Balance económico de Zapatero: dramático, pero con retirada honrosa

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Zapatero, durante su intervención en un mitin de los socialistas murcianos, el pasado domingo. / (Efe)

Nuestro todavía presidente Zapatero ha obtenido recientemente la licenciatura en presidencia de Gobierno y justo cuando empieza a saber del tema le toca irse. No le tengo la menor simpatía, pero estoy seguro de que a partir de ahora gobernaría magníficamente. Acabó la carrera y el master, en el que como casos prácticos le han tocado la mayor crisis de la historia y en el plano local, el paro y la reorganización del sector financiero.

Ahora ya sabe lo que es ser presidente, después de una legislatura y media. Que no se puede prometer sin más, porque cuesta dinero y, aunque sea público, se acaba. Eso se lo inculcó un Solbes que hizo las veces de Pepito Grillo. Después de mil contingencias y experimentos, ha comprendido lo que significa ocupar Moncloa. Lo malo; lo dramático es que los conejillos de indias hemos sido los españoles y que su aprendizaje se salda con 4,6 millones de parados, una cifra que pensábamos que no se iba a volver a dar nunca.

No hay que ser del PP ni del PSOE para reconocer que Zapatero ha sido un mandatario calamitoso en lo económico. Sindicatos, sociedad... todos tenemos claro que la avalancha que nos ha venido encima a partir de 2007 al primero que le ha venido grande ha sido a nuestro presidente. Pero al final ha optado por quemarse él mismo en la intentona de reconducir esto. Se inmola en plaza pública y renuncia a su carrera política de primer orden para que el que venga después tenga un escenario algo más despejado.

En muchas de estas tertulias de extrema derecha de las que se ríe el ministro Rubalcaba se descartaba que Zapatero estuviera teniendo la altura de miras para quemarse con las reformas impopulares y, una vez sufrido él todo el desgaste, dejar un panorama más apacible para el próximo Gobierno. Parece que no tenían razón. Si es así, estamos ante un gesto de estadista, aunque llegue después de una trayectoria penosa. Pero, igual que se le reconocen los errores, habrá que valorarle los aciertos, por pocos que hayan sido.

Desde hace algo más de un año, nuestro presidente se está comiendo sapo tras sapo: tuvo que bajar el sueldo a los funcionarios (algo a lo que cualquier mandatario se resistiría como gato panza arriba, ya que supone enfrentarse al 20% de los trabajadores), endurecer las pensiones, promocionar una reforma laboral, retirar de golpe sus promesas sociales populistas... recortar bienestar social, en definitiva.

Nuestro Zapatero llegó al poder con la misma experiencia que la de un mozalbete imberbe entrando de meritorio en una empresa con 16 años, en los años del desarrollismo español. Aterrizó con cierta aureola mesiánica, como un elegido que venía a purgar los vicios de un aznarismo manchado por el chapapote y la foto de las Azores. Su capacidad para ganar las primarias y luego las generales gracias a un 11-M y una gestión nefasta de los atentados por parte del Gobierno popular le hicieron convencerse a él mismo de que los astros se confabulaban en su favor.

Su primera actuación, retirar las tropas de Irak, le granjeó un aplauso total. “Qué fácil va a ser esto”, debió pensar. Su primera legislatura se trufó de continuos gestos hacia lo que él llama ‘derechos civiles’: matrimonio gay, memoria histórica, incluso se metió en dos jardines de los que, sin embargo, tardó en salir escaldado: negociación con ETA y Estatut de Cataluña. Pero eso fueron dos cuestiones de largo plazo.

El presidente se sentía muy cómodo en este terreno, ya que la economía iba sola. Así, no fue difícil ir dotando de más dinero al fondo de las pensiones y se pudo poner la medalla en 2007 de obtener la mejor cifra de desempleo conocida en la historia de la democracia. Por desgracia, este último dato se alcanzó por las últimas millas que recorre un petrolero cuando se le detienen los motores. Son muchas, pero si no se detecta que la hélice no da vueltas, será muy costoso volver a avanzar de nuevo. Y así pasó.

Incluso en ese periodo ya hubo episodios celebérrimos en lo económico: la Oficina Económica, que diseñó un relevo de presidencias de las principales empresas españolas, públicas hasta no hacía demasiado tiempo, en las que los ejecutivos de entonces fueron puestos por el PP tras el proceso de privatización. Cayó como fruta madura Alfonso Cortina, de Repsol, pero se resistió un Francisco González en BBVA con el que Miguel Sebastián, director de la Oficina, tenía cuentas pendientes. Tampoco Alierta, que se protegió magníficamente.

Más sangrante fue lo de Endesa, un culebrón indigno en la historia empresarial española. Nuestra principal eléctrica iba a ir a parar a Gas Natural, en una operación muy a la baja, con poco dinero por medio y un innegable tufo político (con el Estatut de fondo), en la que ni Iberdrola se cortó de subirse al carro para quedarse con los activos redundantes.

El órdago de Manuel Pizarro y su directiva con E.On, que al menos pagaba bien con dinero a sus accionistas, se saldó con nuestra mayor eléctrica en manos de una empresa pública italiana. Cuanto más pasa el tiempo más indignante parece a la opinión pública este sinsentido. Un país sin empresas grandes y punteras no tiene sitio en el concierto internacional.

A finales de la legislatura anterior, llegó otro episodio vergonzoso: la negación de la crisis y el aseguramiento a la sociedad de que saldríamos de rositas. Zapatero, todo un experto en decirle a la gente lo que quiere oír, no lo verdadero, negó la mayor todo el tiempo que pudo. Solbes mintió en campaña electoral a sabiendas y dicen que el propio David Taguas, sucesor de Sebastián en la Oficina Económica, decía a sus cercanos que “aquí no quiebra ni dios hasta después de las elecciones”.

En los primeros compases de 2008 las cifras de PIB ya languidecían, aunque Solbes aseguró que se trataba de un trimestre tonto y que se retornaría a las sendas del crecimiento sin mayor problema. Luego, tuvieron un 2009 sonrojante, en el que las cifras de paro aumentaron a un ritmo de 100.000 personas al mes. Algo inaudito, de país tercermundista. En abril de dicho ejercicio, Solbes se marchó, cansado del desgaste de Gobierno y de dar la cara por un presidente que todavía se negaba a reconocer abiertamente la gravedad del momento ni a tomar medidas.

Mientras, se procuraba también presumir de sistema bancario. Es cierto que nuestros bancos y cajas no han provocado ningún quebradero de cabeza a la comunidad internacional, pero también que se han perdido unos años preciosos.

Y en estas, después de unos sonrojantes episodios en lo internacional, tras una participación en el foro de Davos en la que nos situó junto a los países del pelotón de los torpes, después de que Angela Merkel y Obama hayan sacado los colores y obligado a hacer reformas, Zapatero ha salido a hacer buenos los deseos de Emilio Botín: termina la legislatura, hace los deberes, acaba con las incertidumbres y no repite.

Si Zapatero consigue finalizar el proceso de reordenación financiero y culmina una o dos reformas de calado que pongan fin al proceso de destrucción de empleo, podrá irse al menos con dignidad, dejando un camino mucho más allanado para el PP o un Gobierno del PSOE que seguramente no sería deseable, por aquello de lo sano de la alternancia.

5 Comments
  1. eva says

    Zapatero usted ha tenido mucho aguante con lo que le ha tocado no ha fingido no podía poner otro rostro otro gesto lo cual le ha hecho de hierro también a usted ya que el deber le convirtió en un hombre comprometido pero nunca frío con sus colegas

  2. eva says

    le da tiempo a la reforma laboral

  3. eva says

    lo más importante es que nada tiene importancia mientras esté ahí usted

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