‘Los 7 magníficos’: ¡Cuánto se le echa de menos, señor Sturges!

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Cartel de 'Los 7 magníficos'. / Sony Pictures Spain

Cuando me enteré de que Hollywood iba a perpetrar un remake de Los 7 magníficos me hice la pregunta que siempre me hago y que muchos de ustedes se hacen: ¡¿Para qué?! Y ojo: estamos hablando de una película que, de por sí, fue un remake. Pero ese remake tenía sentido. A Yul Bryner, que a finales de los cincuenta era una estrella muy poderosa, se le ocurrió adaptar Los siete samuráis, de Kurosawa, al western. Al productor Walter Mirisch, le pareció una magnífica idea. ¿Pero hacerla hoy otra vez, hacer un calco? ¿Qué sentido tiene?

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La película, que no fue un éxito en Estados Unidos pero sí en Europa, salió tan cojonuda que hasta el propio Akira Kurosawa quedó maravillado del resultado y se lo hizo saber a su fabuloso director John Sturges, autor de indiscutibles clásicos del cine como Conspiración de silencio, Duelo de titanes, El último tren de Gun Hill o La gran evasión.

El rodaje de Los siete magníficos fue complicado, sobre todo por las presiones en las localizaciones (las autoridades mexicanas no querían que su gente apareciese en pantalla como cuatreros desalmados) y por la malísima relación entre Yul Bryner y Steve McQueen. En el rodaje se llevaron a matar, pero años más tarde se reconciliaron. Fue cuando a McQueen le diagnosticaron un cáncer incurable. McQueen llamo a Bryner para darle las gracias. “¿Por qué?”, preguntó el calvo actor. McQueen le dijo que, a pesar de sus peleas, le dejó seguir en la película, que hizo posible su carrera. El pobre McQueen venía de hacer la película de terror de tres duros La masa devoradora. La respuesta de Bryner fue muy elegante: “Steve, yo fui el rey y tú el príncipe rebelde”. McQueen conseguiría la fama mundial tres años después gracias a La gran evasión, también de Sturges.

No fue McQueen el único que pudo hacer el personaje de Vin. George Peppard (Desayuno con diamantes) fue propuesto por la productora. Otros de los actores que pudieron entrar en el reparto fueron Sterling Hayden, Gene Wilder, Spencer Tracy, Anthony Queen, Clark Gable, Stewart Granger y Glenn Ford.   

Si por algo recordamos todos los cinéfilos Los 7 magníficos, además del reparto y el gran trabajo de Sturges, es por su tema principal. El primer compositor contratado para la banda sonora fue Dimitri Tiomkin (Sólo ante el peligro), pero a Sturges no le gustó nada el tema que compuso para los créditos iniciales. Lo despidieron y llamaron a Elmer Bernstein. Cuando Sturges escuchó por primera vez el tema principal compuesto por el neoyorquino no se lo podía creer. Por cierto: el que llevaba el piano en la grabación de la banda sonora era un tal John Williams.

Bernstein llegó a ser nominado al Oscar por esta banda sonora, pero se lo llevó Ernest Gold por su estupenda partitura para Éxodo. Una pena, aunque Bernstein lo superó rápido: se forró gracias a la marca Marlboro, que usó su tema para muchos de sus anuncios.

Pero vamos al tema, que toca hablar de este desafortunado remake. Se lo han encargado a Antoine Fuqua, responsable de anodinas películas de acción como El tirador, Objetivo: La Casa blanca, El protector o ese horror llamado El rey Arturo. Lejos quedan sus aciertos en la muy estimable Día de entrenamiento, en la que destaca el trabajo de dos de los actores de este remake: Denzel Washington y Ethan Hawke, reciente Premio Donostia.

Este film es un batiburrillo progre en el que el grupo de buenos parece una delegación de la ONU: tenemos a un negro, a un asiático, a un mexicano, a un indio... Y hasta a una mujer, no vaya ser que se nos molesten las feministas. Y el resultado es una película diletante, larga y que resulta un pobre calco de algo que ya se hizo muy bien hace 56 años. ¿Qué necesidad había? Ninguna.

Las escenas de acción son chapuceras, la construcción de personajes muy pobre y el villano está dibujado a brochazos: en vez de un mexicano pendenciero, aquí tenemos a un capitalista que encima suelta peroratas sobre el capitalismo de forma pobre y demagógica. Aquí en vez de jornaleros explotados tenemos a mineros explotados. Eso sí: Peter Sarsgaard, el malo, está estupendo, como suele ser habitual en este gran actor de Illinois.

Lo peor de todo: la anodina banda sonora del recientemente fallecido James Horner y, sobre todo, tener que sufrir una película mecánica, un calco esperado, algo tremendamente previsible. Sabes lo que va a pasar desde el minuto uno. Su final, en la iglesia quemada al inicio del film, es tan obvio que da hasta vergüenza.

Y sé que no sirve de nada, pero lo digo y acabo por esta semana: hagan, señores de Hollywood, películas nuevas, no malas copias. O, al menos, dejen de llorar porque el cine ha pasado de ser un entretenimiento de primera a uno de tercera. Es su culpa. Gracias.

Sony Pictures España (YouTube)

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