Los jóvenes son más pobres, no pueden formar una familia y además se les culpabiliza

  • La población joven sufre un 58% de tasa de temporalidad en sus trabajos, tres veces más que la población que tiene 30 o más años (21%).
  • En 2008 había un 18% de ciudadanos de 16 a 29 años con bajos ingresos, mientras en 2017 la cifra ha escalado hasta el 26%.

Trabajan en condiciones cada vez más precarias, soportan más tasas de pobreza y casi la mitad no puede independizarse ni formar una familia. Y no, tampoco han notado la recuperación económica. Son las conclusiones que se extraen del informe ‘Generación Móvil, una radiogradía de la juventud’, que ha presentado este lunes Comisiones Obreras y que alerta de que las malas condiciones laborales de los nuevos trabajadores ya no son una etapa transitoria de su vida laboral, sino que se han normalizado tras 10 años de crisis.

En el sindicato ha decidido calificar a los jóvenes que tienen de 16 a 29 años como la ‘generación móvil’, no solo en referencia al uso que hacen del teléfono, sino también de las altas tasas de temporalidad que soportan. Según datos del informe, la población joven tiene un 58% de tasa de temporalidad, tres veces más que la población que tiene 30 o más años (21%).

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Si se había instalado la idea de que cuando los jóvenes salían al mercado de trabajo tenían que pasar una especie de “mili laboral”, en palabras del secretario general del sindicato Unai Sordo, ahora se han normalizado las malas condiciones laborales, incluso, tras cuatro años de recuperación económica. Si en 2007 cada persona asalariada temporal firmaba 3,4 contratos en todo el año, la cifra en 2017 se ha disparado hacia los 5,2, en el caso de que trabajase los 365 días. La precariedad de la juventud es el “caballo de troya” para este líder sindical, ya que los nuevos contratos se igualan por abajo, incluso, para los mayores en paro que se reincorporan al mercado.

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El cóctel de datos del informe desemboca en una realidad trágica para los jóvenes españoles. Hoy son más pobres. Han pagado los platos rotos de la crisis y no se han recuperado. En 2008 había un 18% de ciudadanos de 16 a 29 años con bajos ingresos, mientras en 2017 la cifra ha escalado hasta el 26%.

Otro de los resultados evidentes es que, en estas condiciones de precariedad, los jóvenes no pueden independizarse ni formar una familia. El 81% de la población de 20 a 24 años y el 53% de los jóvenes de 25 a 29 años vive con sus progenitores, un indicador que además ha empeorado en los últimos años.

¿Sobrecualificados? No, infraempleados

El informe también advierte sobre algunos de los términos con los que se califica a esta generación. No son ‘ninis’: el 92% de los menores de 29 están trabajando, estudiando, buscando empleo o no se ha incorporado al mercado laboral por otras cuestiones, como la incapacitación permanente o las labores de cuidados.

De hecho, los estudios se han convertido en un “refugio” durante la crisis. El 88% de la población de 16 a 19 años estaba estudiando en 2017, al igual que el 58% de los jóvenes del tramo de 20 a 24 años. Sin embargo, la Formación Profesional sigue siendo el gran reto para cualificar a los jóvenes que no quieren ir a la universidad. Según el informe, el 34% de la población española solo se titula la primera etapa de su vida educativa, el doble que en el conjunto de los países de la OCDE (16%).

Por tanto, el sindicato quiere acabar también con el mito de la sobrecualificación y con la idea de que los jóvenes han estudiado “por encima de sus posibilidades y de las necesidades del país”. Prefiere centrar el foco en el tejido productivo, que tiene un problema de “subdesarrollo” y es incapaz de ofrecer empleos de calidad a la nueva generación de trabajadores.

La difícil organización de los nuevos trabajadores

Ante este panorama, Unai Sordo ha hecho un llamamiento a la “organización” de los trabajadores jóvenes en las empresas: “Siempre es más difícil organizarse cuando se es débil, pero es una necesidad”, explicaba sobre las enormes tasas de temporalidad de los nuevos empleados, que hace que tengan más miedo a negociar con sus jefes bajo el riesgo de que no les renueven el contrato. Es decir, de ser el próximo en formar parte de ese “colchón de temporales a los que expulsan cuando hay un problema” en la empresa.

La lucha contra la precariedad pasa también por rejuvenecer las secciones sindicales, un esfuerzo que dicen están haciendo en sus propias listas electorales, según ha dicho Unai Sordo en la rueda de prensa de presentación del informe.

Además del diagnóstico, el sindicato también propone 10 líneas de trabajo, en las que profundizarán durante los siguientes meses. Algunas ya están en el debate político, como la educación infantil (0 a 3 años) universal y gratuita, la elaboración del Estatuto del becario, prestigiar la formación profesional o estabilizar el empleo.