‘Caso Bankia’: 813 euros perdidos por cada 1.000 invertidos

Rato toca la campana el 19 de julio de 2011, día de la salida a Bolsa de Bankia. / Efe

Tal día como hoy, pero hace un año, se cerraba el plazo para solicitar acciones de la salida a Bolsa de Bankia con preferencia a la hora de la adjudicación. No podían decir que se las habían quitado de las manos. Las ventanillas de las oficinas de la entidad amanecían sabiendo que tenían por delante aún cinco duros días en los que seguir empleándose a fondo para lograr captar a pequeños inversores y cubrir los objetivos planteados. El 18 de julio, la entidad se veía obligada a rebajar el precio previsto inicialmente para su estreno en el parqué hasta dejarlo en 3,75 euros. Ayer, Bankia, tras un nuevo desplome en el día del 9,33% de su valor en Bolsa, cerraba a 0,70 euros por acción.

Se han esfumado 813 euros por cada 1.000 invertidos en el momento de empezar a cotizar, el mínimo que se fijó para ser uno de los 347.338 pequeños accionistas con que Bankia salió al parqué y quienes, en realidad, invirtieron una media muy superior al mínimo: 5.355 euros.

Publicidad

De momento, 33 ex miembros del consejo de administración de Bankia y su matriz Banco Financiero y de Ahorros (BFA) han sido imputados por la Audiencia Nacional, como consecuencia de una querella presentada por UPyD, por delitos de estafa, apropiación indebida, falsificación de cuentas, delitos societarios y manipulación para alterar el valor de las cosas. Entre ellos se encuentra el ex ministro de Economía y ex director gerente del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato, presidente de Bankia en el momento de su salida a Bolsa. El mismo magistrado de la Audiencia, Fernando Andreu, ha admitido una segunda querella contra los 14 miembros del consejo de administración de Bankia en el momento de su salida a Bolsa, incluido su ex presidente, y contra la propia entidad, presentada por abogados del colectivo 15M en representación de quince inversores afectados.

Y ciertamente fue el consejo de administración de BFA, controlado por Caja Madrid y Bancaja, el que el 28 de junio de 2011 aprobó por unanimidad la salida a Bolsa de Bankia. Fueron los consejeros los que dieron el visto bueno a cuentas que han tenido que ser reformuladas porque no reflejaban la verdadera situación patrimonial de Bankia y el deterioro de sus préstamos, tanto que donde se dijo que había una ganancia de 309 millones de euros debió decirse pérdidas de 2.976 millones. Fueron los consejeros los que firmaron el folleto de salida a Bolsa basado en esas cuentas falsas con la intención, según la querella de UPyD, de lograr la colocación con éxito. Incluso a finales de marzo de este año, cuando en una reunión con Deloitte, auditor de las cuentas de 2011, supieron que estas serían entregadas a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) sin el sello que las daba por fiables, prefirieron dar su visto bueno en lugar de rectificar.

Sin embargo, señalar a los consejeros de Bankia y BFA o a Rato como los únicos culpables de la pérdida del 81,3% del valor de la entidad desde que empezó a cotizar tampoco se ajusta al discurrir de los hechos.

Los otros culpables

Para empezar, hace ahora un año, días antes de que Bankia saliese a Bolsa, la Autoridad Bancaria Europea (EBA, según las siglas en inglés) adjudicaba un aprobado (5,4% de activos de máxima calidad) a Bankia en sus pruebas de solvencia, teniendo en cuenta los 3.000 millones que se pensaban inicialmente captar con la salida al mercado y sometiendo a la entidad a teóricas condiciones de tensión extremas. “BFA-Bankia cuenta con un exceso de capital más que suficiente para afrontar escenarios extremos de máxima tensión así como para asegurar a sus clientes, acreedores y contrapartidas que, en caso de un fuerte deterioro del escenario económico, la entidad podrá seguir realizando sus funciones y afrontando sus obligaciones, como ha hecho hasta ahora”, fueron las palabras recogidas en el informe de la EBA. La autoridad financiera europea acumula ya unos cuantos errores en sus pruebas de los que el más sonado fue el aprobado que dio a la banca irlandesa cuya quiebra llevó al rescate del país en 2010 y a que el déficit irlandés alcanzase ese año el 42% del PIB.

También hace ahora un año (14 de julio de 2011), la agencia de calificación de riesgos Fitch, uno de los tres gigantes mundiales que no han visto venir ni una crisis ni una quiebra desde tiempos de Enron pero siguen diciendo qué vale y qué no, adjudicaba a Bankia una nota A- con perspectiva estable considerada una muy buena calificación en la situación económica del momento. La nota estaba en línea con la otorgada a Bankia por Standard and Poor’s. Tan solo Moody’s se había desmarcado de las otras dos agencias de rating otorgando una calificación a Bankia dos peldaños por debajo. Aún así, la nota seguía dentro de lo que se denomina grado de inversión (investment grade), es decir, activos con muy escasas posibilidades de impago.

Como, si no culpables si instigadores de lo ocurrido con Bankia, podrían incluirse desde políticos hasta a los principales agentes del sector financiero. La entidad presidida entonces por Rodrigo Rato fue elevada a símbolo de la fortaleza del sistema financiero español, lo cual, sabido hoy lo que se sabe pero ya entonces teniendo en cuenta que este país había sufrido el estallido de una burbuja inmobiliaria, tenía visos de convertirse en un planteamiento suicida. El propio presidente del Gobierno entonces, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, dijo en el Congreso de los diputados que la salida a Bolsa de Bankia debía ser un “éxito” porque había “mucho en juego”. Los grandes del sector se pusieron a remar para que así fuese. El Santander, Popular, La Caixa, Mapfre o Mutua Madrileña se convirtieron en accionistas de Bankia y uno de los bancos colocadores, JPMorgan, se encargó de lograr que el día del estreno la acción cerrase al menos en los 3,75 euros con los que había empezado a cotizar. Tuvo para ello que mover 44 millones de acciones, el 64% de las compras de la jornada, logrando remontar una caída del valor que llegó a ser en el primer día del 6,4%.

La propia dinámica de la reestructuración sector financiero español, orquestada por el Banco de España y su ya ex gobernador Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el empeño de ir barriendo bajo alfombras cada vez más abultadas entidades en quiebra en lugar de recordar que esta crisis mundial empezó con un compromiso de acabar con las entidades sistémicas o demasiado grandes para caer, tiene mucho que ver con lo ocurrido. Bankia es la suma de Caja Madrid, Bancaja (incluido el fiasco del Banco de Valencia) y otras cinco entidades más que, según muchos expertos, se podrían haber liquidado. Algunos creen que incluso hubiera sido preferible liquidar Bancaja que ponerla bajo el paraguas de Bankia. Lejos de pensar en detener esa inercia, a mediados de febrero de este año, Rodrigo Rato aún hablaba de su interés por hacerse con Unnim, la entidad fruto de la fusión de Caixa Terrassa, Sabadell y Manlleu, para sumarlo a Bankia.

La gestión de la crisis de la entidad, que se ha saldado con la petición a Europa de un rescate bancario cada vez con más aspecto de rescate país, ha sido el colofón. La dimisión destemplada y forzada de Rato antes de aclararse la situación de la entidad, las cifras mutantes de necesidad de recapitalización, los vetos a las comparecencias de los responsables ante el Congreso se han ido comiendo bocado a bocado el valor de Bankia.

Todo ello en un contexto de mercado, especialmente en lo que a la banca se refiere, que no ayuda. Desde el 20 de julio de 2011, día de la salida a Bolsa de Bankia, el Ibex ha perdido el 32% de su valor y los bancos del índice selectivo se han dejado de media un 41%. Banesto ha caído en ese periodo un 53%; el Popular, un 55%; Bankinter, un 39%; Sabadell, un 34% y BBVA, un 31%.

Para colmo de males, el rescate europeo se vuelve a hacer lleno de plazos e incertidumbres, ingredientes fundamentales de toda huida del dinero de la Bolsa. Las condiciones se conocían ayer gracias a un documento colgado en la web del Ministerio de Finanzas de Holanda, poniendo ya el definitivo punto kafkiano a la novela del rescate a España que el Gobierno sigue llamando rescate a la banca española. Será un salvamento en cuatro tramos, el último de los cuales no se espera hasta junio de 2013. El primero, de 30.000 millones de euros, se efectuará este mismo mes para entidades que atraviesen especiales dificultades, es decir, Bankia, cuyas necesidades de recapitalización, sin embargo, se supone que son 19.000 millones. Para el resto, ni se conocen los nombres de los bancos que necesitan ayuda ni cuánta necesitarán. Hasta finales de septiembre no se conocerán los resultados de los análisis que deben arrojar las necesidades de recapitalización entidad por entidad.

El desastre de las preferentes de Bancaja

Así las cosas, el valor en Bolsa de la banca española puede seguir menguando sin encontrar fondo, afectando con especial crudeza a los pequeños inversores. En el caso de Bankia, los que acudieron a la salida a Bolsa al menos tuvieron oportunidad de vender con plusvalía (la acción tocó su pico de 3,90 euros en agosto de 2011) o con pérdidas limitadas. Así lo hizo el ex vicepresidente de Bankia, también imputado, el popular José Luis Olivas, cuando salió de la entidad tras descubrirse el agujero del Banco de Valencia. En pocos días vendía sus 40.000 títulos a un precio medio de 3,56 euros.

Peor lo tienen quienes poseían acciones preferentes de la caja que presidió durante años el propio Olivas, la valenciana Bancaja. A estos se les ofreció canjear sus títulos vitalicios por acciones de Bankia, que podrían vender para recuperar su inversión. El plazo para decidirse finalizó el pasado 23 de marzo, antes de conocerse el desfase de las cuentas y hundirse la capitalización bursátil. Quien les iba a decir a los titulares de preferentes de Caja Madrid, que vieron como sus títulos no entraban en las primeras ofertas de canje, que se iban a beneficiar de ese retraso. José Ignacio Goirigolzarri, actual presidente de Bankia, está buscando un nuevo método de canje que en principio no pasaría por el cambio por acciones y que necesita el visto bueno de los reguladores español y europeo. El Memorándum del rescate a España habla de la posibilidad de cambiarlas por deuda senior, es decir, bonos y se ha especulado también con la posibilidad de que se canjeen por depósitos.

Europa ya ha advertido de que estos títulos, utilizados en general por las cajas de ahorros españolas y bancos en los años de las vacas gordas, sufrirán pérdidas. Las preferentes son títulos sin fecha de vencimiento que otorgaban un atractivo interés anual al inversor y que fueron utilizados por las cajas, que no podían ampliar capital en bolsa como sí hacían los bancos, para captar capital y seguir prestando.