ENTREVISTA

Gloria Fortún: “Soy una mujer de 43 años, gorda y lesbiana, ¿dónde está todo eso en la literatura?”

  • Entrevista a la autora del poemario 'Todas mis palabras son azores salvajes'

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“Esto de enamorarse de una señora de la cabeza a los pies es lo que tiene. Una que donde tú vas, ya ha ido y vuelto”. La señora de Gloria Fortún (Madrid, 1977) poco tiene que ver con la categoría social o con la cortesía. Es una señora con “buenas tetas, estrías, hijos crecidos y un ligero recuerdo de cuando vivía Franco”. Que “folla”, que se “vuelve loca”, que tiene pasado. “Una hermana loba”. Es una de las muchas musas nada etéreas que habitan en su poemario Todas mis palabras son azores salvajes (Dos Bigotes, 2021). 

Por encima de todas ellas, la literatura, la amante que Fortún corteja por varios flancos. De hecho, otro de sus últimos trabajos ha sido la traducción, junto a Eva Gallud, del libro Amigas, que explora el amor entre mujeres a través de relatos de escritoras entre los siglos XVIII y XX.

Con las restricciones que impone la covid-19, en cuartopoder charlamos a distancia con la autora sobre el amor, el deseo y el sexo entre mujeres. 

-Usted es traductora y ahora publica su primer libro de poesía, ¿por qué ha decidido dar el paso  y publicar su propio poemario?

-Siempre me he sentido más escritora que traductora, pero me ha costado dar el paso de compartir lo que escribo, de sentirme segura, al margen de algunos cuentos que tengo publicados. Siempre me he considerado más escritora de prosa que de poesía, pero siempre he tenido algún poemilla. En el confinamiento escribí muchísimos. Fue cuando decidí armarlo todo en un libro y se lo ofrecí a la editorial de Dos Bigotes para ver si les interesaba. Mi oficio es la literatura en todos los sentidos y por eso era inevitable que también me apasionase la traducción y tomase ese camino. 

-¿Aún sigue habiendo poca poesía que hable de amor entre mujeres?

"Claro que había poetas lesbianas, pero hay una necesidad de reivindicar ese deseo y que fuera más explícito"

-Creo que hay muy poca. Yo cuando empecé a escribir poesía lo hice pensando en recitarla. Nunca pensé en publicar un libro. Era una poesía bastante oral. Iba a recitales, empezaron a venir mujeres, se empezó a correr la voz y al final se me acercaban mujeres y me decían: no encontramos nada que hable tan claramente sobre deseo y amor entre mujeres. Claro que hay poetas lesbianas, como Carmen Conde, pero había una necesidad de reivindicar ese deseo y que fuera más explícito. 

-No solo hablas de amor, sino también de sexo entre mujeres. 

-Hablo de deseo, amor entre mujeres y también de amor hacia una misma y a tu cuerpo. Nos han enseñado que debe haber un determinado canon y ya está. El motor de mis poemas es siempre el deseo. Es lo que representan los azores, que vuelan. 

-Hablas mucho de enamorarse de mujeres mayores, de mujeres con “estrías” e “hijos crecidos”.

-No me interesa la literatura que sea un panfleto y tenga una especie de agenda a la que te adaptas. Mi realidad es que yo soy una mujer de 43 años, gorda y lesbiana, ¿dónde está todo eso?¿por qué yo tengo que vivir a través del anhelo y la deficiencia? Todo eso hay que celebrarlo. Estas mujeres existimos, nos deseamos, nos ponemos y nos amamos entre nosotras. Era mi deseo celebrar a estas mujeres maravillosas que no son veinteañeras ni treintañeras. Más allá de los 40, 50 o 60 tenemos deseo y hay lesbianas de esa edad que también nos acostamos. 

- Estas mujeres tampoco son tan frecuentes en la poesía masculina que aprendimos en el colegio. 

-Lo habrá porque hay muchísimos libros. También hay carencia de mujeres que vayan más allá de un arquetipo. Al mismo tiempo que hablo de mujeres míticas como la vaquera o la bucanera, también quería crear esas mujeres complejas en las que la belleza no está en cumplir un determinado canon y un determinado comportamiento, sino precisamente, en las contradicciones. 

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Portada del libro 'Todas mis palabras son azores salvajes' (Dos Bigotes, 2021)

-¿En un poemario es difícil escapar de las metáforas del amor romántico?

-Para mí lo más importante era ser honesta y escribir sobre la verdad, sobre mis sentimientos. No me apetecía hacer un panfleto y quedarme en la superficie. Somos personas contradictorias. En mi poemario hay anhelo del amor romántico, pero también me río de ello. Trato de reírme cuando caigo en esas fauces, pero sí, haberlo haylo. 

-En tu poemario hay amantes, parejas o mujeres deseadas, pero “amigas” no. 

-Lo de "amigas" me apetecía que no saliera. Quería un juego de mujeres, que se acostaban, se deseaban, que son madres, mayores, pero también que deseamos partes del cuerpo, que nos reímos... Me apetecía porque es la forma en la que lo vivo y lo siento y empecé a hacerlo explícito. 

-¿Hay metáforas o imágenes que solo puede escribir una mujer sobre otra mujer?

-Creo que sí. La forma de describir los cuerpos y lo que se desea o las metáforas que hago. El road trip, el viaje por carretera, la imagen de la bucanera o algunos otros creo que son formas de explorar el cuerpo que raramente hablan de un acto sexual heterosexual.

-¿Cuesta salir del “narrador masculino” con el que suelen crecer las escritoras? 

"Lo que dabas en el colegio sobre todo eran escritores. Tiene que venir una maestra, una despertadora, que te diga que ellas existen"

.-Lo que dabas en el colegio sobre todo eran escritores. Tiene que venir una maestra, una despertadora, que te diga que ellas existen. En mi caso hubo dos escritoras que me ayudaron mucho. Una de ellas era lesbiana, Gloria Fuertes, que además vivía en mi barrio y nos la encontramos. La veíamos recitar en La bola de cristal, pero no sabía que era lesbiana. Cuando fui mayor empecé a leer su poesía y aluciné. 

Con 18 años leí el libro de Esther Tusquets El mismo mar de todos los verano que además es una historia lésbica, escrita de una forma muy peculiar. Ahí pensé que se podían hacer otras cosas, de otra manera, de mujeres que aman mujeres. Eso fue gracias a otras maestras. Cuesta deconstruirse, pero llega un momento que encuentras lugares con libros alternativos, escritos por mujeres y lesbianas y llega un momento que no puedes parar. Así te haces una biblioteca. 

-¿Alguna de las mujeres que aparecen en el libro te ha llamado?

-Es autoficción. Creo que no se hace mucha poesía en autoficción, ahora está de moda en la prosa. Meto mi realidad, pero muchas cosas me las invento o las he soñado. Eso incluso me ha tocado explicárselo a alguna mujer que se ha medio enfadado porque no salía o por la manera en la que salía. A la vaquera le ha encantado.

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