“Los últimos rescatados” del Open Arms se suman al apoyo a la ONG

  • Desde enero, el buque Open Arms está atracado en el puerto de Barcelona después de que se le denegara el permiso de salida
  • Ya no quedan buques de organizaciones humanitarias en la zona donde el año pasado más de 1.300 personas perdieron la vida.

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Cuando el barco de la ONG española Proactiva Open Arms, llegaba al puerto de Algeciras el pasado 28 de diciembre, Blessing, nigerina de 24 años, preguntaba preocupada si el equipo de la entidad humanitaria volvería a la zona de rescate en el Mediterráneo central, donde ella fue rescatada junto a otras 310 personas que naufragaban en tres botes de goma en su periplo en busca de refugio.

Esta joven, que primero huyó de Nigeria donde acecha el grupo terrorista Boko Haram, además vivió en primera persona lo que ella misma describió como “el infierno de Libia”. Allí dio a luz a su hijo Excel, un bebé de seis meses que sobrevivió con ella a aquel horror que deja oscuros recuerdos en su memoria.

Nnamdi, otra de las personas rescatadas, también se deshacía en palabras de gratitud y agradecimiento hacia la tripulación. Pero, además, les dejó un mensaje de ánimo: “Chicos, volved allí otra vez y haced lo mejor que podáis, porque tenemos a muchos hermanos que están sufriendo en Libia”.

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Sin embargo, aquella se convirtió en la última misión de la ONG hasta la fecha. Desde enero el buque Open Arms está atracado en el puerto de Barcelona después de que la Dirección General de la Marina Mercante, dependiente del Ministerio de Fomento, denegara el permiso de salida al barco humanitario para zarpar hacia aguas internacionales próximas a Libia con el objetivo de salvar vidas de personas migrantes en peligro.  

El pasado 2 de febrero el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, acudía al programa de televisión, La Sexta Noche, e incidía acaloradamente en que “cuando se realiza un rescate es porque es urgente, porque esas personas están en peligro, en riesgo”.

Precisamente, un ejemplo de ese riesgo extremo al que alude el ministro, es Embran, un niño de 14 años que huyó solo desde Somalia y uno de los últimos supervivientes de este tramo migratorio, considerado uno de los más mortíferos del planeta. Fue rescatado por el barco de Open Arms en su última misión y después fue evacuado por la guardia costera italiana debido a una grave infección en los tejidos de la cara, fruto de violencia y abusos sufridos en Libia.

Desde el centro para menores no acompañados en el que ahora vive en Roma, Emran se comunica por videollamada con otros compañeros de este dramático viaje, Abadallah e Ibrahim, que ahora están en Madrid. “Nosotros fuimos los últimos rescatados”, le explican al pequeño, que preguntaba atónito por qué.  

Según la intervención de Grande-Marlaska en el programa televisivo, “no se está bloqueando a ningún barco (en referencia al Open Arms y Aita Mari)” y trataba de justificar que los barcos de rescate humanitario de las ONG no gozan de permiso para salir de aguas españolas por una “cuestión administrativa, porque no cumplen los requisitos oportunos que garanticen  la seguridad en rescates de ese tipo, por el viaje que supone desde el Mediterráneo central, los días de travesía, los días de riesgo para los propios migrantes durante tanto tiempo”.

Una postura que refuerza y consiente la política migratoria europea, como el cierre de puertos seguros, liderada por Italia y Malta y ahora secundada por otros gobiernos, como el español o francés.

En noviembre de 2018 el Aquarius de SOS Mediterranee y Médicos Sin Fronteras dejó de operar después de que las autoridades italianas exigieran la inmovilización del barco, acusado de descargar residuos tóxicos. El 1 de febrero, también fue bloqueada en Sicilia la última nave de rescate que operaba en la zona.

Ya no quedan buques de organizaciones humanitarias en la zona donde, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el año pasado más de 1.300 personas perdieron la vida al intentar llegar a Europa y en lo que llevamos de año, se tiene constancia de más 200 desaparecidos.

Para evitar que estas tragedias sigan ocurriendo y puedan volver a zarpar para salvar vidas, Proactiva Open Arms y Salvamento Marítimo Humanitario cuentan con el apoyo de buena parte de la sociedad. Por eso, el pasado jueves presentaron cerca de 150.000 firmas en el Congreso de los Diputados.

Ashwaak, una joven que, al llegar a territorio español, la Administración le asignó la mayoría de edad, también se suma a la campaña de apoyo. Su periplo comenzó en Somalia, pasando por Yemen, Sudán y Libia. Un calvario del que empezó a desprenderse el 21 de diciembre cuando el barco de Proactiva Open Arms la rescató del mar.  

“Dejan todo atrás para salvar miles de vidas. También salvaron mi vida cuando estuve en el Mediterráneo. Se lo agradezco sinceramente. Os queremos Open Arms. Free Open Arms”, escribe la joven en sus redes sociales, en agradecimiento y solidaridad con la ONG.

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