El ‘mercadillo’ laboral

Concentración de ayer en Bilbao del comité de empresa de La Naval ante el anuncio de un nuevo ERE. / Luis Tejido (Efe)

No me parece que uno deba de jactarse de no leer los programas electorales de los partidos, y menos siendo periodista; por eso no lo haré, aunque así haya venido siendo en los últimos años. Cuando ayer hincaba los codos frente al ordenador para repasarme las ofertas electorales respecto al ‘mercadillo’ laboral  -que es así como me compongo esta historia en la cabeza, como una especie de colorido y disparatado bazar-, recordé que dejé de leerlos porque no me aportaban demasiado. Y lo cierto es que, aunque suene a topicazo de Rubalcaba, no sabría decir qué es lo que propone el Partido Popular al respecto, porque con su programa en la mano se podría hacer cualquier cosa, desde una reforma laboral integral (que solo tiene el nombre, porque en ningún momento se dice en qué consiste), hasta una simplificación en la tipología de los contratos (también en el limbo) o la puesta en marcha de un fondo individualizado para cada trabajador que contemple la capitalización frente al despido y favorezca la movilidad, una cosa que algunos sabemos lo que es y que dicho así queda muy bonito. pero que no tengo ni idea de cómo lo financiarán los amigos de la gaviota, fundamentalmente, porque no lo dicen.

Lo que sí me ha quedado claro es el papel que el PP reserva al  diálogo social, un término que no aparece reflejado ni una sola vez en su programa, lo que me lleva a pensar que lo que tenga que hacerse, se hará, y se acabó. Ninguna de todas estas cosas me sorprende. Lo que sí me sorprende es que el Partido Socialista dedique un montón de páginas a intentar explicar lo que ha hecho en estos últimos años (reforma laboral, reforma del sistema de pensiones,  encadenamiento de contratos temporales, entre otras cosas), y todavía me sorprende más que siga asegurando – con casi cinco millones de parados y unas tasas desorbitadas de temporalidad- que no es otro, sino ese, el camino a seguir. A diferencia del popular, el programa del PSOE está plagado de alusiones al diálogo social, llegando a convocar incluso a CCAA, sindicatos, patronal, partidos y Gobierno a un gran Pacto por el Empleo, que suena bien, pero hueco por repetido y fracasado: formación profesional, itinerarios personalizados para los desempleados, formación, ayudas a la contratación -especialmente a la indefinida-, flexibilidad interna negociada en las empresas, más inspección y nuevos nichos de empleo, dentro los que se alude, por ejemplo, a la industria aeroespacial, lo que, con la que está cayendo, tiene su aquel.

Bastante más claro en sus pretensiones, otra cosa será lo que cada cual piense sobre sus fundamentos y estrategias, es el programa de Izquierda Unida, la formación que más espacio destina en su programa al asunto laboral. Y no se anda con chiquitas y propone desde el primer párrafo la derogación de la última reforma laboral y  del aumento de la edad de jubilación, la restitución del poder adquisitivo a los funcionarios, la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales (que según sus cuentas generaría 400.000 empleos solo en las administraciones públicas), fomentar los programas de empleo público en el marco de un Plan de Empleo… ¿Y el dinero? Es la pregunta. Izquierda Unida lo explica: aumento de cinto puntos en el impuesto sobre los beneficios en aquellas entidades o sociedades con una base imponible a partir de un millón de beneficios, limitación de los salarios máximos en el sector privado mediante duras penalizaciones fiscales a partir de ciertas cantidades, implantar un IVA especial del 25% para los productos o servicios de lujo, restaurar los impuestos de Patrimonio y Sucesiones, modificar la legislación de las SICAV, puesta en marcha de un impuesto especial para el movimiento de capitales con los paraísos fiscales, eliminación de la figura del becario y subida del salario mínimo a 1.100 euros… O sea, lo que te pide el cuerpo.

Mucho más breve, pero igual de claro, es el programa de UPyD, que comienza por decir que, si gobernara, todos los contratos nuevos serían indefinidos, porque los temporales serían suprimidos, excepto en casos de sustitución por bajas o por circunstancias justificadas. También plantean la posibilidad de establecer un sistema gradual para que los trabajadores conserven las indemnizaciones por despido acumuladas de sus cambios de empleo, lo que fomentaría la movilidad. Además, UPyD, al igual que el PSOE, apuesta por el contrato a tiempo parcial y por una reforma de la negociación colectiva que priorice los convenios de empresa, como el PP. Hay una asunto con el que también se atreve la organización que lidera Rosa Díez, la única que reclama abiertamente que los sindicatos y las organizaciones empresariales se autofinancien, aunque se haga de forma progresiva.

Esto es, poco más o menos, lo que hay… Cómpreme usted este ramito, como diría la canción.