Haciendo planes de futuro de siete en siete días: la reforma laboral dispara la temporalidad que prometió combatir

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Imagen de la manifestación convocada en Madrid por CCOO y UGT el pasado Primero de Mayo. / Juanjo Martín (Efe)

Futuros de siete días o menos. Planes de vida hasta el próximo viernes. La temporalidad se dispara hacia niveles desconocidos. No es solo que se contrate menos. Mucho menos.  Un buen número de los contratos firmados este año había caducado antes de que el Ministerio de Empleo anunciase siquiera su existencia. Según el último dato que figura en las estadísticas del Servicio Público de Empleo Estatal, 21 de cada 100 contratos firmados en julio no superaban la semana de duración y 36 de cada 100 vencían antes de un mes. El “mal endémico” que dijo la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, que exorcizaría la última reforma laboral (que entró en vigor el pasado 11 de febrero); la solución a la dualidad de contratos que predicaba el ex gobernador del Banco de España Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ocupado en pedir flexibilidad en el mercado de trabajo mientras se le descarriaba una caja de ahorros tras otra; la extremadamente agresiva reforma que defendía con pasión el ministro de Economía, Luis de Guindos, desde mucho antes incluso de ser ministro de Economía, no funciona. No al menos para lo que dijeron que iba a funcionar. La temporalidad se extiende a todos los campos de la economía anestesiando en los ciudadanos de a pie cualquier intención de consumir algo que no sea lo más básico. El futuro es más perecedero que nunca. Y así muere un país. 

En julio del año 2007, pico de la burbuja inmobiliaria, se firmaron en España 224.136 contratos de menos de siete días, el 13,7% del total firmado en aquel mes. En 2008, año del comienzo de la crisis, el número absoluto de contratos cerrados por un periodo inferior o igual a una semana pasaba a ser de 243.973, el 15% del total. Ese porcentaje ha seguido escalando, situándose en julio de 2011 en el 17,9% de las contrataciones. Este año, se ha desbocado (21%).

No es un fenómeno exclusivo del mes de julio. Es una tendencia iniciada desde comienzos de año y que no hace sino agudizarse demostrando que, por barato que se ponga el despido, los empresarios no van a perder el miedo a contratar de forma indefinida en una economía que, a base de ajuste y falta de crédito, ha vuelto a la recesión. Usan la reforma para eliminar plantilla fija y sustituirla, en caso de necesidad, por otra más barata y fácilmente prescindible y no hay como un contrato temporal para eso. Tras el último cambio legal, la reforma del Partido Popular que entró en vigor en febrero, pueden despedir pagando 20 días por cada año trabajado a trabajadores con contratos indefinidos que pactaron 45 días siempre que en sus cuentas de resultados encadenen tres trimestres consecutivos con la facturación disminuyendo. Lo mismo da que las empresas que se acojan a este cambio vean aumentar su beneficio en ese plazo porque hayan tenido ingresos extraordinarios (por venta de activos, por ejemplo) o reducido gastos. Lo que importa ahora es que la facturación, las ventas, caigan. Y no es muy difícil cumplirlo estando la economía como está. Luego depende de ellas, y ya se ve lo que están haciendo, cubrir las vacantes con nuevos contratos indefinidos o con temporales.

Si se coge el periodo de enero a julio de 2012, el número de contratos firmados con un plazo de duración inferior a una semana fue de 1,76 millones, el 22,35% del total. En el mismo periodo de 2007, la cantidad era aún del 15%. Incluso en los siete primeros meses de 2011 se estaba aún lejos de las cifras actuales, con los contratos iguales o inferiores a una semana representando el 19,9% del total.

El crecimiento de contratos que solo duran unos días tiene su imagen invertida en la contratación indefinida. En julio de 2007, se firmaron 180.741 contratos indefinidos, el 10,3% del total. En el mismo mes del presente ejercicio, esa cifra ha menguado hasta el 6,7%, tras situarse en 91.166 contratos cerrados.

Así, la duración media de los nuevos contratos del último mes registrado por el SEPE es de 53,94 días. En julio de 2007 era de 73 días.

Si las crisis han enseñado algo a este país es que lo primero que sale con los pies por delante cuando se complica la situación económica son los contratos temporales. No renovarlos es una forma de ajuste tan sencilla y barata que las empresas tienen fácil defender su margen de beneficios por ese flanco débil. Las sucesivas reformas laborales emprendidas durante la ya larga crisis actual han demostrado todas un digo diego en lo que, en la teoría, era una táctica para minimizar esa debilidad de la economía española del contrato temporal. Se hablaba de reducir la temporalidad y no se hacía sino facilitar el despido, abaratarlo y desjudicializarlo permitiendo que el próximo objetivo de las empresas, una vez consumida buena parte de los contratos temporales, pudieran ser los contratos indefinidos. Se hablaba de acabar con la dualidad del mercado laboral español, tantos años segmentado y este país parece caminar a marchas forzadas hacia un universo de contratos temporales de duración cada vez menor.

En el sector de la agricultura, el 10,23% de los contratos cerrados en julio era de una duración igual o por debajo de siete días y el 42,5% no llegaba a un mes. En el sector de la industria, 7,89% y 22% respectivamente. En la construcción, el 2,8% y el 7,6%, cifras que reflejan que en esta área de la economía el contrato más extendido es el de obra o servicio, que protagonizó el 74,4% de las contrataciones cerradas en julio. En el sector servicios, el contrato por obra también representa un porcentaje alto sobre el total, el 27,56%, pero en este caso son los contratos con duración inferior a un mes los que más se utilizan, en el 38,7% de las ocasiones, y los que tienen una duración por debajo de una semana (262.657 contratos), representan el 24,6% del total.

Podría pensarse que, dado el mes del que se trata y el sector más afectados por los contratos de días, el de servicios, la causa está en el turismo. Sin embargo, el mayor número de contratos con duración inferior a siete días firmados en julio está ligado a actividades administrativas (105.701 contratos) y la hostelería ocupa el segundo lugar (75.286).

Una nueva amenaza para la mujer

El sexo más negativamente afectado por esta galopante tendencia a achicar los contratos es el femenino. Ya en 2007 soportó que el 15,9% de los contratos firmados en el mes de julio fueran de duración igual o inferior a una semana, mientras que en los hombres ese porcentaje se quedaba en el 11,9%. En 2012, ese porcentaje se ha igualado, pasando a ser del 21% y el 20,86%, pero el total de contrataciones de mujeres son muchas menos que las de hombres (459.938 frente a 543.229).

 

2 Comments
  1. Flor Fuente says

    Por favor, ahorre el gerundio en el título; es antiperiodístico, mujer.

  2. Vincheska says

    Demoledor informe. ¿Quién salvará a España? El último que apague la luz.

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