Criar a un hijo (y a un nieto) en la España posrecesión

  • El testimonio de Alicia inicia una serie de testimonios sobre la España que aún no ha salido de la crisis
  • Tras años de crisis, la escasez se ha vuelto cotidiana y los protagonistas nos cuentan cómo "se apañan"

A Alicia le duele el estómago, pero opta por no comprar una caja entera de Omeprazol para un dolor puntual. Prefiere aguantar, un verbo que para ella se ha vuelto rutinario. Con un trabajo de unas pocas horas limpiando una casa no puede permitirse imprevistos, ni siquiera estos. Esta mujer de 42 años forma parte de ese 36% de los hogares españoles que no tiene capacidad para afrontar gastos no planificados y del 10,4% de los que llega a fin de mes con "mucha dificultad".

Alicia vive junto a su hija y su nieta. Su casa es un matriarcado. Antes de la crisis tenía empleo de manera regular, pero desde hace cinco años pasa periodos en paro, hace suplencias o trabajos puntuales como limpiadora, reponedora o "lo que salga". No es una excepción, en España, la temporalidad está en el 26,36%. La espalda de esta mujer sostiene buena parte de la economía familiar. Es una madre que ayuda y una abuela que cuida.

Su hija, de 24 años, también trabaja días sueltos. Durante un tiempo estuvo en un bar de cocinera. "No la daban de alta, cada día le hacían hacer más horas hasta que decidieron cerrarlo para montar otro más pequeño", cuenta su madre sobre la precariedad a la que también se enfrenta su hija que, como muchos otros jóvenes, vive con su progenitora. En su caso, la mala situación económica ha caído en cascada.

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Alicia Fernandez.
Alicia Fernández.

El resultado de tanta precariedad es que el dinero da apenas para pagar un alquiler, aunque sea barato. La entrevista se produce en una concentración de la plataforma Stop Desahucios. Alicia sabe lo importante que es pagar el alquiler porque ha visto muchas veces qué ocurre cuando no se hace. En su caso, lo tiene claro, prefiere pagar el techo y ajustar el gasto en la comida: "Tenemos una pequeña ayuda de comedores sociales y la familia me ayuda con la carne y me hace alguna compra". Si tienen que elegir en el supermercado, mejor chuletas de aguja de cerdo o cinta de lomo y los yogures siempre de marca blanca.

La precariedad en el trabajo combinada con el alto precio de la vivienda en ciudades como Madrid forman un cóctel explosivo que recae en las familias más vulnerables. El Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil se preguntó explícitamente en abril de 2019 qué impacto tiene el coste de la vivienda sobre la pobreza infantil en España, en un breve documento publicado en su web. Sus conclusiones son claras: "4 de cada 10 niños en situación de pobreza viven en hogares que sufren un problema de sobrecarga por gastos en vivienda. Además, avisa de que esta "sobrecarga" ha aumentado en algo más de 10 puntos porcentuales entre 2007 y 2017". En el caso de Alicia, esto repercute directamente en su alimentación, la de su hija y su nieta.

La brecha en la crianza

El último miembro de este matriarcado es una niña de siete años. Cuatro meses después de dar a luz, la hija de Alicia encontró un trabajo y tuvo que dejar la lactancia materna: "Era trabajar o darle el pecho". Esto cerró la vía de la leche materna y tuvieron que comenzar a gastarse dinero en las (caras) leches de fórmula de las farmacias. "Mi niña se ha creado cada mes con una leche. No podíamos comprar la suya. Unos meses sí, otros no. Si en la farmacia me daban muestras de propaganda, las cogía. La cosa es que se alimentara", explica. Tuvo la suerte de que en ese momento, Alicia trabajaba en un hospital y las enfermeras también le echaban una mano con los pañales.

Ahora la niña ya ha crecido y atraviesa los primeros cursos de primaria. En el colegio también hay diferencias, aunque sea público. A los libros, se suman otros gastos, como el material escolar o la ropa, que a los niños les dura poco. Alicia también se queja de la brecha digital que va aparejada a la brecha de ingresos y suele ser ignorada por las administraciones: "Ahora ya nos dicen que los niños tienen que tener tablets y ordenadores. Te dan un código para que metas en internet. Cuando pregunté me dijeron que en el cole tienen el material, pero yo en casa no, ¿cómo va a hacer los trabajos?". Alicia no tiene ningún PC, pero además, no tiene tampoco ADSL en casa: "Si quieres poner internet, te dicen que es un artículo de lujo".

"Te pillan por todos los lados", resume Alicia. Pese a todo, confía en el futuro y está ilusionada con un trabajo que comienza de dentro de unos días. "Espero meter la cabeza y poder plantearme algo".