PRENSA / El Grupo Z ha anunciado el cierre de la insigne revista por motivos económicos

Interviú, en la brecha de las libertades

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Interviú
Grupo Zeta ha anunciado que su revista semanal de información general Interviú va a dejar de publicarse por la "imposibilidad de seguir sosteniendo durante más tiempo las importantes pérdidas generadas en los últimos años". / J. J. Guillén (Efe)

Con el cierre (por defunción económica) de la revista Interviú y de su hija política (engendrada en su interior) Tiempo desaparece una época del mejor periodismo, de la cual muchos se resisten a separarse. Lógico. El salto tecnológico del siglo XX al XXI, del átomo al bite, de la realidad tangible a la virtual está convirtiendo a los periódicos en "emigrantes digitales" y a nadie le gusta tener que abandonar su hábitat. En ocasiones como esta, la nostalgia salta a la vista con solo evocar los recuerdos que tenemos por delante. De Interviú saldría una buena novela (o un centenar). Temas y tramas no faltan. Y narradores tampoco: cuatro generaciones (en la orteguiana duración) han transitado, semana a semana, por sus páginas durante 41 años y 8 meses.

Fue la revista de mayor éxito de la historia del periodismo español; en dos años alcanzó un millón de ejemplares de venta en quioscos a 40 pesetas

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Fue la revista de mayor éxito de la historia del periodismo español; en dos años alcanzó un millón de ejemplares de venta en quioscos a 40 pesetas. Su editor, Antonio Asensio Pizarro, hijo de un impresor, cayó en manos de periodistas fogueados contra la censura de la talla de un Carlos Luis Álvarez (Cándido), Antonio Álvarez Solís o Alfonso S. Palomares, por solo citar tres ejemplos ejemplares, y mediante una síntesis aceptable (y agradable) con los de sangre nueva, dispuestos a conquistar la calle y la libertad, como Manuel Cerdán, Luis Otero, Ignacio Fontes..., consiguió en dos años el capital necesario para sacar El Periódico de Cataluña (actual buque insignia) y edificar un holding, el Grupo Z, sin los favores que al Grupo Prisa de Jesús Polanco otorgó el gobernante más duradero (hasta el momento) de la democracia española: Felipe González.

La clave del éxito de Interviú fue el "destape" en el más amplio sentido de la palabra. Con aquella revista que apareció en los quioscos el 22 de mayo de 1976, apenas cinco meses después de la muerte del dictador Francisco Franco, muchos españoles descubrieron el derecho a la información, que el mundo no era "la mentira abstracta de la falta de información" (el entrecomillado es de Asensio), que los comunistas eran personas normales con nombres y apellidos (sin el rabo y los cuernos del diablo), que había líderes políticos dispuestos a conducir el país por la senda de la democracia y los derechos humanos y sociales, que España no tenía por qué ser diferente de los países democráticos europeos como, con su lema turístico, proclamó Fraga Iribarne antes de ir a Londres a civilizarse un poco. Con Interviú afloraron los verdaderos problemas cotidianos, la realidad de la clase obrera y laboral, las huelgas ilegales (todas lo eran), los dirigentes sindicales (Marcelino Camacho apareció en la única portada dedicada a un líder), las penosas condiciones de decenas de miles de familias que vivían en chabolas, la corrupción, las estafas inmobiliarias, los delitos económicos y las perversiones morales (educativas y religiosas) a las que habíamos sido sometidos.

Interviú contribuyó a despojar de la falsa pudibundez el cuerpo humano femenino para horror y plegarias de la cínica clerigaya

Y puestos a no dejar nada sin destapar, Interviú contribuyó a despojar de la falsa pudibundez el cuerpo humano femenino (muchos años después, también el masculino) para horror y plegarias de la cínica clerigalla y la beatitud hipócrita. Cómo olvidar a Marisol, icono de la juventud tardofranquista, desnuda y bella en portada; los pechos de Lola Flores, la desnudísima Sara Montiel, Marta Sánchez, Carolina de Mónaco, Sofía Loren, Conchita Velasco... Y hasta aquella Marta Chavarri festiva y sin bragas, estragando la ambición de aquellos hombres de la gabardina, caballeros a la caza de fortuna.

Desvelar, destapar, descubrir es la esencial función social del periodismo frente a los abusos del poder, de todos los poderes. Con ello el periodismo proporciona certeza y seguridad a la sociedad, pero, sobre todo, contribuye a la libertad individual y colectiva. La recuperación del periodismo propiamente dicho contribuyó a despejar la niebla y la tiniebla de la dictadura, abriendo paso a la libertad. He ahí la clave del éxito fulgurante de Interviú. No sé si fue Eduardo Álvarez Puga, que dirigió el semanario desde febrero de 1980 hasta noviembre de 1984, o su antecesor Álvarez Solís quien dijo a los que protestaban por los desnudos "pornográficos" que "en este país ver desnuda a una mujer abre el camino a la Constitución". Metáfora o evocación del pecho al aire de la hermosa Mariana, símbolo de la Revolución Francesa, así fue.

En Interviú vimos a Adolfo Suárez a media hasta (en bañador en Ibiza) y a Santiago Carrillo con la peluca que le confeccionó en París el peluquero de Pablo Picasso. El secretario general del PCE entró el 3 de febrero por la Junquera con su amigo el abogado y constructor Teodulfo Lagunero y fue retratado días después en el puerto de San Sebastián. Apenas habían pasado tres meses desde la muerte del dictador, pero lo que casi nadie sabía (me lo contó Lagunero) era que dos días después de que el cadáver del dictador quedara en la fosa del Valle de los Caídos bajo una losa de mármol de ocho toneladas, Carrillo ya estaba en Madrid, en "la nave cósmica", como llamaba a la casa de la calle Jarama que le proporcionó el propio Teo. La policía franquista le buscaba mientras Lagunero y él recorrían el país alentando a los camaradas. Muchos años después, Jaime Mayor Oreja, nombrado ministro del Interior por José María Aznar, llamó a Carrillo para devolverle la peluca que le había quitado la policía. Mayor, hombre rico de familia, acababa de llegar al ministerio y en realidad sólo buscaba fama y notoriedad. Carrillo advirtió la trampa, pero por no fastidiar el acto se abstuvo de denunciar que aquella no era su peluca.

Fue un gran filón para la revista el destape de la enorme fortuna de Franco y su extraña familia y parentela política

Fue un gran filón para la revista el destape de la enorme fortuna de Franco y su extraña familia y parentela política. Joyas, tierras, haciendas, casas, pazos, palacios y rentas de una casta de cleptómanos patriotas imperiales que sólo respondían ante dios y ante la historia. Eso decían (y así fue). Tampoco escaparon a Interviú las cartas de amor del rey Juan Carlos a la condesa Olghina de Robilant, que tras un rocambolesco recorrido de treinta y dos años por archivos y baúles, sacó a la luz en enero de 1988. De otros asuntos personales del rey también publicó Interviú varias y variadas informaciones que hoy ya son parte de la historia y la memoria. El Grupo Z ha anunciado que mantendrá la web de la revista como fuente documental.

Para hacerse idea del marco histórico en el salió cabe destacar que aquel 22 de mayo de 1976 acababa de hablar el presidente Carlos Arias Navarro. Profirió tres "no" rotundos: no habrá ruptura democrática, no habrá proceso constituyente, no habrá entre nosotros comunismo. Pero quince días después, el Partido Socialista de Cataluña llenaba el estadio de Sarriá en Barcelona con su primer mitin. En su primer número, la actriz Sara Lezana declaraba: "Diría que soy socialista". Un reportaje sobre las conexiones de los pistoleros de Montejurra con el alto mando de la Guardia Civil aclaraba algunas incógnitas vedadas a la justicia cegata. La mafia en Las Vegas era noticia siete lustros antes de que míster Adelson visitara Alcorcón (Madrid).

En algunas ciudades se registraban amenazas constantes a los quiosqueros que vendían lo que la ultraderecha calificaba de "sucias revistas pornográficas"

La revista se caracterizó por los reportajes de denuncia e investigación en profundidad. Y en aquellos tiempos de incertidumbre y lucha por las libertades no tardaron en aparecer las bandas de ultraderechistas con la dialéctica de las amenazas, las bombas y las pistolas. ¿Alguien ha preguntado a aquellos periodistas cuántas veces tuvieron que abandonar aprisa y corriendo la redacción? En Madrid, Cantabria, Zaragoza y otros lugares se registraban amenazas constantes a los quiosqueros que vendían lo que la ultraderecha calificaba de "sucias revistas pornográficas".

Empezaron los secuestros, las querellas, las citaciones judiciales, las presiones. Junto a la mesa de José Luis Morales, el periodista con más querellas, alguien colocó un cartel: "Zona desmoralizada". Ni por esas. "Sabíamos lo que hacíamos --decía Álvarez Solis--, y conseguir la verdad exigía audacia y valor". Había que "abrir brecha", aunque el enemigo era poderoso. Un zarpazo de la censura con gran coste económico fue el secuestro del número extra de Navidad de 1976 por un artículo de José Luis de Vilallonga sobre las boyantes finanzas de la familia Franco. El propio autor del reportaje admitió la ingenuidad de creer que en España escribir había dejado de ser llorar.

Interviú llegó a ser apreciada como un arma de los demócratas frente al bunker franquista, las fuerzas reaccionarias, la corrupción y los abusos del poder

Brilló el periodismo de investigación sobre las tramas ultras con Xavier Vinader, el mencionado Morales (localizó en Paraguay al ultra que asesinó a la joven del PTE Yolanda González), José Calabuig, Julio César Iglesias, Jordi Corachán, Matías Villamuera, Antonio Rubio... Luis Cantero se acercaba más al entrevistado y Luis Otero trasladaba mejor el sentir de la calle. Sería injusto olvidar a los directores Fontes, Cavero, Bocos, Mora, Rogado, Cerdán y otros surgidos de la propia redacción. Las exclusivas de Interviú marcaban la semana, inquietaban al poder y no dejaban a nadie indiferente. Su cara a cara con la calle era la mayor fuerza del semanario. Desde el crimen de los marqueses de Urquijo hasta los papeles y el arsenal incautado a ETA en Sokoa, pasando por la investigación de la terrible matanza de Atocha, los crímenes del GAL en los años ochenta, las amenazas golpistas y el 23-F, el caso del Nani y la trama de policías corruptos y asesinos, Interviú llegó a ser apreciada como un arma de los demócratas frente al bunker franquista, las fuerzas reaccionarias, la corrupción y los abusos del poder. Después de todo, como dijo el gran periodista Egon Eerwin Kisch, "nada es más asombroso que la verdad".

Algunas veces, al entrar a dejar los folios mecanografiados (pagaban estupendamente) en la redacción de la madrileña calle Potosí y después, en O'Donnell, 12, intentabas ver en los ojos de César Lucas, Germán Gallego, Carlos Corcho, Juan Santiso, Pedro Corro, Pablo Vázquez..., el reflejo de sus penúltimos reportajes gráficos. Entonces las columnas de Manuel Vázquez Montalbán, Francisco Umbral, Camilo José Cela, Rafael Chirbes, Vilallonga (gran amigo del rey Juan Carlos), Cándido, José Luis Coll, Alex Botines (fuerte en economía) o José María García (fuerte en fútbol, donde dicen que lo único horado es el balón y todos le pegan patadas) llegaban por mensajero. Pero algunas veces por allí se veía al ameno Yagüe (fuerte en famoseo como Margarita Landi, Lole Díaz o Luis Cantero) y al anciano Emilio Romero, tieso hasta el cuello como cirio de cuaresma con el pescuezo torcido.

El semanario Tiempo nació en 1982 y se consolidó como la revista de mayor influencia política hasta mediados de los noventa

Humoristas de la pluma, cada uno con sus estilo: Forges, Quino, Martinmorales, Perich, Sumers..., amenizaban sus páginas. Unas páginas que encartaron suplementos como Sal y Pimienta (con su "guía de bodrios" contra estafadores, chapuceros, restaurantes tóxicos y comerciantes gandules), Lib y Tiempo que luego se publicaron como cabeceras independientes. De la mano de Julián Lago como director salió el semanario Tiempo en 1982 y se consolidó con José Oneto como la revista de mayor influencia política hasta mediados de los noventa. Otros intentos similares como El Globo del grupo Prisa pincharon enseguida.

Ahora, quizá porque el sabio Séneca tenía razón cuando sentenció: "Primun vivere, de in de philosophare", los propietarios del Grupo Z, argumentando unas pérdidas de algo más de siete millones de euros entre ambas cabeceras en los cinco últimos años y la caída en picado de la difusión (27.000 ejemplares semanales de Interviú y 15.000 de Tiempo), con el consiguiente descenso publicitario, han apelado a la supervivencia de otras publicaciones y cerrado sus dos revistas emblemáticas. Los quioscos se quedarán más tristes de lo que ya están y en las cloacas del Estado habrá fiesta.

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