‘La La Land’: agradable, pero no memorable

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Cartel, en inglés, de la película que ha arrasado en los Globos de Oro.

Los últimos años no han sido muy notables para el musical. Ejemplos: Moulin Rouge, Sweeney Todd, Nine, Mamma Mia!, O Brother!, El fantasma de la ópera... verdaderas calamidades, películas desmedidas, tirando a horteras o muy aburridas. Y ahora nos llega este musical sobre Los Ángeles que ha arrasado en la gala de los premios de la asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood, más conocidos como los Globos de Oro y también, entre los que no saben escribir, como “La antesala de los Oscar”.

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Tras seducir en los festivales de Venecia y Toronto, La La Land se ha llevado los siete premios a los que estaba nominada, lo que ha supuesto un absoluto récord en los 74 años de historia de estos premios.

Lo más recordable: la pareja formada por Ryan Gosling y Emma Stone. Si no les ponen estos actores (que ya trabajaron juntos en Crazy Stupid Love y en Gangster Squad), ni se les ocurra ir a verla. La pareja que interpretan es un puro cliché, pero Stone tiene una voz rota maravillosa y Gosling sabe moverse y es un buen actor, aunque odiado por muchos. No sé por qué. El tipo tiene percha y sabe ser taciturno y también galán.

También son recordables el tema City of stars, de Justin Hurwitz, y el trabajo del director Damien Chazelle, que ya prepara nueva película con Gosling y ha rodado el film con cierto brío y ha logrado un hito en los Globos de Oro: con sólo 31 años es el director más joven premiado con el Globo de Oro al Mejor director.

Lo menos recordable: sus clichés y sus coreografías. Pero si te dejas llevar y entras en el cine con ganas de ver un musical (algo muy raro hoy en día), la disfrutas.

La La Land es una película dedicada a Hollywood y por eso la industria la ha premiado, porque no deja de ser una película mainstream que idolatra a una ciudad en la que vive la industria. Vamos, que se han premiado a ellos mismos.

Veremos si en los Oscar La La Land arrasa de igual manera. La academia no es muy dada a entregarse a los musicales y hay dramas que pueden hacerle sombra. Por ejemplo: Moonlight, Manchester frente al mar y Silencio, de Martin Scorsese.

Veremos. Pero, en fin, estamos hablando de premios industriales y generalmente injustos. Como dijo Woody Allen, que ha detestado toda la vida todo tipo de premios y galas pomposas, los únicos premios en los que creer son los deportivos: el tipo que ha llegado primero a la meta es, sin duda, el mejor.

La La Land se deja querer y mientras pasa el metraje no deja de crecer, va seduciéndote. Y en un momento determinado, y tras cierto pasteleo, cambia el tono, llegan los conflictos y la película se hace más interesante. Y me temo que esta parte es la que más le interesa a su director, que nos planeta un debate sobre el jazz clásico y el moderno. Y en el fondo está hablando del musical clásico y el moderno.

Tras esa locura de montaje que fue la premiadísima Whiplash, Chazelle apuesta ahora por soluciones en rodaje, por el plano secuencia. Y la jugada no le sale mal. Eso sí: no es memorable. Sus números musicales son olvidables y no tiene lo que tenía Chicago (3 Globos de Oro y 6 Oscar): unas canciones inolvidables. Me refiero a temas como All That Jazz, Funny Honey, Roxie o Mister Cellophane. Quizás llegar a eso hoy es impensable. Relajémonos, que estamos hablando de Fred Ebb y Bob Fosse. A sus pies, señores.

Chicago no era redonda, pero fue una película muchísimo más brillante de lo que muchos críticos dijeron de ella. Chicago emociona y permanece. La La Land entretiene, agrada, te mece... y la olvidas enseguida, como sus canciones.

TuCineySeries (YouTube)

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