La banca de inversión no tiene bastante y quiere el precio del crudo más alto todavía

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Evolución del precio del crudo en los últimos 30 días. / oil-price.net

No nos cansaremos de insistir desde cuartopoder.es que la cotización actual del crudo es una salvajada, culpa de los excesos del pasado que continúan apretando a la sociedad en el futuro. Inyecciones de dinero desaforadas de los bancos centrales, rescate a bancos de inversión artífices de malas prácticas que, a su vez, se han dedicado a inflar los precios de las materias primas con esa liquidez. Todo eso ha dejado al Brent por encima de los 100 dólares, pero los especuladores quieren más. Apuntan ahora a 150 dólares el barril.

A los actuales precios ya tenemos un mundo prácticamente insostenible, con los alimentos en máximos históricos y nuevas hambrunas, mientras el mundo avanzado, ese que presume de sociedades democráticas en las que manda la clase media, está absolutamente estrangulado por unos precios de los combustibles injustificados, impulsados por la gran banca de negocios.

No hay ninguna razón aceptable para que el crudo esté tan caro. Ni hay problemas de producción ni mucho menos las economías crecen a un ritmo desbocado que genere tanta inflación. Los lobbies ya se encargan de agrandar los conflictos internacionales para justificar este encarecimiento.

Y ahora se acerca ya el otoño, lo que permite augurar a determinados expertos en la materia que llegarán nuevas subidas. Ahí está Citigroup, vaticinando que llegaremos a los 150 dólares el barril, lo que supone más de un 25% más sobre los precios actuales. O algunos fondos especulativos que se han hecho de oro (nunca mejor dicho) y continúan tomando posiciones alcistas, ante la seguridad de que el metal precioso y demás materias primas (por supuesto, el petróleo entre ellas) no cesaran en su pujanza.

Si ahora mismo el litro de diesel más barato se encuentra en el entorno de los 1,28-30 euros por litro en las gasolineras, una simple regla de tres permite vislumbrar un precio superior a los 1,6 euros. Otro día hablaremos de la manipulación de precios de las gasolinas por parte de las grandes compañías. Una locura, inasumible para las familias y colectivos profesionales.

No conozco la situación, pero estoy seguro de no equivocarme si digo que Citigroup tiene unas fuertes posiciones largas sobre el crudo, a través de derivados, así como que realiza funciones de brokerage para hedge funds que también tienen posiciones apalancadas al alza sobre petróleo.

Un informito oportuno ahora engrasa lo suficiente el mercado para que continúan las alzas ya que, por desgracia, hay determinadas firmas cuya opinión mueve las cotizaciones, a pesar de que también toman posiciones propias sobre los activos de los que informa.

Una situación endemoniada, que continúa a día de hoy a pesar de que ha causado tantos quebraderos de cabeza en esta crisis. No sólo se trata del Citi, ahí están Goldman, JP y compañía. Todos, estrujando los precios de las materias primas hasta un punto en el que no se puede llegar.

Demuestran incluso una falta de visión tremenda, porque resulta absurdo pretender el enriquecimiento más brutal a costa de llevar al mundo a la miseria. Eso acaba por saltar por los aires y ahí se está gestando algo que cuando estalle superará cualquier previsión.

Ahora, prevén justificar el subidón del petróleo por la llegada de un otoño que, por supuesto, será más frío de lo esperado. Y así sucesivamente. Es increíble que los Gobiernos, empezando por Obama, no hayan tomado algo de cartas en el asunto.

Mientras la gran actualidad está centrada en las crisis de deuda, los presuntos rescates a países y la ruina del euro que tan bien se encargan de airear desde el otro lado del Atlántico, nadie hace nada con una híper inflación del crudo que hace imposible cualquier recuperación económica.

Nadie hace tampoco nada contra unos bancos de negocios que no deberían haber sobrevivido a la caída de Lehman. Sin embargo, se les rescató de manera incondicional, porque así está montado el sistema. Las entidades financieras se dedican a ganar de manera exponencial, sin controlar los riesgos, porque cuando caen, nos toca a todos pagar por ellos.

Sólo nos queda esperar que no se cumplan los augurios de Citi, o nos asolará una nueva oleada de pobreza a todos.

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