En libertad vigilada (I)

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Soy corresponsal en Nueva York. Vivo y trabajo en el extranjero. ¡Hurra! Lo mejor que te puede ocurrir cuando llevabas años harta de presiones, insinuaciones, intoxicaciones, sofocones éticos, abrazos del oso ideológico, lobotomías a tiempo parcial, puñetazos en la buena fe, patadas en el intelecto y en el hígado, ah, no estás conmigo, ¿entonces estás contra mí, es decir, eres fascista?...Cuando pasa todo esto, lo mejor que te puede ocurrir es irte a practicar el oficio cuanto más lejos de casa, mejor.

Qué lujo pasar del exilio interior al exterior. De repente lo que te podía crear un problema se convierte en fuente de prestigio. Puedes ser tan crítica, afilada, demoledora, irónica y dulcemente sangrante como quieras. ¿Quién con poder para hacerte la puñeta se va a enterar? Sé que no corro inmediato peligro de deportación por escribir que la CIA son un hatajo de inútiles o que Obama piensa parar el cambio climático apostando por la energía nuclear.

En los añitos que llevo en Nueva York, que ya van siendo algunos, sólo me he tropezado con dos malas reacciones a artículos míos. La primera fue por un en la web de ABC sobre la exposición en la sede de las Naciones Unidas de la exposición “Vidas minadas”, del gran Gervasio Sánchez.

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El escrito decía así:

http://www.abc.es/20090406/cultura-arte/vidas-minadas-gervasio-sanchez-200904061139.html

Después de publicarlo con toda mi ilusión supe por terceros –el gran Gervasio no me había comentado nada- que en la ONU le habían echado la bronca y le habían acusado de teledirigir mi artículo y sobre todo el título.

Gravemente herida en mi amor propio, les escribí a los señores de la ONU un correo electrónico que entre otras cosas decía esto:

Mi artículo se hacía eco de la importancia y el éxito de esta exposición pero también del descontento de algunas personas asistentes ante el hecho de que la exposición no informara de la procedencia por países de este tipo de armas. Aunque entre los testimonios recabados en este sentido figura el de Gervasio Sánchez, en ningún momento él sugirió este enfoque informativo, ni ningún otro.

Para lo bueno y para la malo el artículo es enteramente obra y responsabilidad mía, y en ningún momento pretende ocultar una vocación interpretativa. Por eso las críticas tienen un tono más vehemente de lo que tendrían en un artículo estrictamente informativo; lo mismo que los elogios, que también serían mucho más contenidos.

Y hoy un colega y sin embargo amigo me manda otro correo electrónico que dice esto:

El pasado 7 de mayo de 2008, el fotógrafo y periodista Gervasio Sánchez subió a recoger uno de tantos premios, el Ortega y Gasset que otorga el diario El País, ante la asistencia de un concurrido público, entre ellos estaban también la vicepresidenta del gobierno, el presidente del Senado, varios ministros, Esperanza Aguirre y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, además de todos los demás medios de prensa.

Pues bien, parece ser que no debió ser del gusto de tan ilustre público el discurso de Gervasio Sánchez, cuando éste subió a recoger el premio, condenando dicho discurso al ostracismo y olvido de toda la prensa. Así que, como la gran mayoría de medios no han querido publicarlo, ofrezco este PowerPoint para que lo lean algunas personas más.

Cuando lo leáis, entenderéis el porqué no han querido darle publicidad.

Discurso de Gervasio Sánchez

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio “Ortega y Gasset” de Fotografía, convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto “Vidas Minadas”, al que pertenece la fotografía premiada, tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra

todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película “Cuentos de la luna pálida” de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de las minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos españoles, desde el inicio de la transición, encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabricamos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo, y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King, me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias.

Si España y Gervasio son así habrá que hacer algo, ¿no?

To be continued

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