CEOE aplaza el acuerdo de negociación colectiva hasta después de las elecciones

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Imagen de la manifestación del 1 de mayo celebrada en Valencia con la participación de los secretarios generales de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, y UGT, Cándido Méndez. / ccoo.es

(Actualización de las 21.00 horas con el resultado de la reunión mantenida ayer por los secretarios generales de CCOO y UGT, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez, respectivamente, y el presidente de la patronal, Joan Rosell).

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Patronal y sindicatos llevan meses debatiendo bilateralmente sobre la reforma de la negociación colectiva, y no se ponen de acuerdo. Ayer, jueves, los máximos responsables de CCOO, Ignacio Fernández Toxo; UGT, Cándido Méndez, y CEOE, Joan Rosell, se volvieron a reunir y, según fuentes sindicales, acercaron posiciones, pero no lo sofuciente como para firmar un acuerdo antes de las elecciones, tal y como deseaba el Gobierno. Esta posibilidad quedó truncada desde el momento que CEOE informó que no reunirá a su órgano directivo (encargado de rarificar el acuerdo) hasta pasados los comicios. Parece que la sombra del Partido Popular sigue siendo alargada.

Dos cuestiones han centrado la discordia en las negociaciones: la aplicación  automática de los convenios sectoriales y territoriales en aquellas empresas que no cuenten con un convenio propio (la razón que da sentido al carácter confederal de los sindicatos) y la ultractividad de los convenios, esto es, qué pasa cuando un convenio vence y los representantes de la empresa y los trabajadores no se han puesto de acuerdo respecto al siguiente. Estos importantes asuntos -de difícil venta mediática, por enrevesados,- afectan a 5.000 convenios y a más de diez millones de trabajadores. Las reglas de juego que están sobre la mesa de negociación rigen la mecánica de las relaciones laborales de este país desde hace 31 años y, durante ese tiempo, han generado resultados calificados por todos como ‘positivos’. El acuerdo, si es que se produce, no resolverá los gravísimos problemas de empleo (4.269.360 desempleados según los datos de paro registrado del mes de abril facilitados el miércoles por el Ministerio de Trabajo), aunque el Gobierno, en su deriva reformista, lo ha situado en el disparadero de las soluciones mágicas y lo ha comprometido con sus socios europeos.

¿Y por qué no se produce el acuerdo? Quizás porque una negociación bilateral nunca fue tan multilateral y porque la coyuntura política y social de la crisis impone, también en este asunto, sus reglas. ¿Cuáles son las diferencias de fondo? La primera, que la patronal, siguiendo la llamada fórmula Merkel - bendecida por la vicepresidenta económica, Elena Salgado,- quiere primar, en aras de la competitividad, los convenios de empresa frente a los sectoriales y territoriales, un asunto que golpea directamente en la línea de flotación de los sindicatos como organizaciones confederales útiles para defender, por arriba,  los derechos de los trabajadores que no tienen capacidad  de negociar por abajo. Las recetas neoliberales para la salida de la crisis en la que nos metieron las recetas neoliberales insisten en que cada empresa es un mundo y cada trabajador un ser aislado en un entorno plagado de dificultades. Los sindicatos, por su parte, saben que buena parte de su razón de ser pasa por su capacidad para alcanzar acuerdos generales que den cobertura a los derechos de aquellos trabajadores que no pueden conseguirlos en el ámbito de su empresa. Y no están dispuestos a renunciar a eso, por mucho que le pese a la vicepresidenta Salgado.

La otra fuente de discordia es la ultractivdad de los convenios, esto es, qué pasa cuando la vigencia de un convenio termina y todavía no se ha producido un acuerdo entre los representantes de los trabajadores y de la empresa respecto al siguiente. La patronal dice que cuando un convenio vence, vencido está, y que sus disposiciones no se pueden prolongar indefinidamente en el tiempo. Los sindicatos dicen exactamente lo contrario: los convenios, aunque vencidos, siguen vivos hasta la aprobación del siguiente. Evidentemente, unos y otros se juegan mucho en este asunto, porque para los miles de empresarios y comités de empresa de este país no es lo mismo negociar desde cero que hacerlo desde el convenio anterior. En ambos asuntos se avanzó ayer, aunque,según fuentes de la negociación, sin concreciones.

Pero no sólo los asuntos de fondo dificultan el ansiado acuerdo, porque la negociación se produce en un contexto perfectamente definido donde cada parte juega sus bazas. El panorama de negociación de la patronal es prístino: si no hay acuerdo, la pelota se situará en el tejado del Gobierno, que tendrá que remitir un proyecto de ley al Parlamento, donde las tesis empresariales contarán con el respaldo no sólo de sus habituales compañeros de viaje (PP, CiU, PNV), sino, quizás, con las del propio Grupo Socialista. Desde el lado de los sindicatos las cosas se ven de otra manera: es vital alcanzar un acuerdo en el marco del diálogo social, porque si el asunto se traslada al Congreso, la batalla estará perdida. Y a estos condicionantes hay que añadir otro: hoy arranca la campaña de las elecciones autonómicas y municipales, donde PSOE y PP se juegan mucho. Y, con la que está cayendo, está claro que para el Gobierno, que sigue desangrándose electoralmente por la izquierda, el anuncio de un acuerdo con los sindicatos sobre la última reforma que queda pendiente, la de la negociación colectiva, sería un balón de oxígeno. Al final, no ha podido ser y, la semana que viene, los negociadores habituales volverán a sentarse para intentar poner negro sobre blanco el acercamiento que 'los jefes' certificaron ayer.

1 Comment
  1. laura says

    Muy esclarecedor el artículo.

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