CCOO y UGT convocan un Primero de Mayo descafeinado

Ignacio Fernánez Toxo, a la izquierda, y Cándido Méndez, en una manifestación celebrada en febrero en Madrid en apoyo a los trabajadores de Coca-Cola. / Efe
Ignacio Fernánez Toxo, a la izquierda, y Cándido Méndez, en una manifestación celebrada en febrero en Madrid en apoyo a los trabajadores de Coca-Cola. / Efe

Seguramente, la elección de Bilbao como la capital que contará con la presencia de Cándido Méndez  e Ignacio Fernández Toxo en la cabecera de su manifestación el próximo Primero de Mayo es el menor de los problemas que han afrontado en estos meses las direcciones de CCOO y UGT. Así parece cuando, según los interlocutores de cuartopoder.es en ambos sindicatos , el proceso de designación fue tan sencillo como esto: había propuestas de distintas federaciones, Méndez y Toxo hablaron un día sobre el asunto, les pareció oportuno que el lugar elegido fuera Bilbao, así se lo trasladaron a  sus respectivas direcciones  y estas, previo contacto con sus organizaciones en Euskadi, dieron el visto bueno a la propuesta. ¡Voilà!

Que la Fiesta del Trabajo ha perdido capacidad de convocatoria en los últimos años no es un secreto para nadie. Quizás el hecho de que uno de cada cuatro españoles no tenga trabajo haya contribuido al desapego social por esta señalada fecha. Lo de que cuando llueve es porque llueve y cuando hace bueno es porque la gente se ha ido a la playa, al monte, también puede haber influido en la escasa respuesta ciudadana de las últimas convocatorias. «¡Y en Madrid, peor!», se escucha siempre en las manifestaciones de la capital, «porque aquí empalmamos con la fiesta del Dos de Mayo».

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Dar por perdido el Primero de Mayo como día de reivindicación y de demostración de fuerza es una opción que, a la vista de los resultados de los últimos años, parece tan razonable como cualquier otra. El hecho de que el intríngulis social haya pasado en unos meses de las dos huelgas generales contra la reforma laboral y los recortes del Partido Popular a un intento, fotografiado por Moncloa, de recuperar el diálogo, también puede tener algo que ver en esta ocasión.

Uno que solo es afiliado y que de estrategia sindical sabe poco, como de casi todo lo demás, se pregunta si, incluso para el caso de que esa vía negociadora fructificara, no hubiera sido bueno hacer una demostración de fuerza este Primero de Mayo para decirle al Gobierno algo, alguna cosa.

Como reconocen portavoces de las centrales mayoritarias, estamos ante una «convocatoria rutinaria». Y eso es lo que parece. A una semana de la celebración, las páginas webs de CCOO y UGT no tienen abierta ventana alguna para ir cocinando el evento. El manifiesto conjunto, que ya debe de andar circulando por ahí, ni tan siquiera está colgado.

Todo parece indicar que, el próximo 2 de mayo, las comparaciones volverán a ser odiosas cuando todavía está fresca la sensación de respaldo social a una movilización como la de las Marchas de la Dignidad del pasado 22M, que no contó con el respaldo de las centrales sindicales mayoritarias. Y el hecho evidente de que no hay que mezclar churras con merinas no me libra de la sensación de que el movimiento sindical, no sé si en esta ocasión más que en otras -me creo la versión de los sindicatos de que no es así- ha renunciado a hacer de este Primero de Mayo una jornada de protesta – y medios tienen para ello- contra las políticas socialmente devastadoras del gobierno de Mariano Rajoy.