Cómo ser ‘progre’ y neoliberal sin que duela la cabeza: Mato y la drogodependencia

Imagen de archivo de Ana Mato tras una comparecencia en el Senado. / Efe
Imagen de archivo de Ana Mato tras una comparecencia en el Senado. / Efe

Ana Mato, la Ministra que muele a palos a los extranjeros pobres y les quita la tarjeta sanitaria, puede ser amable y fotogénica. Depende del Presupuesto. Como cancerbero del Tesoro y ecónoma del gasto público en salud, la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad conoce las maravillas de la exclusión social. Ladra a los desgraciados que tienen los bolsillos vacíos. Aunque si maneja dinero “gratuito” y no presupuestado, es capaz de invocar la igualdad de los ciudadanos e incluso los “derechos sociales” del lumpenproletariado moderno. La ideología de Mato sobre la salud de los individuos, aprendida en el Gotha neoliberal, puede ser también paternalista y compasiva con los marginados. Siempre que su política sea minimalista y no caiga en el derroche y los excesos.

Hablemos del cuento de Ana y los drogodependientes. El Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad acaba de convocar, en régimen de concurrencia competitiva, unas subvenciones a las corporaciones locales para que prevengan la drogodependencia (de cualquier tipo pero con el ojo puesto en el botellón juvenil). El objetivo último es, en realidad, no tanto la salud de los jóvenes como “el mantenimiento de la seguridad pública respecto a la delincuencia asociada al fenómeno de las drogas”. Por eso no extraña que las ayudas –por un total de 4,5 millones de euros- estén dotadas con cargo al “Fondo de Bienes decomisados por tráfico ilícito de drogas y otros delitos relacionados”. Como tampoco que uno de los baremos para su concesión sea que los programas municipales financiados por Ana Mato se dirijan, de forma señalada, “a los menores en riesgo, aquellos con residencia en zonas de actuación preferente, consumidores de drogas, hijos de drogodependientes, menores con problemas jurídico-penales [y] menores con alto grado de absentismo y/o fracaso escolar”. El lema es: lo que ha salido del hampa de la droga que vuelva a su origen, a ver si esta vez hay más suerte (y de paso dejamos tranquilo al honrado contribuyente –así, en abstracto-, que ya tiene lo suyo). Es decir, la política de salud puesta al servicio del orden público.

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El plan de Mato va destinado a grandes áreas urbanas. Sólo podrán beneficiarse de sus ayudas las capitales de provincia o de comunidad autónoma, los cabildos o consejos insulares, y en cualquier caso los municipios que tengan una población superior a 100.000 habitantes. Los programas habrán de desarrollarse “en el ejercicio 2013 y hasta el 30 de septiembre de 2014”, y fomentarán “la realización de actividades saludables alternativas al consumo de sustancias tóxicas en el tiempo de ocio juvenil”. Nobilísimo afán. Ahora sólo cabe confiar en que el complejo municipal-hostelero de algunas ciudades españolas deje de poner palos en la rueda de la salud de los jóvenes y de la tranquilidad de los vecinos de los barrios de copas o próximos a las zonas de botellón. Algunos ayuntamientos han sido muy complacientes con las macrofiestas (véase como enorme botón de muestra el caso Madrid Arena), con los empresarios de la noche, con el régimen administrativo-festivo de los horarios de copas, con la suciedad de las calles como un favor añadido a los consumidores de una forma salvaje de entender el ocio, e incluso con la irresponsabilidad social de algunos padres y madres…Sólo faltaría que se siguiera subvencionando más de lo mismo.

Por último: no conviene echar más gasolina al incendio de la corrupción. Los gastos municipales deben acreditarse hasta el último céntimo. No sé si la Resolución comentada ofrece las garantías idóneas para ello. Porque su artículo 10 (justificación de la subvención) dice sin cortarse un pelo que, “dado el carácter público de las entidades subvencionadas,…no será necesaria la presentación de facturas. Fe es creer en lo que no vemos. Como el Jaguar que tiene tu marido.