Política contra ciencia en Estados Unidos, China y Unión Europea

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Romney (zda.) y Obama, durante su tercer debate electoral, celebrado el pasado 22 de octubre en la Universidad de Lynn (Boca Ratón, Florida). De espaldas, el moderador, Bob Schieffer. / Jim Lo Scalzo (Efe)

Desde que antes de empezar el curso asistí a la lectura de una tesis sobre la comunicación política en los EEUU, tengo más claro que la política se ejerce hoy contra la economía ciencia y la economía realidad, aunque luego nos digan -y a veces lleguemos a asumir- que los economistas solo predicen el pasado. La noticia de que los ministros de finanzas del G-20 han terminado sus reuniones del fin de semana con alertas sobre el precipicio fiscal en EEUU y la deuda en Europa despeja algunas de mis dudas. Al margen de si mañana martes gana Barak Obama o Mitt Romney, el XVIII Congreso del PC de China que se inicia dos días después será el foro que podrá despejar esas incertidumbres económicas mundiales, no aclaradas por las elecciones norteamericanas y a la espera de las anunciadas para septiembre próximo en Alemania.

Podrá parecer que esta conclusión no se compadece en principio con el hecho de que, tanto en las democracias como en los regímenes autoritarios, los intereses y las ideas que configuran el poder están cada vez más incrustados en las decisiones de los políticos o policy maker. La explicación quizá resida en que, precisamente en los mecanismos de formación del consenso que ejecutan los políticos, predominan los intereses particulares sobre los generales, aunque los protagonistas hagan creer lo contrario. El caso es que, cuando mas falta hace un gobierno mundial que ponga cierto orden en la globalización para beneficio de todos,  los recientes y próximos procesos políticos de las grandes potencias las encaminan a dar aún más la espalda al resto del mundo.

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Esto sucede por la paradoja de que, en nuestros días, precisamente cuando los procesos electorales son tecnificados con la ayuda de ciencias diversas, el resultado tiende a ser una creciente brecha entre la ciencia y la política. La primera, concebida como una secuencia de sucesivas aproximaciones a la realidad a través de sus explicaciones. La política, entendida como el ejercicio y la práctica del poder, que en vez de hacernos la realidad más cercana y manejable, nos la aleja y la convierte en ininteligible e ingobernable .

La tesis presentada por Yolanda Rodríguez Vidales en la Facultad de Ciencias de a Información de la Complutense nos ayuda a entender todo eso sin mencionarlo, así como a aplicarlo a la actualidad reciente de EEUU, Europa, Japón y China. Demuestra que la política se ha transformado en un arte escénico y teatral más que discursivo. En ella importa hoy más el efecto, la empatía con el receptor, que la coherencia interna de los racionamientos.

A través de teorías de la apariencia y verdad como las de Gustavo Bueno Felicísimo Valbuena, que parten de apariencias falaces (o, al menos, no veraces) y veraces (al menos, no falaces), estudia minuciosamente la política norteamericana mediante la serie televisiva El ala oeste de la casa Blanca y lleva a concluir que toda la comunicación política está dirigida a dominar el mundo de las apariencias, conclusión que de alguna manera corroboran las entrevistas ulteriores con algunos de los más destacados técnicos de la comunicación política que cada uno de las campañas electorales de la España democrática: José Luis Sanchís, Julio Feo, Eduardo García Matilla, Pedro Arriola, Miguel Ángel Rodríguez, Pío García Escudero, y José Miguel Contreras. A ocultar lo que no conviene que los demás sepan -reserva o secreto-; a hacer público todo lo que conviene; a poner en escena y exagerar los aspectos positivos de una política determinada, los eventos, los viajes, los discursos, los debates, están dirigidos a aparentar que los protagonistas son maravillosos y a presentar a los adversarios como indeseables, de manera que la publicidad y la persuasión es el campo supremo de las apariencias.

A lo largo de las siete temporadas de la serie, Yolanda Rodríguez Vidales constata cómo un gabinete de comunicación se muestra siempre más abierto a tratar los temas de política interior que los de política exterior, especialmente por sus implicaciones militares y/o económicas. No significa eso que la economía quede fuera de esa representación manipulada de ideas capaces de organizar mejor otro futuro con la complicidad de los votantes; es decir, de lograr otro orden de ideas e intereses en juego, a través del poder. Economistas como Galbraith, Boulding o Strange ya recomendaron para entenderlo analizar los tres instrumentos del poder (persuasión, compensación y amenaza) y sus tres fuentes (organizaciones, propiedades y personalidades), por este orden.

En ese contexto, a uno se le ocurre añadir que las ideologías, como sistemas de ideas políticas, sirven también más para la simulación que como instrumento de aproximación a la realidad pensable. El afán liberal de separar la política de la economía, como si autoridad y mercado fueran compartimentos estancos, es una utópica aunque bonita falacia, tan vigente en las mentes de los poderosos que deciden por los demás, como desmontada hasta la saciedad en su contraste con la realidad de los hechos. Algo similar cabe decir de la idea de que la economía determina la política, vena marxista del socialismo, por mucho que haya demostrado ser una herramienta menos útil para guiar los pueblos hacia el deseado bienestar que para explicar los procesos y a veces los hechos. La tercera gran ideología política de los últimos siglos, el nacionalismo, más antigua y desgastada  que las otras, porque antecedió incluso al estado-nación, también constata las falacias a que lleva pensar que la política puede determinar la economía, como seguramente tendremos oportunidad de ver en las próximas elecciones catalanas.

Esas tres grandes ideologías siguen clavadas de una y otro forma en los procesos políticos actuales de las grandes potencias. El resultado está siendo que, cuando el mundo se globaliza, los grandes poderes geopolíticos se renacionalizan, no por imperativos de esa globalización, ni de las convergencias que imponen sus motores (tecnológica, económica, cultural, política, de poder, etc.), sino de los intereses e ideas jaleados por sus líderes para mantenerse en el poder con la aceptación de públicos que intentan para ello manipular.

No es extraño que alguien tan cualificado en la escena internacional y nacional como Javier Solana se haya planteado en su último análisis de la primera que la cuestión si los dirigentes que surjan en EEUU y China serán bomberos o pirómanos. Menos todavía que los dos candidatos en las elecciones norteamericanas de mañana pusieran a España como ejemplo "de lo que no debe ser una gestión pública", o que para Bernard-Henri Levy la campaña haya demostrado el valor de la democracia. Tampoco que algunos medios nos hayan hecho ver entre la estabilidad de Obama y la promesa económica de Romney, que otros digan que la auténtica batalla se libra en la política interior de signo económico donde los dos modelos de los candidatos divergen, o que si gana Obama será el aliado para salvar la UE.

El precipicio fiscal americano...

Gane uno u otro, la realidad será muy distinta a cómo la pintaron en sus famosos debates televisivos, incluido el tercero, finalizado por Obama con un "hemos trabajado para salir de las políticas que nos han llevado a un aumento del déficit y Romney nos llevará a esas políticas de nuevo”, mientras Romney acababa de decir que luchará por "una paz creciente", por hacer crecer la economía y para que EEUU siga siendo "una tierra de libertad, esperanza y oportunidades". Pero la clave de lo que sucederá en cualquier caso la proporcionó en su último boletín mensual el Banco Central Europeo (BCE) , que cuando habla de otros se hace entender. En una nota titulada Implicaciones económicas de las medidas de austeridad fiscal en Estados Unidos en 2013 (páginas 15 a 17), dice que la economía estadounidense está abocada a experimentar un sustancial endurecimiento de la política fiscal a comienzos de 2013, lo que se conoce comúnmente como precipicio fiscal. Ello es debido a la expiración simultánea de varias rebajas fiscales y de prestaciones por desempleo con carácter de emergencia previamente aplicadas, a lo que hay que sumar reducciones automáticas del gasto público. El tamaño del precipicio fiscal sobrepasará los 650.000 millones de dólares  en el año 2013, lo que representa alrededor del 4,1 % del PIB.

Según lo previsto, aproximadamente el 80% de las medidas de austeridad se instrumentarán a través de cambios en las políticas impositivas, entre los que destacan:

  1. El fin de las disposiciones que reducen los tipos impositivos del impuesto sobre la renta de las personas físicas y amplían los créditos y las deducciones fiscales, aprobadas originalmente en 2001 y 2003 (las llama- das «rebajas fiscales de Bush») y en 2009.
  2.  El fin de la rebaja de 2 puntos porcentuales en las cotizaciones sociales, introducida originalmente en enero de 2011.
  3.  El fin de la posibilidad de amortizaciones aceleradas de la inversión en capital fijo (como la maquinaria)
  4. Por lo que respecta al gasto, las principales medidas son la entrada en vigor automática de los recortes que contempla la Ley de Control Presupuestario (lo que  se conoce como «sequester» o recortes automáticos) y la desaparición de las prestaciones de desempleo con carácter de emergencia.

Pero no se queden con la falsa idea de que las elecciones no deciden nada, pues sigue siendo válida la idea atribuida a Churchill de que la democracia es el menos malo de los regímenes, a veces extendida al sistema capitalista. El BCE precisa al respecto la incertidumbre derivada del grado de materialización de este precipicio fiscal, sólo la despejará el resultado electoral, dado que la mayoría de las decisiones respecto a eventuales prórrogas se retrasarán hasta entonces. Añade que un resultado plausible podría ser un escenario en el que se permita la extinción de algunas medidas y la prórroga de otras, aun cuando es de esperar un endurecimiento de la política fiscal y un menor crecimiento de EE.UU. Pronto veremos...

...ante el abismo de Europa...

En cualquier caso, esas incertidumbres complicarán más la salida de la recesión económica y política de la UE, donde las elecciones más determinantes se esperan para septiembre del año próximo en Alemania. Aquí sí hay un debate sobre que la austeridad por sí sola no permitirá a la Eurozona salir de la crisis. Pero en el mismo también se olvidan las aportaciones de la ciencia económica y predominan las prácticas de la política. La teoría económica hace ya más de cuatro décadas que diagnóstico el cáncer de la construcción europea, sin que ni entonces ni ahora haya servido para mucho su olvidada aportación.

Fue la teoría de las áreas monetarias óptimas, al mantener que las deficiencias de la movilidad del trabajo o de los capitales deberán ser erradicadas o compensadas por transferencias de cohesión. Pese ello, las fuerzas del trabajo siguen sin movilidad real dentro de la UE, aunque por barreras sobre todo culturales, la movilidad de los capitales ha dejado de funcionar con la crisis y las políticas que han ayudado a fragmentar el mercado, y la Europa de las transferencias encuentra la oposición electoral de los países mas ricos, alimentada por políticos que como Ángela Merkel se benefician electoralmente de ella, por lo que se ha impuesto una especie de anticohesión.

Merkel vaticinó este fin de semana precisamente que la UE necesitará "cinco años o más" de sacrificio para superar la crisis. A ella deberemos en gran parte que se profecía se autocumpla. Hasta ahora sus políticas han dado la razón a los economistas keynnesianos como Krugman, y así Europa lleva  privada del crecimiento que han tenido los EEUU a partir del 2009 y mucho más los países emergentes.

...y las soluciones chinas 

Lo de China es más complicado por lejano y opaco, así como oscurecido por las cortinas de humo que inundan Occidente sobre la inminente llegada al poder para los próximos diez años de los ya adinerados hijos de quienes hicieron la Revolución y/o luego reconstruyeron el país. Pero está claro que en ella han aumentan con el fuerte crecimiento las desigualdades personales y territoriales y ello podría redundar, al igual que en los otros dos polos de la economía mundial, a atender más la política interna que la externa,  de manera que también ayude a frenar la economía mundial como los impactos de EEUU y Europa. El impacto desacelerador chino sería menor si sus nuevos dirigentes siguen dando prioridad a mantener o incluso intensificar el crecimiento contra la pobreza y el malestar social.

Esta línea por lo menos sería un alivio para la financiación de la deuda de los EEUU y de la Eurozona, pues como era previsible hace dos años la UE ha propuesto a China que participe en el nuevo Fondo de Rescate (FEDE), aunque como acaba de recordar Felipe González los chinos pusieron pegas razonables ante la falta de claridad y determinación de la Unión Europea para configurar y hacer operativo ese fondo. Pero China ya tiene en su poder deuda soberana de los países europeos por encima de los 500.000 millones de dólares. Y puede seguir financiándola o dar prioridad a resolver sus desigualdades invirtiendo más en las infraestructuras internas. Pronto veremos también...

 

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