Los grandes asuntos empresariales en los que seguro querrá enredar el PP si gana

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A medida que se acerca el 20-N, crecen los acercamientos al PP más descarados. Todo indica, a tenor de las encuestas, que ganarán de calle en las próximas generales, básicamente por una debacle socialista sin precedentes, lo que dejaría a Rajoy en La Moncloa, por fin, y con mucho poder. A partir de ahí, cambia el escenario empresarial y hay muchas entidades de primera línea con cuitas en las que, sin duda, entrarán los populares.

Mariano Rajoy, al que tanto han ignorado en tiempos pasados, tildándole de soso, perdedor, sin capacidd de suscitar eutusiasmos y un largo etcétera (conviene recordar que a Aznar también se le puso una etiqueta de pánfilo incapaz de manejar un partido ni un país en tiempos pretéritos) resulta que convierte la presentación de un librito sin la menor sustancia en un acontecimiento.

Algo parecido puede decirse de la ‘vice’ Soraya Sáenz de Santamaría (como ya se le llama ahora sin recato), que también congregó en un desayuno, muy bien patrocinado, a la crema empresarial. Soraya tuvo un discurso de marcado carácter económico, no en vano esa es la mejor credencial de los populares. Así, arremetió contra el Banco de España, en un momento en el que el sistema financiero español está que echa humo por todas partes. Tampoco olvidó otros asuntos como el desempleo y la reforma laboral.

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Pese a que desde Génova siempre se han formulado postulados liberales, poniendo como bandera el libre mercado y el no intervencionismo, la verdad es que el PP ha sido siempre un maestro a la hora de manejar situaciones empresariales. O al menos, lo ha hecho infinitamente mejor que el PSOE. Supo colocar en las compañías privatizadas a personas de su confianza que todavía duran en muchos casos y en los pocos que no ha sido así, será difícil que resistan la tentación de volver a situar peones. Eso sí, para ello deberán conseguir los más de 180 diputados de los que hablan las encuestas o, el menos, hacerse con una mayoría incontestable.

Hay que reconocer, por el contrario, que en el PSOE hubo una torpeza enorme para hacer lo mismo. Hasta el más acérrimo socialista aceptará que los Alierta, FG, Pizarro... tienen muchísimo más peso específico que los Sebastián, Arenillas, Taguas, Solbes etc que intentaron remover los sillones presidenciales de nuestras grandes corporaciones.

Probablemente, el asunto más tenso actualmente es Repsol. Ahora mismo, Sacyr y Pemex mantienen una guerra abierta contra la cúpula de la petrolera que preside Antonio Brufau, aunque el timing para desenterrar el hacha de la guerra ha sido penoso. Los mexicanos y la constructora se han aliado para ganar poder en nuestra multinacional, pero las maniobras que llenan todos los días los periódicos son ya fuegos de artificio.

Será el 20-N quien marque el nuevo entorno de la lucha. Y ahí los populares tienen, en primer lugar, una espinita clavada, ya que Alfonso Cortina fue el único de sus presidentes que entregó la cuchara al menor mal gesto del PSOE.

Cortina, hombre acomodatcio, con la vida más que resuelta y poco belicoso, se marchó en cuanto se lo sugirió la vice De la Vega. En Moncloa brindaron y fueron entonces por BBVA, Telefónica y Endesa, encontrándose con una resistencia invencible. El culebrón de la eléctrica pasará a la historia empresarial más tenebrosa de España.

En Génova creen que en Repsol se podría haber hecho mucho más, pero ahora se encuentran con un Del Rivero (Sacyr) al que no pueden ver por su connivencia con Miguel Sebastián en asuntos como el asalto al BBVA. Por otro lado, sin embargo, Brufau no es un presidente de su cuerda. No pertenece ya a La Caixa y se le ha puesto siempre en la órbita del PSC.

¿Por dónde derrotará ese asunto? En Sacyr se enfurecen cuando les dicen que quieren el control de Repsol para trocearla o venderla, aunque es inevitable que se haga eso con una compañía tan endeudada como la que preside el ingeniero murciano. Un socio asfixiado es el peor acompañante a la hora de diseñar un proyecto industrial.

Si antes hablábamos de culebrón, habrá que ver también si en Génova contemplan sin más cómo la en su día mayor eléctrica, presidida por Manuel Pizarro, está ahora en manos de una eléctrica pública italiana que no brilla precisamente por su eficiencia, con un presidente como Borja Prado que, además, es el hombre de Mediobanca en España, lo que genera eternas dudas sobre su compatibilidad.

Sin duda, en el PP habrá muchas ganas de hacer algo con una compañía que presidía uno de sus puntales, que luego fue objeto de sucesivas ofertas con un inaceptable tufo político (las de Gas Natural y Enel, manipuladas desde la Oficina Económica, mientras la de E.On contaba con todo el cariño pepero) y finalmente acabó en manos públicas. ¿Habrá contactos con Berlusconi?

Conviene no perder de vista al Santander, con la situación fiscal de su presidente, Emilio Botín, y judicial de su consejero delegado, Alfredo Sáenz. Ya hay soluciones rápidas en lontananza, como no podía esperarse otra cosa y sin duda habrá buenas relaciones entre Génova y la Ciudad Financiera .

Mirando a nuestra otra gran empresa, Telefónica, hay un asunto sobre el que también hay enorme expectación. Se llama Javier de Paz, el amigo de Zapatero, que entró en la casa a la vez que Manuel Pizarro y que se quedó sólo tras la espantada del último. ¿Se puede dimitir del consejo de la operadora apenas 15 días después de haber sido nombrado? Pizarro lo hizo. Jamás sabremos por qué pasó del confortable sillón de la compañía a realizar mítines por Carabanchel.

Dicen que el ex presidente de Endesa insistió mucho a Alierta para que le hiciera un hueco en el máximo órgano de la empresa y para hacerle el favor al amigo tuvo que meter en el mismo a De Paz, que fue fotografiado accediendo a Ferraz en el coche de Zapatero en la noche electoral del 22 de mayo. Al parecer, contra su gusto, aunque las críticas llovieron entonces y le señalaron todavía más.

Alierta no tiene ganas ahora de defenestrar a nadie, aseguran fuentes cercanas a la operadora. El máximo ejecutivo insiste en mostrar a los cuatro vientos que a él ni le ponen ni le quitan a nadie, aunque si Rajoy ocupa la Moncloa, la mirada desde Génova será más que torva. Claro que ahí está Zaplana como alto cargo telefónico, sin hacer apenas ruido, como experto europeo.

Pero donde debería centrarse el PP es en el sector financiero. La presunta reordenación del sector financiero es una incógnita. Sólo está sirviendo para que haya más escándalo. La CAM es un desastre y ha tenido que ser intervenida, pero sus directivos siguen llenándose el bolsillo sin que pueda hacerse nada. En Cataluña las cosas no van mejor.

¿Se atreverá Rajoy a cortar por lo sano, meter en vereda a esas entidades, haciendo drásticos relevos de gestores, obligando a que se conozca la situación real de las firmas en cuestión? ¿Se pondrá a trabajar realmente el Banco de España en este sentido, sin trabas ni politiqueos? Por ahí tiene que empezar la reconstrucción de este país.

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