Retrato sin infanta

El Rey Juan Carlos posa con parte de su familia, el pasado 5 de enero, con motivo de la celebración de su 80 cumpleaños, en el Palacio de La Zarzuela
El Rey Juan Carlos posa con parte de su familia, el pasado 5 de enero, durante la celebración de su 80 cumpleaños, en el Palacio de La Zarzuela. La imagen recoge la ausencia de la infanta Cristina y sus cuatro hijos. / Francisco Gómez (Casa de S. M. el Rey)

La monarquía se basa en la superioridad intrínseca, tan irracional como irrebatible, de unos pocos individuos sobre el resto. Son mejores, piensan reyes y compañía, y ahí se acaba el debate. Punto final. Ellos están por encima, y el resto a obedecer y a pagarles la broma. Son tan superiores, tan infinitamente más válidos e importantes que el resto del populacho, que en demasiadas ocasiones nos toman por tontos. Algunas veces tienen razón, puesto que seguimos manteniendo su medieval invento, pero otras cometen un grave error menospreciándonos de manera tan burda. Por ejemplo, cuando envían a los medios de comunicación un retrato de familia incompleto como si no pasase nada. Una fotografía capada, en la que ha sido suprimida si el menor pudor alguno de sus miembros gangrenados.

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Para celebrar el 80 cumpleaños del rey Juan Carlos I organizaron una juerguecita en la Zarzuela. Lo normal: un banquete para setenta familiares. La mayoría de medios de comunicación se arrodilló, elogió el legado de Juan Carlos I y publicó el retrato de familia. Un retrato en el que faltaban, si no se ve no existe, la infanta Cristina, su marido Iñaki Urdangarín y sus cuatro hijas. Y mira que podían haber asistido perfectamente los seis: el que tiene menos movilidad es Urdangarín, y está en libertad condicional hasta que el Tribunal Supremo resuelva el recurso que presentó contra la sentencia que le condenó a seis años y tres meses de cárcel por el caso Nóos.

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No es un invento nuevo. Stalin ya eliminaba de las fotos a aquellos que no eran de su agrado. Lo que sucede es que este tipo de mutilaciones resultan especialmente dolorosas cuando los miembros amputados pertenecen a tu cuerpo, son carne de tu carne y sangre (azul) de tu sangre (azul). Alguien podría pensar que la familia real española busca la excelencia, no puede soportar una mota de polvo sobre su intachable forma de hacer las cosas. Pero no es verdad: ahí tienen a don Juan Carlos y doña Sofía, el matrimonio perfecto en la distancia, posando como si nada.

Un retrato de familia de los Borbón sin Cristina y sin Iñaki es una estafa. Un insulto a la inteligencia de aquellos que pagamos la foto, el banquete y todo lo demás. Queremos ver al rebaño completo, ovejas negras incluidas. ¿La parte buena? Aquella que nos recuerda a una novela de Agatha Christie en la que los personajes van despareciendo poco a poco hasta dejar el escenario vacío.