IVÁN REGUERA | Publicado: - Actualizado: 30/3/2017 15:57

Entrevista a Aizpeolea
Luis Rodríguez Aizpeolea, tras la entrevista con cuartopoder.es. / Iván Reguera

Especializado en temas del País Vasco, Aizpeolea fue corresponsal político del Diario Vasco de 1981 a 1989, año en el que se incorporó a El País, donde ejerció como jefe de Nacional y responsable de la información política. ETA. Las claves de la paz, libro escrito en colaboración con Jesús Eguiguren, es la base de un estupendo documental del que él es coguionista y que habla del tan esperado fin de ETA. Cuenta con testimonios de primera y que, posiblemente, no volveremos a encontrar, al menos todos juntos, en un documental.

El 20 de octubre de 2011, tres encapuchados anunciaban “el cese definitivo de la actividad armada”. Este comunicado ponía fin a más de cuatro décadas de terrorismo. Por primera vez se han agrupado, en un documental de referencia, a políticos, cuerpos de seguridad del Estado, víctimas, mediadores internacionales y terroristas arrepentidos para hablar del fin de ETA. Entre ellos Alfredo Pérez Rubalcaba, Jesús Eguiguren, Arnaldo Otegi, Iñigo Urkullu, Jaime Mayor Oreja o Joseba Urrusolo Sistiaga.

Con cara y cuerpo de hombre bueno, de hobbit, Luis Aizpeolea me recibe en su amplia casa, uno de esos hogares de biblioteca envidiable. En ella veo una foto con Aznar. “Mira la cara que me pone, el muy estirado. No me tragaba”. A su lado, y del de Aznar, veo a un conocido colaborador de las tertulias de la derecha. Lo pone a caldo. Luis tiene otra foto con Zapatero, mucho más relajada. Dónde va a parar.

— ¿Cuántas horas hay grabadas de El fin de ETA?

— Son 18 entrevistas, 70 horas. Y ha quedado montado en 100 minutos.

— Tiene buen ritmo y la realización es elegante. Me ha gustado el uso de los espacios donde sucedieron las negociaciones.

— El director, Justin Webster, trabajó en la BBC como periodista. También en The Guardian. Hizo el documental del 11-M para CCN Plus.

Portada del libro de Aizpeolea y Eguiguren.
Portada del libro de Aizpeolea y Eguiguren.

— El germen del documental es el libro que haces con Jesús Eguiguren.

— Sí. José María Izquierdo, que había sido director adjunto de El País y que luego fue director de informativos de Cuatro, es el que dice que esto no se puede quedar sólo en un libro, porque los libros llegan a los que llegan. A pocos. Para hacer el libro camelé a Eguiguren y él se animó.

— Qué personaje Eguiguren… Con esa locura poco disimulable, ese peso inmenso que se echa encima.

— Es un tipo alocado, indisciplinado, muy voluntarioso… Las grandes locuras suelen traer grandes logros.

— Llama la atención el momento en el que, en plenas negociaciones, cambia el representante de ETA. Cuando aparece el pirado de Thierry y, a pesar de todo, Eguiguren sigue, erre que erre.

— Sigue hasta el final. Y también llama la atención que Rubalcaba siga apoyándole. Es cuando llegan a Loyola.

— Me llama la atención el marco de Loyola. El uso de los jesuitas para encerrarse a hablar. Pensé: esto de la ETA, que ha empezado entre religiosos (en seminarios), acaba también con ellos de por medio. Con la Iglesia hemos topado.

— Totalmente.

— ¿Por qué se elige Loyola?

— Porque los jesuitas van a guardar discreción, tienen un prestigio. Y es la rama más progresista de la Iglesia. Y Eguiguren es de la zona, la conoce bien. Él se pone en contacto con el rector de los jesuitas, el padre Etxeberria.

— El final de ETA empieza de forma muy vasca: comiendo. O jamando, como decimos los vascos. Con las comilonas entre Eguiguren y Otegi.

— En el caserío de Txillarre, sí. El proceso se empieza a cocer ahí.

— El primer cambio en Eguiguren, y es algo que la derecha española es siempre incapaz de asimilar, es conocer la situación carcelaria de las familias y sobre las torturas. Y a pesar de todo lo que ETA le ha arrebatado: amigos asesinados, su propia seguridad, su vida normal… ¿La transformación es en ese momento o ya venía de antes?

— Eguiguren empieza a entender “el sufrimiento del otro”. En el PSOE no se preocupaban de la izquierda abertzale, pero cuando Otegi le dice que tienen mil presos, todos ellos con familias que tienen que atravesar toda España… Empieza a empatizar. Pero ojo, que hay una desproporción: una cosa es estar preso y otra es que te maten. Uno regresa un día a casa y el otro no. Para mi las conversaciones de Txillarre son importantes por lo que es entender el uno al otro. Lo mismo te digo de Otegi, que ve que el Partido Socialista de Euskadi es un ente autónomo de Madrid y que también critica a la Guardia Civil y sus desmanes, que no es un entramado español conspirando contra ellos. Que las cosas son más complejas, como el poder judicial separado del poder ejecutivo.

Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi en un momento del documental. / Quality Producciones
Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi en un momento del documental. / Quality Producciones

— Eso lo comenta muy bien el juez Garzón en el documental. ¿Cómo que vamos a dejar de detener a etarras porque usted esté negociando algo con el poder ejecutivo? Eso dice mucho del pobre sentido de la democracia que tenían ETA y la izquierda ‘abertzale’.

— Otegi asiste a una clase de política, de realismo político.

— ¿Y por qué tardó tanto este señor en darse cuenta de algo tan obvio?

— Porque se vivía en mundos muy separados. Batasuna dentro del País Vasco era un mundo aparte, estaban aislados.

“Batasuna tarda en darse cuenta de que el PSE es autónomo de Madrid, porque vivían aislados”

— Otra de las razones que expone el documental para hablar del fin de ETA es la masacre del 11-M, acto terrorista que supera a los propios etarras. Parece que se dicen: “Señores, hay unos tipos mucho más brutales que nosotros”.

— Sí, abre una reflexión en ETA y en Batasuna.

— Recuerdas en el documental el famoso “Ha sido ETA” de Acebes, algo por lo que jamás pidió perdón.

— Nunca, pero es que nunca piden perdón. A los demás sí les exigen de todo. Acebes es un tipo irrelevante, no es nadie.

— ¿Qué echas en falta en el documental? ¿Quién falta?

Josu Ternera, que sigue prófugo. Y no lo tenemos por culpa del que fue Ministro del Interior. Estuve cerca de poder estar con Ternera hace tres años. Ha estado en Noruega hasta el 2013, pero Noruega lo echó porque España se lo exigió. Luego ha estado en Francia y en Italia, y hasta en los Balcanes. Ahora, no sé.

— ¿Por qué dices lo del Ministerio del Interior?

— Porque en ese momento hubo una ofensiva de Jorge Fernández Díaz para cazarle. Le buscan por el terrible atentado al cuartel del la Guardia Civil en Zaragoza. Se le acusa de instigador.

— Me ha sorprendido Rubalcaba en el documental. Su sinceridad, su claridad de ideas y cómo recuerda cada nombre, fecha y lugar. Un tipo brillante. Y ese doble juego con Eguiguren: “Sí, habla con ellos, pero no voy a parar, voy a seguir cepillándome comandos”. Porque ETA, mientras negociaba, se rearmaba…

— Rubalcaba es muy inteligente. La clave del final de ETA está en juntar la voluntad de hablar con la lucha policial. El final de ETA es gracias a la voluntad de Eguiguren y la inteligencia de Rubalcaba.

“Rubalcaba dice que no se fiaba de Eguiguren, porque ni había pedido permiso al PSOE para negociar”

— Te ahogo pero te dejo respirar. Poli bueno, poli malo. ¿Por qué dice Rubalcaba que no se fiaba de Eguiguren?

— Porque ni había pedido permiso al PSOE para negociar, es lógico.

— Es muy fuerte cuando Eguiguren se da cuenta de lo pirado que está Francisco Javier López Peña ‘Thierry’, el nuevo capo de la banda.

— Es cuando ETA degenera. Si el cerebro de ETA es así…

— ¿Viste la película Negociador, de Borja Cobeaga?

— Sí, es vecino mío. El documental le ha encantado. También le sorprendió la inteligencia de Rubalcaba.

— Aparte de los peones, caballos o alfiles, ¿quiénes son la reina y el rey en este fin de ETA? ¿A quién hay que agradecer llegar, por fin, a este esperado final? ¿Zapatero tiene importancia?

— Zapatero no está en el documental porque había mucha gente del PSOE, pero tiene su peso en el tablero.

— ZP fue masacrado en las tertulias de la derecha. Y fue responsable de una de las mayores cagadas de este país en lo que se refiere a la comunicación. Decir ese “Estamos cada vez más cerca de la paz” y que te vuelen la T-4 de Barajas…

— Sí, y arriesgó y hay que ponerlo en sus sitio. Y Rubalcaba hace lo que hace, porque Zapatero lo autoriza, ojo.

Jesús Eguiguren mira por la ventana del caserío de Txillarre, en el que mantuvo sus reuniones con Arnaldo Otegi
Jesús Eguiguren mira por la ventana del caserío de Txillarre, en el que mantuvo las reuniones con Arnaldo Otegi. / Quality Producciones

— La derecha española, representada por Jaime Mayor Oreja en el documental, es absolutamente incapaz, todavía hoy, de reconocer que esto se ha acabado.

— Lo gordo es que vea la mano de ETA también en Cataluña. ¡Qué desfachatez! ETA es una especie de alien que se va reproduciendo, que se va a Cataluña. Y Puigdemont es ETA también. Lo de Mayor Oreja es patético. Porque siempre se dijo que lo importante era acabar con el terrorismo y luego lo de la autodeterminación o la independencia ya se vería. Y sigue en ello, haciendo trampas. Es patético, esa es la palabra.

— Me llama la atención el PNV, representado por Imaz y Urkullu. No buscan ventajas políticas, sino que esto se acabe ya.

— Rubalcaba lo dice. Ayudaron en todo lo que pudieron. Hasta en Loyola se pusieron al lado del PSE.

“La detención de Otegi es política, la decide un juez por unos sumarios, pero él trabaja en ese momento en favor de la paz”

— ¿La detención de Otegui es política?

— Creo que sí, pero según lo mires, porque lo decide un juez. Y tiene que actuar porque hay unos sumarios abiertos. Pero Otegi estaba trabajando por la paz.

— Al final del documental aparece esta frase: “Es importante el relato para futuras generaciones”. ¿Cuál es el relato?

— Ha habido muchos muertos, de un lado y del otro. Pero hay que distinguir entre unas muertes y otras. Ha habido gente injustamente asesinada. No es lo mismo que a un tío de ETA le explote una bomba o ir a la cárcel por haber asesinado a que te maten a un ser querido. Ese es el relato, que no es el de la derecha: “Hemos ganado, ellos han perdido”. Que quede claro que el sufrimiento que ha generado ETA no es justo. EL GAL fue malo para ETA, pero nadie salió a la calle para denunciar el GAL.

— Última pregunta: ¿Creías que llegarías a ver el fin de ETA?

— Hubo un momento en el que pensé que no lo vería. Tras el pacto de Ajuriaenea, en el 88, pensé que sí, pero cuando en el 2000 empiezan a matar a concejales, periodistas y políticos me dije que no. Afortunadamente, a partir de 2005 (con Zapatero, Rubalcaba, Eguiguren y hasta con Otegi) me dije que sí.

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