RECOMENDACIONES LITERARIAS

Lecturas para unas navidades confinadas

  • Interesantes sugerencias de lecturas para estas fiestas o el año 2021

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Leer, disfrutar de un rato a solas, en el sofá de casa, no movernos ni un centímetro de nuestra zona favorita… Sí, lo sé, no hace falta que nos quedemos encerrados en casa, no hay ley que nos prohíba salir a la calle, pasear, incluso podemos, si nos apetece, alternar, dentro de un orden. Sin embargo, las cosas no están para muchas fiestas y jolgorios, así que… ¿por qué no aprovechamos estas fiestas para leer un libro o dos?

Muchas han sido las novedades que se han publicado estos meses, tras unos cuantos de sequía como consecuencia de un confinamiento forzado en el mes de marzo. Se acumularon las novedades y empezaron a salir, más rápido si cabe, de lo acostumbrado. Por eso, y para tratar de disfrutar al máximo de todo lo nuevo que puede llegar a nuestra manos, o incluso de aquello que podemos pedirle a los Reyes Magos, ahí van diez recomendaciones. ¡Venga! Que seguro que en lugar de pensar en que no podemos ir de fiesta, podremos presumir de que hemos descubierto un buen libro.

El arte importa, Neil Gaiman (2020), Trad. Montserrat Meneses, Ilustraciones Chris Riddell, Barcelona, Destino.

El arte importa tiene un subtítulo: “Porque la imaginación puede cambiar el mundo”. Ese Porque, causal, no es casual, bienvenido sea el juego de palabras. Gaiman, tras el atentado del Charlie Hebdo, se planteó un buen número de supuestos como consecuencia del mismo, entre otros el ataque a la imaginación que suponía ese atentado. De ahí surgió: El Credo, uno de los capítulos de este libro, en el que reflexionaba acerca de lo que de verdad era importante para él en el mundo de “lo escrito”. Luego, siguió otro capítulo , en el que retomaba un discurso que dio en 2012 a los graduados de la Universidad de Arte de Filadelfia, donde defendía la importancia de “hacer un buen arte” y, tras un capítulo en el que defiende la importancia de que en algún momento de nuestra vida hayamos montado algo con las manos, concluye con la importancia de las bibliotecas y, claro está, con ellas de los lectores.

Un libro sencillo, con unas ilustraciones hechas con mimo por Chris Riddell que bien podemos leer junto a nuestros hijos, que en algún momento acabarán siendo lectores de Gaiman, o disfrutar y meditar en solitario.

Casa vacías, Brenda Navarro (2020) Sexto Piso, Madrid

El desespero que sufre una mujer tras perder a su hijo en el parque en los escasos minutos en que contesta un mensaje en su teléfono es el sorprendente comienzo de esta novela de Brenda Navarro. Luego nos enteramos del posterior rechazo de una madre, que no lo es, y que es la que roba un niño para criarlo como propio. En definitiva, lo que está en juego es la maternidad, una situación que casi siempre asociamos con la felicidad, pero que también puede acabar siendo una pesadilla, porque pocas personas tan vulnerables como las madres cuando a uno de sus hijos les pasa algo porque nace en ella la culpabilidad, les acecha en cada gesto, en cada situación…

En Casas vacías, Daniel, que acaba siendo Lionel, el hijo de dos madres, nos muestra dos dolorosas formas de maternidad, al tiempo que muestra la violencia, las relaciones familiares, la culpa, el dolor… y la esperanza de un futuro mejor que el presente negro en el que se sumen las dos madres. Porque, como bien se encarga de repetir la autora, no hay nada peor que la desaparición de un ser querido: “Los desaparecidos son fosas comunes que se nos abren por dentro y quienes los sufrimos lo único que ansiamos es poder enterrarlos ya”.

La Almendra, Won-pyung Sohn  (2020) Trad. Sunme Yoon, Barcelona Temas de Hoy.

Pocas novelas llegan a nuestras manos escritas en Corea del Sur lo que, de antemano, hace suponer que no perderemos el tiempo con su lectura y se confirma ya en sus primera páginas. Con un inicio de lo más interesante ⎯un niño que ve una paliza⎯, conocemos al protagonista de la novela, al joven Yunjae quien, nos lo explica su autora de inmediato, ha nacido con una enfermedad extraña: las amígdalas (yo tampoco sabía que teníamos algo así en nuestro cerebro) de su cerebro son pequeñas, más pequeñas que una almendra y, como consecuencia, Yunjae es incapaz de sentir nada. ¡Incapaz de sentir nada! Y, claro, de demostrar afecto.

Educado por su madre y su abuela, aprende a identificar las emociones de los demás y a fingir estados de ánimo conforme los va necesitando, para no destacar en el mundo incapaz de entender su enfermedad: “Si tu interlocutor llora, tú cierra los ojos, baja la cabeza y dale una suave palmada en la espalda”, le explica su madre, tratando de educarlo en la imitación de los sentimientos, preocupada por cómo encajará su hijo en el mundo. Construye así una aparente normalidad que se hace trizas un día en el que, de pronto, deberá aprender a vivir solo.

Narrado con una prosa que nos transmite una sensibilidad y una forma de ser muy lejana a la nuestra, en la que las emociones (no solo por enfermedad sino culturalmente) está contenidas, nos sitúa en una soledad de la que desearemos saber más, igual que en su arranque deseamos con todas nuestras fuerzas conocer cómo lloran las personas que no sienten nada. Porque en el fondo, la novela lo que nos cuenta es eso, precisamente, cómo solo la empatía puede llevarnos a vivir con esperanza.

Clarosruro, Larsen Nella, (2020) trad. Pepa Linares de la Puerta, Contraseña Editorial, Zaragoza

Claroscuro es, como la mayoría del catálogo de Contraseña, una buena apuesta más. Es uno de esos libros que debe leerse sin prisa para poder, así, describir una autora y una época de la que poco se ha traducido al español.

Nella Larsen, una de las autoras más destacadas del renacimiento literario de Harlem de principios del pasado siglo, nos habla de relaciones entre mujeres. Mujeres con las dificultades propias que genera la pobreza y la raza. La cuestión es que, justamente, es la raza lo que está en juego, o, mejor, disimular de la raza que es una.

Irene y Claire, antiguas amigas, se reencuentran años después en una cafetería. Una cafetería para blancos a la que pueden acceder porque, aunque siendo negras, no lo parecen. Una, Irene, casada con un negro; la otra Claire, casada con un blanco que, para más inri, es racista y al que, como parece lógico, nunca le ha dicho la verdad sobre su raza. Tras este primer encuentro tendrán tres más en Nueva York que acabará con un desafortunado final.

Un apunte, aunque la novela, en castellano, se titula Claroscuro, su título original es Passing, ocultación, haciendo mención, justamente, a esa forma de vida que tuvo lugar a principios del siglo pasado en Norteamérica de algunas personas de raza negra, mostrarse como si fueran de raza blanca aprovechando que su piel no los “delataba”.

El consentimiento, (2020) Vansessa Springora, trad. Noemí Sobregués, Barcelona, Lumen

¿Es legítimo denunciar, años después, una relación sexual entre un menor de edad y un adulto? Pues s,í parece decirnos Vansessa Springora. No solo puede, si no que debe hacerlo. Y, ya puestos, quejarse de quien formó parte cómplice de ese silencio: “En los años setenta, en nombre de la libertad de las costumbres y de la revolución sexual, se siente la obligación de defender el libre disfrute de todos los cuerpos. Prohibir la sexualidad juvenil es una forma de opresión social y compartimentar la sexualidad entre individuos de la misma edad sería una forma de segregación. Luchar contra el encarcelamiento de los deseos, y contra toda represión son las consignas de ese período, y nadie tiene nada que objetar, salvo los santurrones y algunas tribunales reaccionarios”. Una deriva y una ceguera de parte de la izquierda, por la que casi todos los firmantes de esas peticiones pedirán disculpas tiempo después.

Y eso es lo que narra la novela, la relación que, con trece años, tuvo Vanessa Springora con Gabriel Matzneff, un apasionado escritor treinta y seis años mayor que ella, tras cuyo prestigio y carisma se esconde un depredador de menores que actúa con la complacencia de parte de la izquierda y de la intelectualidad del momento. Este, después de un meticuloso cortejo, consigue que la adolescente se entregue a él, cegada por el amor e ignorante de que sus relaciones con menores llevan años nutriendo su producción literaria. Más de treinta años después de los hechos, Springora narra todo lo que sucedió.

Los nombres epicenos, Amèlie Nothomb, trad. Sergi Pàmies, (2020) Anagrama, Barcelona.

Hay autores, autoras también, que escriben libros con una increíble capacidad de estremecer. Ni enternecer, ni divertir, ni intrigar, estremecer, y ese es el caso de Amélie Nothomb, incluso una diría que va perfeccionando esa capacidad para estremecer con el paso de los años y nos hace reflexionar, como pocos novelistas, acerca de la condición humana.

En Los nombres epicenos, novela publicada en Anagrama y traducida, como siempre, con brillantez por Sergi Pàmies, Nothomb explora magistralmente la decadencia de la burguesía parisina, pero podía ser cualquier burguesía europea. Eso y las identidades, o más bien las falsas identidades. Igual que el título de la novela, los nombres epicenos ⎯Claude, Dominique y Épicéne, los tres protagonistas de la novela⎯ tienen un nombre sin marca de sexo, y por tanto, no se muestran cómo son, ocultan la verdad. Unos personajes que son algo que no acaba de confirmarse hasta que, al final, dan ⎯cada uno de ellos⎯ el golpe de gracia.

La novela arranca, como es habitual en ella, con unos personajes ingenuos, incluso planos, que, conforme avanza la novela, acaban por convertirse y asumir las características más estereotipadas de la clase que representan: la burguesía. Apariencia, relaciones sociales, falta de empatía, egoísmo, ansias de notoriedad… no les falta ninguna de la características asociadas a su clase. Unos personajes que, cuando parece que, sin que sirva de precedente, la autora va a redimirlos, se acaban de definir. En el fondo, esa redención poco o nada tiene que ver con Nothomb, eso no va con ella, los coge y, de nuevo, les adjudica esas características aumentadas respecto a las páginas iniciales.

Tres protagonistas: Dominique, una mujer entregada a su marido ⎯tras elegirlo frente a su novio por la simple frivolidad de que al poco de conocerla le ofrece una vida en París sin preocupaciones⎯; su hija, Épicène, una secundaria que por momentos parece quitarle el protagonismo a su madre; y Claude, el padre y marido, que ni hace de padre ni hace de marido, nos acompañan a lo largo de las páginas de la novela mostrándonos unas vidas de las que parece no son capaces de tomar las riendas. Unas vidas sujetas a la riqueza y los caprichos burgueses. Sin embargo, al fin, nos encontramos con una protagonista que no se da por vencida porque, como bien dice Nothomb: “Lo terrible no es ser infeliz, es que serlo no tenga ningún sentido”.

Las madres no, (2020) Kaixa Agirre, Tránsito

Solo el resumen que nos ofrece la editorial basta para que queramos lanzarnos a devorar la novela: “Una madre mata a sus gemelos. Otra mujer, la narradora y protagonista de esta historia, está a punto de dar a luz. Es escritora, y se da cuenta de que conoce a la autora del infanticidio. Su obsesión se dispara. Pide una excedencia pero no para criar, sino para crear. Para investigar y escribir sobre la verdad oculta tras el crimen.“ Y es eso, ni más ni menos, lo que nos narra Kaixa, autora y traductora de esta novela.

Novela en la novela, metaficción, autoficción, llamémosle como queramos porque, a pesar del calificativo, no podemos negar que nos encontramos con una novela de lo más interesante acerca del significado de ser madre, de las maternidades llamémoslas no convencionales desde el inicio del texto: Una au pair francesa, Mélanie, entra en una casa lujosa del barrio de Armentia, en Vitoria, sube las escaleras y encuentra a los dos bebés que cuida inertes en la cama. Su madre, a la que todo el mundo conoce como Alice, está al lado, con un pecho fuera, a pesar de que no les da de mamar, “calmada, desganada, indolente”.

Heimat. Lejos de mi hogar, (2020), Nora Krug, Trad. Ester Cruz Santaella, Salamandra.

Perteneciente a la segunda generación de alemanes nacidos tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Nora Krug creció luchando contra la profunda ambivalencia que le provocaba su realidad y el pasado reciente de su país. Tras vivir casi veinte años en Estados Unidos, Nora Krug decidió que nunca sabría quién era si no se enfrentaba a su lugar de procedencia y se puso manos a la obra con este cómic, que en realidad es una catarsis personal.

En Heimat, la autora documenta este viaje a través de las vidas de muchos de los miembros de su familia durante el régimen nazi y la representación visual de su propio regreso a un país aún marcado por la guerra. Bellamente ilustrada por ella misma y sin esconder la emotividad que le supone su propia vida y enfrentarse a sus miedos más profundos, Heimat es una poderosa meditación sobre la búsqueda de la identidad cultural y el significado de la historia y la patria, en definitiva, como ella misma dice: “¿Cómo vas a saber quién eres si no entiendes de dónde vienes?”. 

Hombres justos. Del patriarcado a las nuevas masculinidades (2020) Ivan Jabonka, trad. Agustina Blanco, Barcelona Anagrama & Libros del Zorzal

De Jabonka ya habíamos oído hablar, o ya habíamos leído antes, cuando publicó Laetitia O El Fin de Los Hombres. Una historia espeluznante de una la violación y asesinato de la joven Laetitia con  dieciocho años poco después de salir del trabajo, Ahora Ivan nos ofrece su versión sobre un tema también de actualidad, los hombres, el feminismo, y lo que se ha dado en llamar nuevas masculinidades.

El arranque del ensayo no puede ser más clarificador: “Los hombres lideraron todos los combates, salvo el de la igualdad de sexo. Soñaron todas las emancipaciones, salvo la de las mujeres. Con alguna que otra excepción, se acomodaron al funcionamiento patriarcal de la sociedad, sacaron provecho de él. Hoy, como ayer, los privilegios de género son endémicos en todo el mundo”. No es la primera ve que Ivan Jabonka se aventura a hablar de “mujeres”. Está claro que si el foco habitualmente se ha puesto en las mujeres y el feminismo, Jabonka ha decidido que, siendo parte del juego, va a ocuparse de los hombres, de las nuevas masculinidades y de la otra cara del debate que no cesa desde que explotó con el #metoo.

En el libro, Jablonka ⎯padre de tres hijas, la situación personal creo que ha sido determinante de sus intereses⎯ hace un recorrido histórico por el patriarcado Desde el Paleolítico superior, hasta terminar en la época actual, cuando se ha puesto sobre la mesa, quizá por primera vez, la crisis que atraviesan los hombres a raíz de los últimos movimientos feministas. Está claro, tras la lectura, que la instauración definitiva de la dominación masculina se remonta a 5000 o 6000 años, lo que explica el control inmediato de los hombres de la escritura en el IV milenio, del Estado en el III, de las armas en el II y de las religiones en el I. Y desde entonces, ha habido que esperar a las revoluciones atlánticas, en los años 1770-1790, para que el patriarcado sea contestado por una corriente de pensamiento denominada como feminista.

¿Su alegato?: si volvemos a pensar lo masculino todos acabaremos ganando, porque el feminismo no sólo beneficia a las mujeres sino a toda la sociedad. O, lo que es lo mismo, el patriarcado perjudica a las mujeres, pero también a los hombres, particularmente a aquellos cuya masculinidad se juzga ilegítima, como los judíos, los negros o los homosexuales.

Norma, Sofi Oksanen (2020), Trad. Laura Pascual Antón, Salamandra.

Lectores, e incluso espectadores de una de sus primeras obras: Purga, de la que se vendieron más de un millón de ejemplares y se tradujo a más de cuarenta países, no habrán podido olvidar, sin duda, el texto anterior de Sofi Oksanen y, deseosos de la novedad, querrán acercarse a Norma.

En Norma, su quinta novela publicada en su país ya en el lejano 2015, mezcla intriga, realismo mágico y crítica social, en un texto que no deja indiferente a los que nos acercamos a ella desde las primeras líneas: “Después  del entierro nada volvió a ser como antes”, nos avisa la autora en la primera línea. Tras encontrar del cuerpo de Anita Ross en el metro de Helsinki parece que la conclusión a la que llegar tras esa muerte es rápida: se ha suicidado. Sin embargo, su hija  Norma, duda de esta versión. Dispuesta a todo con tal de descubrir la verdad, la joven decide reconstruir los últimos días de vida de su madre, y acaba topando con la mafia que trafica en Europa con los vientres de alquiler. Una trama y una historia que no te dejarán indiferente.

Ciudades hambrientas, Carolyn Steel, (2020) trad. Ricardo García Pérez, Capitan Swing.

“El libro que tienes en las manos, nos permite comprender cómo la manera en que nos alimentamos ha condicionado la tipología de las viviendas, la morfología de las ciudades y hasta nuestra forma de habitarlas”, nos advierten en el prólogo José Luis Fernández y Nerea Morán y añaden: “debemos asumir hasta qué punto, el desarrollo de las ciudades es indisociable de la forma en que se alimentan sus habitantes” y a asumir que comer es un acto cargado de simbolismo.

Ciudades hambrientas es una recopilación de anécdotas e historias relacionadas con la comida y las personas y los territorios que nos evidenciará que, al igual que las personas, las ciudades son lo que comen, porque la gastronomía nos interpela sobre las formas en que debemos “trabajar” la comida en cada área, y a su vez nuestra identidad cultural nos asocia a uno u otro alimento. Porque, como nos recuerda la autora al final del prólogo a la edición española pocas cosas hay tan importantes en nuestras vidas como la comida: “Si se despoja a la vida de todo lo superfluo, resulta que en realidad no necesitamos gran cosa para ser felices. Lo fundamental es tener agua y comida suficientes”. En definitiva, y recordando a la filósofa Hanna Arendt: “La ciudad es una memoria organizada”. ¡Ah¡ y te reto, al acabar de leer el ensayo, a recorrer las calles de tu ciudad  rastreando las huellas que ha dejado la alimentación.

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