Periodismo bueno, periodismo malo

Periodistas miembros de los consejos informativos de RTVE
Miembros de los consejos informativos de RTVE posan a las puertas del Congreso con diputados de la gran mayoría de los grupos, antes de entregar 2.225 firmas contra la manipulación en la cadena pública, el pasado jueves. / @CdItve

“Las redes sociales son como conversaciones de bar”, asegura Pepa Fernández, directora de ‘No es es un día cualquiera’ (RNE), en una entrevista publicada por el diario El País. “Se ha demostrado que Twitter y Facebook no sirven para cuestiones muy profundas. Mucho de lo que se oye hay que ponerlo en cuarentena”, sentencia la periodista, que lleva nada menos que 18 años al frente del prestigioso programa.

Muchos periodistas piensan como Pepa Fernández. Hay que poner en cuarentena lo que nos llega por las redes sociales, insisten. En este caso Pepa lo dice desde las páginas de El País, el diario que seguramente debió poner en cuarentena la fotografía de un señor agonizante que se parecía a Chávez, pero que no lo era. El periódico que pudo haber puesto perfectamente en cuarentena el famoso editorial en que llamaba “insensato sin escrúpulos” al entonces líder socialista Pedro Sánchez.

No les pondré más ejemplos de grandes medios de comunicación que deberían construir sofisticadas instalaciones de aislamiento, prevención y reflexión, protocolos de cuarentena periodística, adjuntas a sus redacciones y despachos. Pero sí les recordaré que RTVE, la radio televisión pública, seguramente es el centro de manipulación informativa más importante de este país, con permiso de Inda, Marhuenda, Ferreras y compañía. Los telediarios de TVE deberían pasar todos por largos y rigurosos procesos de cuarentena, tal y como piden los 2.225 trabajadores de RTVE que han presentado un escrito en el Congreso solicitando que la televisión pública “no sea utilizada como instrumento de propaganda partidista o gubernamental”.

Las redes sociales son como conversaciones de bar. De acuerdo. Pero entonces, ¿qué son las tertulias televisivas y radiofónicas, repletas de bocazas, pesebreros y manipuladores? Escuchar a Jiménez Losantos, Marhuenda, Luis Herrero y Ana Samboal en una de sus charlas matutinas de esRadio sería la bronca previa a una pelea en un burdel portuario. ¿Y qué me dice de Alfonso Rojo, llamando “gordita” a la alcaldesa de Barcelona Ada Colau en la tertulia política de ‘La Sexta Noche’? A su lado Twitter es una fiesta del ingenio y el humor inteligente.

Negacionistas de las nuevas tecnologías de la comunicación: olviden el soporte por el que nos llega la información, y recuerden que solo hay dos tipos de periodismo. Bueno y malo. Es decir, que hay periodistas brillantes y farsantes tanto en las redes sociales como en los periódicos centenarios. Lo viejo no es garantía de calidad, como lo nuevo no es sinónimo de frescura. Vean las portadas de ABC, La Razón o El Mundo (ayer con la mochila del 11-M resucitada), periodismo clásico de papel y quiosco, competencia directa con Mongolia y El Jueves. Y lean en su teléfono o en su tableta diarios modestos pero honrados como éste que tienen entre manos, quizá el futuro de una profesión que lucha por sobrevivir con dignidad.

Los enemigos del buen periodismo no están en las redes sociales. Están en la precariedad laboral, en las reducciones de plantilla, en la autocensura, en la propaganda gubernamental, en los sueldos desproporcionados, en los medios al servicio del poder, en las televisiones que olvidan su obligación de servicio público, en la formación de oligopolios, en la ausencia de independencia y libertad.

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