De Zapatero a José Luis

Rodríguez Zapatero durante su intervención en el mitin de campaña celebrado el pasado jueves en Elche. / Morell (Efe)

Hasta ayer, a nadie parecía importarle un ¿bledo? la agenda electoral de Zapatero, que, por cierto, casi ni existe en la página web del PSOE. Ni tan siquiera parecía importar a nadie el atrezzo que ¿arropará? al presidente en su último mitin como jefe del Gobierno de España, y que -eso sí que se sabe- se sustanciará el próximo 18 de noviembre en León. Es a estas horas de la noche del sábado 11 de noviembre -cuando empiezo a perpetrar esta crónica, a siete días del inexorable agur de ZP-, cuando la maquinaria socialista acaba de informar, por lo bajinis, que el escenario en el que se consumará el adiós será la plaza de toros de León y que el formato, decidido en el último momento, será una cena-mitin para la que habrá que recoger ticket en la sede del partido de los socialistas leoneses, lo que parece indicar que el evento será más entrañable que multitudinario.

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La obsesión por esconder al presidente durante la campaña se ha mantenido hasta el último instante. De hecho, hasta ayer mismo, la puesta en escena se había planificado en un recinto más recogido, más pequeño, pero, al final, a alguien le debió parecer que eso no era suficiente para zanjar casi ocho años de gobierno. Da la impresión de que nadie sabe qué hacer con la despedida de José Luis, que lleva meses siendo una auténtica sombra de sí mismo. “Niño, deja ya de joder con la pelota”. Así de dura, a veces, es la vida.

Zapatero, que durante años ha conformado no mayorías, sino unanimidades en su partido, se despide en León y, según lo que parece, más solo que la una. ‘Solo’, se entiende, en el sentido federal de la palabra, porque la intensidad de la respuesta de leoneses y afligidos de otros puntos de España y del mundo (gays, inmigrantes, soldados rescatados de la guerra de Irak, nietos de abuelos enterrados en los descampados patrios durante y después de la maldita Guerra Civil), a falta de encuestas, se desconoce.

El todavía presidente ha sido tratado como un apestado durante la campaña electoral, en la que no ha rascado bola. Felipe sigue siendo un monstruo; Alfonso, una máquina capaz de decir que Rajoy es el tumbao de la galbana. ¿Y Zapatero? ¿Dónde se ha metido Zapatero? ZP ha estado escondido y ha estado haciendo gracietas en las cumbres europeas con Sarkozy –conmovedora la imagen del presidente echando la mano al hombro del gabacho que acababa de ser, otra vez, papá-. ¿Y por qué lo esconden? Quizás porque, de su única intervención electoral hasta la fecha, la que protagonizó junto a Leire Pajín el pasado jueves en Alicante, los telediarios destacaron el patético momento en el que el presidente se jactaba de que había estado hablando con la Merkel y que la cancillera le había felicitado por su política de ajustes y que, a más a más, le había dicho que estaba con él en lo de que no puede haber una Europa de dos velocidades.  Triste para Zapatero, malo para Rubalcaba.

A Zapatero le queda otro mitin en Málaga para arropar a Trinidad Jiménez, el único en el que coincidirá con Rubalcaba, y la despedida en León. Deslucido final para un tipo errático y honesto. ¿Cuántos de los que se han pasado casi ocho años dándole palmadas en la espalda acudirán a la postrera cita? Me temo que pocos. Y eso sí que es seguro - está confirmado, vamos-, no dependerá del menú.