‘Naves misteriosas’: la distopía que avisó de la urgencia climática hace casi medio siglo

  • 'Naves misteriosas', rodada de febrero a marzo del 71 y estrenada el 10 de marzo del 72, fue muy bien recibida por la crítica  
  • Valoró su puesta en escena, su brillante guión y su avanzado mensaje ecologista, pero fue un rotundo fracaso de taquilla  
 

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Títulos como 2001: Una odisea del espacio, Encuentros en la tercera fase, Star Trek, Blade Runner o El árbol de la vida dependen del inmenso talento de un tipo poco conocido entre el gran público llamado Douglas Trumbull, mago de las maquetas y los efectos especiales y cinco veces nominado a los Oscar (tiene el Oscar Honorífico). Trumbull también es el padre de la película que nos ocupa: Naves misteriosas (Silent Running).    

Naves misteriosa
Imágenes de la película 'Naves misteriosas', de Universal Pictures

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Desconocida joya del cine de ciencia ficción y estrenada en 1972, Naves misteriosas es hija de su tiempo. En los años setenta llegaba la efervescencia del movimiento ecologista (y también del hippie, ligado al ecologismo) y la urgencia por cambiar lo que el ser humano ya estaba haciendo al planeta. Otras películas de cine fantástico como Cuando el destino nos alcance (Soylent Green) se hicieron eco de este peligro.   

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El primer trabajo de Trumbull en el cine fue a las órdenes del riguroso Stanley Kubrick en 2001: Una odisea del espacio. Kubrick, que tardó cuatro años en levantar su ambiciosa película, conoció el trabajo de Trumbull en Graphic Films, estudio de artes gráficas y animación que había producido una película sobre un vuelo espacial para la Feria Mundial de Nueva York. El director de Senderos de gloria no tardó en conseguir su teléfono y le propuso trabajar para él en sus ambiciosa aventura espacial. La gran aportación de Trumbull a 2001: Una odisea del espacio acabó siendo la secuencia final de la “Puerta Estelar”.

Naves misteriosa
Cartel de la película 'Naves misteriosas', de Universal Pictures

En 1971, y tras trabajar en los efectos especiales de la magistral La amenaza de Andrómeda (dirigida por el director del primer Star Trek, Robert Wise), Trumbull se dispuso a rodar (y sin experiencia alguna como director) Naves misteriosas, una película de muy bajo presupuesto. Solo contó con un millón de dolares aportados por Universal, una verdadera miseria para una película de ciencia ficción (2001: Una odisea del espacio costó diez veces más) y en la que Trumbull usó algunos de los efectos especiales desarrollados en el clásico de Kubrick. 

El presupuesto de Naves misteriosas fue tan bajo que Trumbull no pudo contratar a los mejores y más cotizados creadores de efectos especiales, así que llamó a estudiantes universitarios para crear modelos y otros efectos especiales. Uno de aquellos estudiantes fue John Dykstra, eminencia que ha creado los efectos de películas como Invasores de Marte, Spider-Man o Godzilla y ha ganado tres Oscar. 

A pesar de lo achuchado de aquel presupuesto, Trumbull tuvo mucha suerte porque su guión gustó en el despacho adecuado y se aprovechó de una nueva tendencia en Universal Studios. Tras el inesperado y monumental éxito que había logrado Columbia Pictures con Easy Rider en 1969, el estudio de la bola del mundo pensó que era el momento de dejar paso a nuevos y jóvenes cineastas con películas casi independientes. Su idea inicial fue financiar cinco películas de bajo presupuesto (un millón de dólares o menos) y dar libertad absoluta en el rodaje y en el montaje final, algo casi inaudito en un gran estudio. Las películas elegidas por Universal fueron Naves misteriosas, Hombre sin fronteras, La última película, Juventud sin esperanza y American Graffiti, dirigida por George Lucas y la única del grupo de elegidas que acabó siendo un gran éxito de taquilla. 

Una de las más avanzadas ideas de Trumbull en la complicada producción de Naves misteriosas fue rodar buena parte de la película en un enorme portaaviones llamado Valley Forge, que es como Trumbull acabó bautizando a la nave espacial principal de la película. El portaaviones, de la clase Essex, había participado en la guerra de Corea y Vietnam y Trumbull hizo pintar la cubierta de su hangar para lograr el carguero espacial que vemos en pantalla. Tras acabar la filmación el buque fue desguazado.

Naves misteriosas, rodada de febrero a marzo del 71 y estrenada el 10 de marzo del 72, fue muy bien recibida por la crítica, que valoró su puesta en escena, su brillante guión y su avanzado mensaje ecologista, pero fue un rotundo fracaso de taquilla, nadie se interesó por ella en los cines. Una de las razones es que Universal, que aquel 1972 estrenó con gran bombo Frenesí y Matadero cinco, no se gastó casi nada en promocionarla. Fue el año de exitazos de taquilla como El padrino, Cabaret o La aventura del Poseidón

El guion de Naves misteriosas nos habla de un solitario científico (Bruce Dern, elegido después de que 17 actores rechazaran el papel) que vive y trabaja en una estación espacial junto a sus simpáticos robots. Freeman (hombre libre) Lowell tiene una misión de gran responsabilidad: mantener con vida las últimas especies botánicas de la Tierra. Pero por desgracia recibe la orden de destruirlas. Este guion fue escrito por Deric Washburn junto a dos tipos que más tarde se hicieron muy famosos: Michael Cimino (director de El cazador y que firmó como Mike Cimino) y Steven Bochco (creador de las míticas series La ley de Los Ángeles y Canción triste de Hill Street y que firmó como Steve Bochco).

El guion de Washburn, Cimino y Bochco no es del todo original y sigue el mismo esquema argumental del cortometraje de ciencia ficción de Rolf Fosberg Ark (1970). En este corto el medioambiente del planeta tierra ha sido completamente destruido y un solitario científico trata de preservar la vida silvestre con la construcción de una cúpula, pero finalmente es atacado y la cúpula destruida. Los parecidos son evidentes.

Como curiosidad ecologista, merece la pena recordar que en aquel guion solo aparecían tres cargueros espaciales (el Valley Forge, el Berkshire y el Sequoia), pero en las comunicaciones de radio se hacía mención al Yellowstone, el Acadia, el Blue Ridge, el Glacier y el Mojave, todos ellos parque nacionales o reservas. Y como estupendo remate hippie y ecologista, Trumbull introdujo en el montaje canciones de la cantante Joan Baez

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Cartel de la película 'Naves misteriosas', de Universal Pictures

Naves misteriosas es especialmente recordada por los amantes de la ciencia ficción por los tres robots que acompañan al protagonista en su aventura. Los llamaron Huey, Dewey y Louie, que es como se llaman los sobrinos del pato Donald. Los simpáticos androides fueron manejados por actores que podían meterse dentro de sus rígidas y ajustadas estructuras y solo lo pudieron lograr con intérpretes que no tenían piernas. Por cierto: estos robots se parecen muchísimo al famoso R2-D2. Se parecen tanto que George Lucas le pidió personalmente a Trumbull usar la forma de sus robots para diseñar a su famosísimo R2, entrañable amigo de C-3PO.   

De hecho, en 1975 Lucas le ofreció a Trumbull encargase de los efectos especiales de una película del espacio que estaba preparando para el estudio 20th Century-Fox y le estaba planteando un montón de problemas técnicos y de producción. Trumbull no lo vio claro y declinó su oferta porque además estaba trabajando en un proyecto que olía a éxito: Dune, finalmente un morrocotudo fracaso.

Años más tarde, 20th Century-Fox demandó a Universal alegando que la serie Galáctica, estrella de combate (para cuyo rodaje se usaron maquetas de Naves misteriosas y hasta planos descartados en montaje) era un plagio de La guerra de las galaxias, a lo que el servicio jurídico de Universal contestó que La guerra de las galaxias era un descarado plagio de Naves misteriosas. La cosa quedó en nada.

Hace casi medio siglo una pequeña película de un gran estudio nos avisó de que como sigamos arrasando el planeta con nuestra locura consumista y nuestra demente codicia vamos a acabar flotando por el espacio como el pobre Freeman. Es un buen momento para recuperar esta pequeña y humilde joya ecologista y hippie. Tiene encanto, no se arrepentirán.  

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