Antonio Maestre: “La APM y la FAPE solo sirven para que unos cuantos vivan de ellas”

  • Entrevista al periodista de ‘La Marea’
  • Vox se querella contra él por acusar a la formación ultraderechistas de cómplices con la violencia de género

Antonio Maestre (Getafe, Madrid, 1979) es periodista en La Marea y colaborador de distintos programas televisivos. Esta semana, saltaba la noticia de que la formación ultraderechista Vox le ha puesto una demanda por un tweet en el que el periodista los acusaba de complicidad con los asesinatos por violencia de género. “Los que defendéis a Vox sois responsables de que muertes como las de Laura sucedan. Sois cómplices”.

Ayer, en un programa televisivo, el secretario general de este partido, Javier Ortega Smith, se negaba a responder a sus preguntas, tachándolo de “presunto delincuente” por la demanda que ellos mismo le habían puesto. El debate sobre cómo parar a la ultraderecha que intenta acallar a la prensa independiente será indispensable durante los próximos tiempos. Hablamos de todo ello con el compañero Maestre.

— Vox ha anunciado que se demandará contra usted. Además, hace unos días, usted solicitó información a su gabinete de prensa sobre una información publicada acerca de la supuesta financiación ilegal de este partido y le respondieron con otra amenaza. En el perfil oficial de Twitter de Vox, llaman a no creer las informaciones publicadas en medios de comunicación y a dar únicamente por válidas sus versiones oficiales. La Asociación de la Prensa de Madrid y la FAPE guardan silencio. 

“La APM y la FAPE no van a asumir riesgos”

De la APM y FAPE no espero absolutamente nada, son organizaciones que solo sirven para que unos cuantos vivan de ellas. Son organizaciones muy próximas al poder. No van a tomar partido en una situación en la que hay que asumir riesgos. Recuerdo cuando salieron en tropel porque en una rueda de prensa Pablo Iglesias se refirió directamente a un periodista de El Mundo. Independientemente de aquello no estuviera bien hecho, llama la atención cómo salieron todas las asociaciones de prensa de golpe. Hay que tener un mínimo valor para posicionarse contra la extrema derecha y el valor no abunda en la APM ni en FAPE.

— Frente a esta actitud, ¿que cree que deberíamos hacer los periodistas? ¿Estamos protegidos ante la situación que puede venir? ¿Somos conscientes?

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Habrá muchos periodistas que consideran que están cerca del poder y que, por ello, están bastante cubiertos y protegidos. Los primeros a los que van a intentar callar son a los que tenemos menos cobertura. Estos periodistas próximos al poder se equivocarán. Siempre ha habido, a lo largo de la historia, periodistas que han sido parte de la represión y del ascenso de la extrema derecha y que han colaborado con ella. Durante el ascenso del nazismo habían varios periódicos cuyos periodistas funcionaban como parte de esos movimientos.

Habrá periodistas que sean cómplices, otros que sean tibios y otros que tomemos parte. Los que tomemos parte seremos los que tengamos que hacer algo. Nos tendremos que proteger a nosotros y a otros periodistas que se piensan que un partido de ultraderecha que llegue al poder aceptará posturas tibias o un no alineamiento inquebrantable. Tardarán más en ir a por ellos, a por los tibios, pero también irán a por ellos.

— ¿Cómo valora el papel de las televisiones generalistas en el ascenso de Vox? Algunos discursos que han adoptado con respecto a Catalunya o a la inmigración han podido ayudar a este despegue… 

Los medios de comunicación son muchos y muy variados, algunos tienen una mayor capacidad de influencia y otros menos… En general, la opinión publicada nunca es como debiera ser, no hace las cosas como debiera. Suele jugar un papel muy importante en la polarización, acentuando ciertos roles. Es muy difícil no caer en algunos roles, hay que asumirlo también, porque es una ola que te absorbe. Todo lo que tenga que ver con aumentar la percepción de problemas que no existen y que entran en la agenda de la extrema derecha está mal hecho. Pero, a veces, no queda más remedio que entrar en la confrontación dialéctica con datos e información.

Es un equilibrio difícil de llevar el que tiene que ver con no jugar en la agenda de la extrema derecha, pero tampoco conviene no confrontar esa agenda. En el equilibrio está la virtud y ese equilibrio es muy difícil de llevar. La opinión publicada en general es difícil que cumpla ese equilibrio. Ni siquiera hay un consenso generalizado sobre cuál es la mejor manera para tratar a estos grupos, no lo hay. Hay gente que cree que hay que confrontarlos directamente, otra que hay que ignorarlos… No está claro. Hoy, con las redes sociales, la extrema derecha tiene la capacidad de informar a su electorado sin los medios de comunicación.

— Un ejemplo. En La Sexta hemos visto cómo la Fundación Francisco Franco ha tenido un protagonismo durante los últimos meses con muchas apariciones en programas, cuando esta organización no tiene una base social demasiado elevada. ¿Esto ayuda a que determinados discursos se visibilicen y tomen fuerza?

“Yo no daría espacio a grupos que atentan contra los derechos humanos”

No sé si ayuda a que la extrema derecha ascienda o no. Sé que yo personalmente no daría espacio a grupos minoritarios que atentan contra los derechos humanos. No les daría espacio. Una vez que yo no tengo la capacidad de decidir, si tienes que confrontar, hay que hacerlo con información, con hechos, con la historia en la mano. Son cosas que hay que valorar en su momento, el cómo hacerlo, cuando se te presenta la situación.

Yo no daría visibilidad a estos grupos minoritarios, pero cuando estos ya tienen representación, como el caso de Vox, y tienen la capacidad para influir, entonces hay que confrontarlos. Son fases a la hora de tratarlo y de saber cómo afrontar estos fenómenos. Ahora hay que confrontar dialécticamente, ya han entrado en las instituciones. No va a ser fácil y a los que estemos enfrente nos van a intentar callar por todos los medios.

Un detalle, en los años 30, cuando el ascenso de Hitler, existía un periódico, el Munchen Post, que daba mucha información sobre ellos. Antes de llegar al poder, la manera que tenía de intentar callarlos era mediante demandas y querellas. Cuando tuvieron poder… Imaginamos qué hicieron con aquellos periodistas.

— En un artículo suyo publicado en La Marea, ‘Manual de Vox para antifascistas emocionales’, se refiere a que la ultraderecha ya existía antes de Vox, que se encontraba en el PP. ¿Desde que Vox ha irrumpido, ha crecido la voluntad de separación entre Vox, PP y Ciudadanos en algunos medios? ¿Hasta qué punto no son tres caras de la misma moneda? En los meses previos, los discursos de PP y Ciudadanos con respecto a Catalunya o la inmigración se habían extremado mucho.

“PP y Cs defienden medidas de extrema derecha en lo territorial y migratorio”

El problema viene cuando aparece un elemento más extremo que los otros, por comparación los otros quedan más centrados. Es obvio. Los postulados que defendían PP y Ciudadanos con Catalunya, por ejemplo, eran propios de la extrema derecha. Lo que estaba haciendo Casado sobre la inmigración también era propio de la extrema derecha. Cuando ha llegado Vox, un partido que no tiene opción de gobierno y puede ir más lejos, por comparación los otros parecen menos extremos, pero ellos no se han movido, siguen siendo lo que eran, defienden medidas de extrema derecha en la cuestión territorial y en la migratoria.

Es claro el ejemplo de la prisión permanente revisable: Vox pide la cadena perpetua; si el PP le copia la cadena perpetua, Vox pediría la pena de muerte. Así hasta que todo acabe. Siempre se pueden extremar mucho más.

— El jueves ponía usted un tweet: “Va a ser divertido ver a la ultraderechita cobarde recular con los ultimatums a PP y Ciudadanos”. No está claro si la ultraderechita cobarde va a recular o reculará la derechita cobarde y la veleta naranja… Lo vemos con el tema de la violencia de género.

Una cosa es que ellos se tengan que tragar sus ultimátums, porque no tienen capacidad efectiva de imponerlos, y otra que el PP no se sienta cómodo con estas propuestas. Vuelvo a repetir que este discurso de la extrema derecha de Vox lo tenía el PP. Las movilizaciones masivas del 8M hicieron al PP renunciar a ellas. Se sienten cómodos con estas medidas y las van a aceptar porque para ellos están bien.

La extrema derecha de Vox no tiene capacidad para imponer en Andalucía absolutamente nada. Si el PP y Ciudadanos llegasen a la investidura con un programa pactado sin las propuestas de Vox, Vox tendría que votarles en la investidura. Eso, por mucho que ladren, es así. Otra cosa es que el PP acepte ciertos postulados porque se siente bien con ellos. Vox es una escisión del PP y Casado, si no estuviera en el PP, estaría cómodo en Vox.

— Hay una controversia en cómo debemos usar el término ‘fascista’. ¿Cómo cree que los medios de comunicación debemos tratar este término?

“Vox es ultraliberal, el fascismo era intervencionista”

Hay dos cuestiones. Por un lado, el debate académico. Algunos llaman a estos movimientos derecha radical, otros nacional-populismo… No se puede comparar con el fascismo de los años 30 porque no tiene nada que ver. Hay muchas cuestiones diferentes. Vox es sionista, el Partido Nazi era antisemita. Vox es ultraliberal en lo económico, mientras que el fascismo italiano era intervencionista estatal.

Por otro lado, desde el punto de vista dialéctico, Vox es lo más próximo que hemos tenido al fascismo en la época que nos ha tocado vivir. Vox es la excrecencia que se ha conformado más próxima al fascismo en nuestro mundo, nuestro tiempo. No es como el de los años 30, pero no se puede decir que sea menos tóxico. El proceso de evolución de estas extremas derechas no se puede medir en sus inicios. Veremos hasta dónde llegan. En los años 20 el Partido Nazi no era lo que fue en los 40, cuando su evolución genocida se extremó.

El debate no es tanto si son o no son fascistas, es si debemos llamarles así. Ellos se retroalimentan de ello, les viene bien para su victimización y su uso público. La extrema derecha pop, en su uso de redes sociales, explota esto. El otro día, Abascal, en su Instagram, puso una foto en la que se reía de que le llamaran facha. Si yo les llamo fascistas, no les hace daño, les viene bien, por lo que no les voy a llamar así.

— ¿Y cómo ve a las izquierdas? ¿Qué estrategia cree que deben seguir para confrontar con la ultraderecha, pues también hay debate en este sentido?

“La izquierda tiene que confrontar totalmente”

La izquierda tiene que confrontar totalmente, no hay ninguna posibilidad de intentar acercarse a ellos. Este papel corresponde a los partidos conservadores y socioliberales, aquí es donde de verdad se juega ese debate. Hay muchas sociedades donde ha habido un cordón sanitario y no ha funcionado, como puede ser en Alemania con Angela Merkel, nadie negocia con la AfD para gobernar, pero siguen creciendo. En Suecia llevan varios meses sin gobierno porque nadie quiere pactar con los Demócratas Suecos, la extrema derecha, y el gobierno está paralizado. No hay una varita mágica, no sé cuál es la medida más efectiva para que crezcan menos, pero tengo claro que hay que confrontar sus mentiras.

Lo que es una vergüenza es que protagonicen el debate y los demás adopten su ideario, como están haciendo los populares en Andalucía. No hay diferencia entre lo que dice Isabel Díaz Ayuso, vicesecretaria de Comunicación del PP, y lo que dice Javier Ortega Smith, secretario general de Vox. Este es el problema, pues se imponen las medidas de la extrema derecha. Habría que hacer un cordón sanitario sobre sus medidas, todos los partidos de todas las ideologías, pero que se consideren demócratas, deberían hacer un cordón sanitario sobre sus medidas.