Los asesores fiscales denuncian a Montoro en el tramo final de la campaña del IRPF

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Montoro, el pasado viernes, día 21, durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. / Ballesteros (Efe)

Cristóbal Montoro ha coronado la cima de lo imposible. En un país que está viejo, enfermo y kaputt, el ministro de Hacienda ha logrado sin embargo poner de acuerdo a todos los españoles en una cuestión: don Cristóbal debe resignar el cargo y volver a la vida privada. Menos Mariano Rajoy, catalanes y madrileños, blancos y negros, rojos y azules, folklóricos y modernos, todo el mundo está harto del personaje al que el escritor Javier Marías apostrofó en uno de sus sermones dominicales con el mote poco cariñoso de Vocezuela. Hasta la principal corporación profesional de la consultoría tributaria, siempre bien dispuesta al diálogo institucional, las buenas maneras y la prudencia, ha dicho que con este ministro ya no trilla más.

En un insólito comunicado remitido a las principales autoridades del país, la Asociación Española de Asesores Fiscales (AEAF) se muestra completamente decepcionada por la actitud del Ministerio de Hacienda y acusa a su titular, sin nombrarle, de buscar un conflicto permanente con los ciudadanos. Bajo la denominación de Malos tiempos para la seguridad jurídica de los contribuyentes, la AEAF ha publicado un texto de apenas seis páginas que es una verdadera declaración de guerra al ministro. En seis páginas como seis cañonazos ningún capítulo de la política fiscal del Gobierno merece la salvación. Carencias de técnica legislativa, una Administración prepotente y rastrera que no persigue la solución amistosa de los litigios que mantiene con unos ciudadanos a los que sólo ve como potenciales defraudadores, una normativa puesta al servicio exclusivo de la recaudación fiscal… todos estos vicios van a peor empujados por el viento de la recesión.

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Según la AEAF, la reciente reforma de la Ley General Tributaria niega algunos derechos básicos de los ciudadanos y el abuso de la figura del Decreto-ley “ejecuta” a ciertos grupos de contribuyentes, privándoles de las garantías de un Parlamento mudo y ahogado dentro de una camisa de fuerza. La AEAF critica especialmente el alejamiento del sistema de retenciones y pagos a cuenta del principio de capacidad económica y su conversión en un régimen consolidado y obligatorio de “anticipos” que olvida el carácter personal o familiar de los impuestos a los que esos pagos se vinculan. La AEAF también acusa al Gobierno de haber irrumpido en el ámbito penal con un mero afán recaudatorio y de permitir la usurpación administrativa de los poderes judiciales, intimidando  incluso a los ciudadanos cumplidores que confían en la norma penal, que al parecer está llena de confusión, espíritu de traición y oscuridad. Los asesores tampoco se reprimen al hablar de la “selección” de los funcionarios fiscales: “es ya un clamor la nula atención que merecen las alegaciones y reclamaciones de los administrados ante los órganos de gestión, de inspección o de recaudación, puestos por su orden lógico y funcional, no por méritos.

Podría seguir con este rosario de acusaciones gravísimas, pero creo que es suficiente. Más interesante, me parece, es sacar a la luz la lucha ideológica soterrada en un debate técnico inspirado supuestamente en defensa del interés general (“el contribuyente”, considerado en abstracto). No seré yo quien niegue importancia a los problemas “técnicos”, y la AEAF pone el dedo en la llaga sobre la frivolidad jurídica del ministro y sus riesgos para la ciudadanía en su conjunto. Pero hay algo más. La asesoría fiscal, por razones obvias, suele conducir a sus ejercientes a posiciones ideológicas conservadoras, no hace falta decir que perfectamente legítimas. Ahora bien, la recesión está enfrentando a los conservadores del Gobierno con algunos sectores conservadores de la sociedad, y el ministro Montoro, más allá de sus méritos y sus deméritos, es el síntoma visible de esta contradicción y del ambiente de malestar político que produce. Se oyen algunos ecos de nostalgia aznarista en la nota de los asesores fiscales. Por ejemplo, este detalle casi final: “…la profesión está absolutamente desbordada…sin encontrar la menor disposición de los poderes públicos de retomar aquella senda de protección de los derechos de los contribuyentes que se atrevió a abrir un Gobierno del mismo partido que el actual, allá por el año 1996 y siguientes. ¿Quién se acuerda ya de aquello?

Montoro es el Gary Cooper del PP. Está sólo ante el peligro. Por elevación y por extensión, los asesores fiscales también cargan las tintas contra el presidente del Gobierno. Pero no creo que Mariano y Cristóbal cabalguen juntos por mucho tiempo.

2 Comments
  1. AEDAF says

    Una precisión: la Asociación es AEDAF, no AEAF. Gracias

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