La reforma fiscal seguramente traerá otra subida del IVA

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Cristóbal Montoro, el pasado día 19, durante una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados. / Ballesteros (Efe)

A diferencia de los procesos de reforma del IRPF dirigidos por Rodrigo Rato (1998) y Pedro Solbes (2006), en los que hubo bastantes filtraciones al exterior, esta vez el mutismo ha sido casi absoluto (hasta ayer, 26 de diciembre, como enseguida veremos). Pese a tener una envergadura mucho mayor que las reformas de aquellos años –ahora se trata de dar nueva planta, no a un impuesto determinado, sino al conjunto de un sistema fiscal pulverizado por la crisis-, poco se sabía del proyecto y las intenciones de Cristóbal Montoro antes del día de Navidad. Por su parte, no ha trascendido nada de los trabajos de la comisión de expertos nombrada por el Gobierno, que deberá entregar su informe, a más tardar, en febrero de 2014. Ese límite temporal es de obligado cumplimiento porque el Ejecutivo español debe presentar en Bruselas el embrión del nuevo sistema tributario antes del 1 de abril. Con esa tutela europea el proyecto se tramitará en las Cortes Generales a partir de la primavera o el verano de 2014 y, se supone, se convertirá en Ley vigente el 1 de enero del año 2015 (si bien sus diversas medidas se irán aplicando gradualmente según el ritmo del crecimiento económico previsto por el Gobierno).

Hasta hoy se imponía la paciencia ciudadana ante el hermetismo gubernamental. No convenía fantasear con suposiciones. Sin embargo, este jueves el Ministro de Hacienda, en una larga entrevista concedida al diario Expansión, desgranaba algunas ideas-fuerza de lo que será la próxima reforma fiscal. Hablaré de ellas después de una pequeña cata en un predio que, si bien no pertenece directamente al dominio del Gobierno, puede que no sea estéril como reflejo de sus intenciones reales.

Fuentes parlamentarias del Partido Popular han apuntado a cuartopoder.es la trayectoria que, a tenor de los comentarios que se hacen de puertas adentro, seguirán algunos de los cartuchos fiscales que están en la recámara del Ejecutivo. Según varios diputados nacionales del Partido que ejercen (o lo han hecho en el pasado) responsabilidades en el área económica del equipo popular, el nuevo sistema fiscal ofrecerá un  “talante” compensador. El lema podría ser “más IVA y menos IRPF”. Habría margen suficiente, según dicha versión, para incrementar los tipos del IVA español, más bajos que los de muchos Estados miembros de la UE. Esta medida se complementaría (o funcionaría como un polo de la alternativa) con una reclasificación –similar a la operada en septiembre de 2012- de las entregas de bienes y prestaciones de servicios sujetas al Impuesto. Gracias a ella, algunas operaciones dejarían de tributar al tipo reducido (actualmente el 10%) y pasarían a ser gravadas al tipo general (el 21%). Además, se prevé que en 2015 la economía española tendrá una tasa, moderada pero significativa, de crecimiento y habrá cierta recuperación del empleo, por lo que el impacto del IVA no sería tan lesivo para la demanda interna. Estos ajustes no comprometerían la recuperación del sector exterior y serían bien vistos en Bruselas.

2015 también sería, según los mismos confidentes, un año propicio para una tributación “más suave” en el IRPF. No sólo por los augurios del Gobierno sobre la coyuntura económica. 2015 será un año electoral en los tres niveles territoriales de reparto del poder. Los intereses particulares del Partido Popular están ligados, obviamente, a los impuestos que soportan las clases medias. Una rebaja de las retenciones a cuenta del IRPF desde enero de 2015 para alivio de las rentas salariales –e incluso simplemente su efecto anuncio a un año de su vigencia- puede ser mejor que el bálsamo de Fierabrás para las dolencias políticas de Mariano Rajoy y sus compañeros. Un IRPF más “compasivo” (junto a las últimas medidas verdaderamente espartanas que el Gobierno ha adoptado en otros ámbitos, como el de la seguridad ciudadana, el mantenimiento del orden público y la propuesta de regulación del aborto) serviría para recuperar parcialmente –al menos eso esperan los interesados- la confianza perdida de los votantes “más castizos” del Partido Popular. Puede ser un cóctel electoral que sustituya con cierto gancho a la principal promesa, ya arrumbada definitivamente, de una rápida, extensa y mágica recuperación del bienestar económico.

Salgamos del Parlamento para volver al Gobierno. Si contrastamos la información suministrada por esas fuentes de la Carrera de San Jerónimo con las revelaciones de Cristóbal Montoro a Expansión, hay coincidencia en lo que se refiere al IRPF, mientras que (a primera vista) habría una falta grave de sintonía respecto al IVA, por lo que obviamente deberíamos conceder mayor credibilidad a las afirmaciones del Ministro. Pero vayamos por partes. Montoro confirma a Expansión la reducción generalizada de los tipos de gravamen del IRPF, aunque en un primer momento (su reforma será gradual a lo largo del período 2015-2017) la reducción será menor para las rentas altas. "Hay nóminas muy abultadas a las que no les pasa nada si hasta la salida de la crisis no tienen una bajada mayor de impuestos", ha dicho el Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas. En cuanto a sus intenciones con relación al IVA, Montoro es más ambiguo de lo que parece. Por una parte, a la pregunta sobre una posible subida del IVA, responde con un categórico y lacónico "no, ya lo hemos subido bastante". Sin embargo, a una pregunta anterior contesta así: "Estamos en Europa y nos tenemos que apoyar mucho en la imposición indirecta y en la medioambiental". Como he dicho antes, el IVA puede subir de dos formas, solas o combinadas: tocando los tipos de gravamen y/o reclasificando las operaciones sujetas a los diversos tipos. Veremos, pero hasta ahora los ministros económicos de Rajoy (y el mismo Rajoy) no han sido precisamente el mejor ejemplo posible de respeto a la palabra dada.

Otra figura estelar de la trama fiscal, según las fuentes consultadas por cuartopoder.es, será el nuevo diseño del Estado Compartido. Se vislumbra en el horizonte inmediato una vuelta de tuerca más en el proceso de recentralización que se inició en el verano de 2011 con la reforma de la Constitución. Ahora le tocaría el turno a la LOFCA y el Estado central recuperaría gran parte de las competencias cedidas en los tributos patrimoniales. De forma particular, el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones perdería, en beneficio del Gobierno y las Cortes Generales, su actual configuración autonómica. En fin, que no está el horno para bollos regionales ni tampoco para pactos fiscales con otros reinos peninsulares. O eso parece.


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