Klaus y Lucas: cruel, apasionante, única

  • Comentario literario

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Novela: Klaus y Lucas

Autor: AGOTA KRISTOF

Cruel, apasionante, única. La infancia despiadada de dos gemelos inseparables que se someten a disciplinas imposibles: endurecimiento del cuerpo, del espíritu; ejercicios de ceguera y sordera, de crueldad…

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Todo tiene un porqué en el mundo en que viven Klaus y Lucas, en ocasiones de un pragmatismo desesperante. Mientras están juntos todo fluye con esa naturalidad brutal a las que les somete su especial aprendizaje de la vida. Al menos así es en la primera novela corta de la trilogía: El gran cuaderno, rescatada del olvido y reunida al completo en esta edición de la editorial independiente Asteroide, pero concebida por su autora, Agota Kristof, como obras autónomas.

«Piensan juntos, actúan juntos. Vivien en un mundo aparte. Un mundo solo para ellos», confiesa el padre de los gemelos. Pero «cada individuo debe tener su propia vida», esta sentencia, esta profecía paternal, se cumplirá en La prueba y en La tercera mentira. Klaus y Lucas se separarán. Y entonces, la perspectiva de la historia se modificará. Incluso la narrativa se adaptará a nuevos retos imposibles de la vida.

A estas alturas —más bien desde la primera página de El gran cuaderno—, has sido capturado por la simplicidad del lenguaje de Agota, por la profundidad de sus argumentos aplastantes. Has sido cautivado por Klaus y Lucas. No puedes dejar de leer, estás atrapado en una tela de araña en la que ya no te importa si Klaus o Lucas, Lucas o Klaus, cambian los hechos, cambian los argumentos. Lo único que no se modifica es el ambiente de ese mundo despiadado y cruel en el que se desenvuelven. Ya solo deseas avanzar, hacia adelante, como lo hacen estos dos gemelos, juntos o separados, en ese mundo imposible de sobrevivir.

Sus versiones son verdades autónomas, pero también inseparables, donde la realidad se rehace y redibuja con nuevas formas, nuevos hechos, nuevas historias. Lucas lo hará en La prueba, Klaus en La tercera mentira.

Aquí os dejo un fragmento textual de las vivencias de los niños Klaus y Lucas, el capítulo que lleva por título: Ejercicios de endurecimiento del cuerpo:

 

«La abuela nos pega a menudo con sus manos huesudas, con una escoba o un trapo mojado. Nos tira de las orejas, nos agarra por el pelo.

Otras personas también nos dan bofetadas y patadas, no sabemos muy bien por qué.

Los golpes duelen, nos hacen llorar.

Las caídas, los arañazos, los cortes, el trabajo, el frío y el calor también son causa de sufrimiento.

Decidimos endurecer nuestro cuerpo para poder soportar el dolor sin llorar.

Empezamos dándonos bofetadas el uno al otro y después puñetazos. Al ver nuestra cara tumefacta, la abuela nos pregunta:

—¿Quién os ha hecho esto?

—Nosotros mismos, abuela.

—¿Os habéis pegado? ¿Por qué?

—Por nada, abuela. No te preocupes, es un ejercicio.

—¿Un ejercicio? Estáis completamente chiflados. Bueno, si eso os divierte…

Vamos desnudos. Nos golpeamos el uno al otro con un cinturón. Nos vamos diciendo, a cada golpe:

—No ha dolido.

Nos golpeamos más fuerte, cada vez más fuerte.

Pasamos las manos por encima de una llama. Nos cortamos con un cuchillo es muslo, el brazo, el pecho, y nos echamos alcohol en las heridas. Cada vez nos decimos:

—No ha dolido.

Al cabo de cierto tiempo, efectivamente, ya no sentimos nada. Es otro quien siente el dolor, otro el que se quema, el que se corta, el que sufre.

Ya no lloramos.

Cuando la abuela está enfadada y grita, le decimos:

—Deja de gritar, abuela, y péganos.

Y cuando ella nos pega, decimos:

—¡Más, abuela! Mira, ponemos la otra mejilla, como dice la Biblia. Péganos también en la otra mejilla, abuela.

Ella responde:

—¡Idos al Diablo con vuestra Biblia y vuestras mejillas!»

 

 

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