigue ese vacío alarde de fuegos artificiales que es Mad Max (diez nominaciones para el remake de una mala película). Que haya entrado en la competición un blockbuster tan plano y exagerado como este solo se explica por la decadencia de los Oscar, mera plataforma comercial de los grandes estudios y sus empresas subsidiarias.  

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La apenas entretenida The Martian, de Ridley Scott, ha logrado siete nominaciones. Le siguen, con seis, El puente de los espías, un solo correcto Steven Spielber; Spotlight, el intenso pero gélido film periodístico de Tom McCarthy, y Carol, de Todd Haynes. Con cinco candidaturas cada una destacan La gran apuesta y el nuevo artefacto de la inagotable y cansina franquicia de Star Wars.

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Los films que optan a la mejor película, y por tanto las mejores películas para Hollywood, son El puente de los espías, Room, Spotlight, La gran apuesta, The Martian, El renacido, Mad Max y Brooklyn, la gran sorpresa.  

Los mejores directores del año según la academia norteamericana son los nominados Adam McKay (La gran apuesta), George Miller (Mad Max), Alejandro González Iñárritu (El renacido), Lenny Abrahamson (Room) y Tom McCarthy (Spotlight). Steven Spielberg y Ridley Scott quedaron fuera.

Las nominadas a la mejor actriz han sido Cate Blanchett por Carol, Brie Larson por Room, Jennifer Lawrence por Joy, Charlotte Rampling por 45 años y Saoirse Ronan por Brooklyn. Los nominados al mejor Mejor Actor son Bryan Cranston por Trumbo, Matt Damon por The Martian, Leonardo Di Caprio por El renacido, Michael Fassbender por Steve Jobs y Eddie Redmayne por La chica danesa.

Cartel de 'Marte', la película de Ridle Scott que cuenta con 7 nominaciones.
Cartel de ‘Marte’, la película de Ridle Scott que cuenta con 7 nominaciones.

En la categoría de Mejor Actor de Reparto han sido nominados Christian Bale por La gran apuesta, Tom Hardy por El renacido, Mark Ruffalo por Spotlight, Mark Rylance por El puente de los espías y Silvester Stallone (¡¿?!) por Creed. En el apartado al Oscar a la Mejor Actriz de Reparto las afortunadas han sido Jennifer Jason Leigh por Los odiados ocho, Rooney Mara por Carol, Rachel McAdams por Spotlight y Kate Winslet por Jobs.

Y un año más asistiremos al vacío y repetitivo cacareo sobre la mejor y peor vestida, la alfombra roja, las anécdotas entre bastidores… Todo lo que hace posible el escaparate de la industria del cine más poderosa del planeta, aunque ya desde hace décadas en barrena creativa. ¿Qué falla en él? Evidentemente las películas, que poco o nada tienen que hacer ante el imparable talento que ha emigrado a la televisión.

A los pobres Oscar les está pasando lo que a los Globos de oro o los premios de festivales: son influyentes para su mercado, pero cada vez menos para los espectadores, y no digamos ya para la memoria colectiva o la historia del cine, como en otros tiempos. ¿Quién se acuerda ya de 12 años de esclavitud, Argo, The Artist, El discurso del rey, En tierra hostil o Slumdog Millionaire? Cuanto más olvidables son las películas, más lo son los Oscar.

No vamos a pedir que los premios del caballero armado con una espada, firme sobre un rollo de película, sean valientes y de vanguardia, pero en los últimos años esta estatuilla (que cuesta fabricar, por unidad, 300 euros) se ha devaluado de manera alarmante para los que manejan el cotarro industrial.

Obviando a los olvidados (Welles, Hitchcock, Lang, Kubrick…) y sus grandes injusticias (premiar a Rocky y no a Taxi Driver, a Kramer contra Kramer y no a Apocalypse Now, a Bailando con lobos y no a Uno de los nuestros…), los Oscar cada vez pintan menos en la vida de la gente, aunque lo sigan haciendo en la hambrienta agenda mediática. Antes los Oscar eran un culto que celebrábamos de madrugada los cinéfilos españoles. Quedan ya pocos de esos. Algunos lo hacemos para luego contárselo, por curro.  

En el fondo, los Oscar siempre han sido premios tan asexuados como su estatuilla (nada de películas subidas de tono entre las más premiadas) además de nacionalistas. Hasta hace poco, las películas que no fueran británicas o estadounidenses no podían competir por el Oscar a la Mejor Película, sino a la Mejor Película Extranjera, que en un mercado tan proteccionista como el norteamericano no representa ni el 1% de la taquilla en sus cines. Algo que no pasa en los nuestros, claro, totalmente colonizados.

Los Oscar son otra liga, son la Champions. Y el premio para una película ganadora no es solo el dorado espadachín en pelotas. El Oscar a la Mejor Película se traduce en decenas de millones de euros más en la taquilla, pero todo, claro, tras un bombardeo mediático de octubre a diciembre, temporada de caza para los grandes relaciones públicas. Una campaña promocional puede costar cuatro millones de euros, y eso siendo una película modesta, no de un estudio.

Una de estas películas medias se puede dar con un canto en los dientes si gana en las salas el doble de lo que ha costado. Solo las nominaciones al Oscar pueden multiplicar esas cifras por diez. Si encima hay premio, hasta por quince. Y todo sin olvidar que a la hora de vender las películas en el mercado tras los premios (reestreno en salas, DVD, televisión…) el trato es muchísimo más ventajoso que el de la competencia.

En definitiva: business. Una pena que Loreak se haya quedado en el camino. Al menos la nominación le hubiese venido muy bien a esa preciosa película.

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Infografía de las nominaciones a los Oscar 2016. / Miguel Mulas (Efe)