Pedro Vallín: “La derecha española tiene que sacarse de encima el ‘Muera la inteligencia”

  • Entrevista al periodista de 'La Vanguardia' y autor de '¡Me cago en Godard!'

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Nos tiene acostumbrados a sus crónicas y análisis políticos en La Vanguardia. Sabemos que le gusta el cine porque en muchos de sus textos desglosa la actualidad política a través de paralelismos y metáforas cinematográficas. Pedro Vallín (Colunga, Asturias, 1971) es actualmente periodista parlamentario del rotativo barcelonés, en el que anteriormente escribía en las secciones de Cultura y Cine. Recientemente ha publicado un libro bajo un polémico título: ¡Me cago en Godard! (Arpa, 2019).

En él, defiende: el cine de Hollywood es de izquierdas, el cine de autor europeo, de derechas. El cine de autor es elitista, mientras que el norteamericano busca en sus orígenes plebeyos para convertirse en un entretenimiento popular. La cultura elevada no tiene por qué ser mejor que la cultura de masas. Los derechos laborales que se cumplen en la industria hollywoodiense destacan por su ausencia en la producción cinematográfica europea... Vallín, provocador nato, lo es en sus artículos, en su libro y especialmente desde su cuenta de Twitter, degusta un caldito en la cafetería del Teatro Pavón Kamikaze mientras responde a las preguntas de cuartopoder. Hace frío fuera, todavía no es invierno.

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- "El autor veía tertulias, era repelente, a los 13 años". Así te describes en la introducción de ¡Me cago en Godard!. ¿Tuvo mucho que ver el que fueras un niño repelente con que te gustara el cine y la lectura?

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- Nunca me he preguntado qué habría sido de mí si no hubiera tenido asma y me hubiera quedado jugando al fútbol en vez de meterme en casa a ver el programa de Manuel Hidalgo. En todo caso, acabé en periodismo, me considero periodista y no escritor, por un amorío del instituto. En esa época me gustaba mucho el cine, pero me apetecía hacer arquitectura. Me enamoré de una que quería ser poetisa, quiso hacer periodismo ella y yo, con 15 años, no lo gestioné desde el raciocinio. Cuando me mandó a la mierda, con 18 años, me daba pereza ponerme a pensar lo que quería hacer, ya había contado a todo el mundo durante tres años que quería hacer periodismo.

Para escribir hay que leer. Si leer significa ser repelente, no lo sé. Yo leía mucho de crío, luego tuve una etapa de primera juventud donde leía poquísimo, lo obligado en clase. Empecé a leer más intensamente cuando empecé a trabajar, para tapar agujeros. No creo tanto en leer mucho como en leer bien. No hay que leer 50 libros al año, sino tener gente que te señale cosas que sí que hay que leer.

- Hablas en el libro de la conquista del oeste, de la implantación democrática en la costa oeste americana. Pones en contraste el origen plebeyo de Hollywood y California con la imitación europea de las ciudades de la costa este. Sin embargo, Hollywood son grandísimas productoras multinacionales. ¿Plebeyas?

"El cine, desde su nacimiento, es vocacionalmente plebeyo"

- Una gran multinacional no tiene nada que ver con la condición plebeya. La condición plebeya es la antítesis de la condición patricia. Cuando la cultura empieza a convertirse en un negocio, cuando llegan las grandes aglomeraciones urbanas de población, el negocio del arte y la cultura era burgués. Las historias contadas existen desde tiempo inmemorial, pero el negocio de los libros era aristocrático, burgués y religioso. Lo mismo ocurre con las artes plásticas, de corte y catedral, la industria que se genera es también burguesa. En cambio el cine, desde su nacimiento, como industria y como lenguaje, es vocacionalmente plebeyo. Es para las ferias, de barraca y carromato.

Hollywood se monta como una industria plebeya, otra cosa es que se hinche a ganar dinero. No necesariamente ganar mucho dinero convierte a alguien en patricio. Esta es una industria de buscavidas, de menesterosos, es la diferencia entre la costa este y la oeste. La este imita la sociedad provinciana europea, se usa el término bostoniano, los viejos poderes siguen funcionando. Las generaciones veteranas de Boston, una ciudad en la que nunca serás de allí aunque lleves toda la vida allí. Eso lo vemos aquí en las capitales de provincia, donde están los de toda la vida y los de siempre.

Esto no pasa en San Diego, Los Ángeles, San Francisco… No hay esa idea de sociedad bostoniana. Por eso hablo de condición plebeya. Ahora Hollywood y sus corporaciones dependen de los fondos de inversión, pero su producto cultural y su público siempre ha sido plebeyo.

- “Un marxista se habría lamentado por el moho de las naranjas y nunca habría descubierto la penicilina”, dices en el libro.

"Una oda a la condición ceniza del marxista"

- Es una oda a la condición ceniza del marxista que con su ontológico pesimismo puede acertar algunas cosas. En el libro hablo de cómo Jeremy Rifkin y yo mismo pensábamos cuando surge la economía colaborativa que iba a acabar con el capitalismo, mientras que los marxistas hablaban de que sería peor para las condiciones laborales, por la uberización de la economía que nos trataría como esclavos Tuvieron razón los marxistas, evidentemente, a veces aciertan, son unos cenizos y unos pesimistas.

Eso les lleva también a sobreinterpretar porque siempre hay una especie de sujeto ontológico maligno como responsable de las cosas. Se refieren elidiendo, conjugan en tercera persona del plural: nos manipulan, nos crean necesidades, nos convencen… Es una forma de ver las cosas muy religiosa, da un orden al mundo, hay una teleología que les ordena las cosas. Eso es muy consolador, la vida es contingente y hay algo que ordena el mundo. Tiene algo de atajo mental, cuando alguien sospecha se ahorra de pensar. Vivir en la sospecha es una forma de pereza de la indulgencia.

Por eso hago esa broma, el marxismo siempre está buscando una perversidad. Un anuncio de hamburguesas XXL es potencialmente perverso, tiene detrás una voluntad de manipulación y hay que proteger al ciudadano de ella. A mí esa condescendencia me pone nervioso, siempre me cuesta pensar que mis conciudadanos son más tontos que yo. No me resigno a mirar el mundo así.

- Ese Ellos, que intenta manipular o cambiar voluntades, ¿no existe? ¿Qué es la publicidad?

- El marxismo cree que ese Ellos intenta convencer al individuo, manipularlo. Cualquier pensamiento sospechoso tiene éxito en el marxista. Hay un libro sobre la presencia de los nazis en Hollywood, tenían un lobista, básicamente. Eso sirve para que los marxistas digan que Hollywood estaba tomado por los nazis. Había un tío que lo único que consiguió fue retrasar un estreno.

La publicidad es publicidad, no existe la publicidad subliminal, no te pueden manipular la mente con un anuncio. Quien cree esto se coloca en una posición en la que solo hay dos entes inteligentes en el universo, el manipulador capitalista y el pensador marxista, y el resto son idiotas. No es así. Independientemente de que el Pentágono y los nazis hicieran experimentos en esta línea, esta investigación fracasó.

- ¿No crees en la capacidad manipuladora de la publicidad?

- En términos marxistas, no. Que hay influencia, sí, claro. En los términos en los que se expresa el marxismo no lo creo. En las campañas de promoción de cine tenemos un ejemplo, las campañas solo te salvan un primer fin de semana, el segundo fin de semana la película se soporta ella, tiene que haber gustado. Los especialistas en distribución siempre usan el ratio de caída, lo interesante es después de la primera semana de promoción ver el ratio de caída que dice lo que la película está gustando.

- Si no existe esa capacidad de la publicidad, ¿por qué las empresas energéticas están haciendo esta inversión publicitaria durante la COP 25?

- Ellos también creen que la gente es boba. Lo que hemos visto esta semana de toda la prensa española envuelta en un anuncio de una empresa contaminante cuando empieza la cumbre del clima… Si yo fuera asesor de esa empresa, diría que no se les ocurriera hacer algo así, es contraproducente. La gente no es idiota.

- Aludes a Guillermo Zapata que se refiere a las condiciones laborales en Europa frente a las de América en la industria del cine. 

"Cualquier trabajador del audiovisual querría tener un sindicato como el de los norteamericanos"

- Donde los sindicatos han sido más fuertes es en Estados Unidos. Cualquier trabajador del sector audiovisual querría tener un sindicato como el de los norteamericanos. No existe la hora extra, no te puedes pasar ni medio minuto, los menores de edad tienen un límite de jornada de seis horas… Todo eso se cumple a rajatabla y encarece los productos.

Si las productoras han encontrado en Canadá un paraíso como Amancio Ortega lo ha hecho en el sureste asiático, es por algo. Ahora vemos las películas norteamericanas con el sello de Ontario o Quebec… Están haciendo deslocalización en Canadá, en esa especie de paraíso que reúne lo mejor de Norteamérica con lo mejor de Europa. Sí, en el cine europeo las condiciones laborales son que la gente capitaliza su sueldo en función de cómo funcione la película. Esto me parece particularmente ofensivo cuando luego, el que la hace, le pone su nombre propio, "una película de...". En todo caso, es una película de un montón explotados, no de un creador.

En España, se producen entre 140 y 200 películas anuales, quizás algo más. De todas ellas, ni la mitad pagan a los trabajadores ni respetan las jornadas laborales. Remedios Zafra, la autora del ensayo ganador del año pasado en Anagrama, le puso, a su ensayo, el título El Entusiasmo. El entusiasmo es que las vocaciones se convierten en precarizaciones. Como es algo vocacional, como un bocata de pan duro. Esto en el audiovisual está pasando hoy, aunque espero que deje de pasar por dos motivos. Se ha profesionalizado mucho en los últimos 20 años el sector. Segundo, la entrada de más actores en un mercado pequeño como este hará que haya más recursos y se respeten mejor los recursos laborales.

- Hablas de que la administración californiana ayuda más al cine que la europea. En Europa, concretamente España, es donde lo público ayuda menos al cine.

En incentivos fiscales, en California, la ayuda es brutal. La forma con la que cuidan esta industria es maravillosa. Aquí dicen que los del cine son unos subvencionados, pero no habría una fábrica de coches en España si no estuviera subvencionada.

- ¿Qué crees que deberían hacer las administraciones públicas españolas para mejorar su ayuda al sector del cine?

"El mayor esfuerzo para legislar el cine en España lo hizo Susana de la Sierra"

- Esto nos lleva a un debate que atañe a los políticos y al periodismo cultural. ¿De quién eres agente cuando eres político o periodista de la cultura?¿Eres agente de la ciudadanía o del sector que hace negocio? ¿Qué priorizas, una biblioteca en cada pueblo o que el tío que quiere pintar cuadros en cada pueblo pueda hacerlo? Son enfoques muy diferentes.

La historia de la legislación española con el cine es muy desgraciada. El mayor esfuerzo lo hizo Susana de la Sierra, en la dirección del ICAA. Logró, desde una administración del PP, bajo la secretaría de estado de José María Lassalle, pacificar el sector porque compraron el modelo de transformación que ella proponía.

Básicamente era que para las películas que podían mantenerse por sí mismas en taquilla habría un sistema de incentivos fiscales, pero no de ayudas a priori. Y, por otro lado, las ayudas públicas directas se concentraban en otro tipo de cinematografía que no tiene el músculo financiero previo. También que se pudiera desgravar, al invertir en cine, en torno al 40-60%, en Alemania estaba en el 80%. Finalmente, esto se quedó en el 21% porque Montoro se empeñó en bajarlo. Así no se puede, cuando había conseguido un acuerdo de todo el sector para un sistema basado en el inventivo fiscal en vez de en la subvención… Esto provocó la dimisión inmediata de la directora del ICAA.

- Hablas en el libro del componente progresista de Hollywood, de cómo este sector es fuente de financiación para las campañas del Partido Demócrata. ¿Crees que la derecha norteamericana ve a este mundo como la española: los de la ceja, los del "No a la guerra"?

- Lo de Montoro fue una venganza de lo de la Guerra de Irak. Pero, más allá de eso, creo que son bien vistos por la mayoría de la gente, en general, los artistas, reciben muestras de aprecio en España. Creo que es un problema de sectores políticos reaccionarios que tienen ciertos complejos. No creo que Luis Tosar vaya por la calle y reciba algo que no sean elogios y parabienes y "hazte un selfie conmigo".

En cuanto a lo otro, la derecha española tiene que sacarse de encima el "Muera la inteligencia". Otras derechas liberales o democratacristianas, no ultraderechas, claro, no son como la española. La parte menguante razonable del Partido Republicano no creo que tenga mayores problemas con el mundo de la cultura. A los cristofrikis de Sarah Pallin no creo que le guste el cine de Hollywood.

- Te referías al "Muera la inteligencia". Precisamente, Mientras dure la guerra, así como Dolor y Gloria han sido las principales nominadas a los Goya, lo conocíamos esta semana. ¿Qué te parecen las nominaciones?

"Los Goya y los Feroz han sido bastante obvios este año"

- Hablo comprometido como expresidente de los Premios Feroz y miembro de los comités organizadores, no voy a meterme con los Goya. Pero es un debate que hemos tenido mucho en la asociación. Hay dos tipos de premios, los democráticos y los de sanedrín. La diferencia es que los democráticos son poco sorprendentes siempre, por su propia naturaleza suelen premiar cosas que están bien, que no suelen ser muy espectaculares ni vanguardistas. Por eso creamos en los Feroz un premio especial que lo decidía el comité organizador.

Creo que los Goya y los Feroz han sido bastante obvios este año. Siempre hay una diferencia, que en la Academia de Cine, también les pasa en Los Ángeles, el colectivo actoral tiene mucha fuerza. Les flipan las interpretaciones brillantes y tienen mucho peso los actores y actrices en las academias. Por eso, todo el mundo quiere tener un papel como Joker, Joaquin Phoenix tiene muchas papeletas para llevarse el Oscar este año.

Por otro lado, los premios de sanedrín, los que dan los festivales de cine, por cómo funcionan suelen ser o aciertos de francotirador a tres kilómetros, con mucha capacidad para localizar talentos, o a hacer un pan como hostias que también pasa mucho. Porque las decisiones se pactan en los jurados y los jurados son gente que no tiene que ver unos con otros y se montan unos pollos enormes. Entonces, si hay un título que gusta mucho a una parte del jurado y a otra le abomina, se llega a una suerte de pax romana que es premiar una película insignificante que no moleste a nadie.

- ¿Un tesoro que no nos podemos perder en el cine?

- Ventajas de viajar en tren, de Aritz Moreno.

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