La prosperidad, según el PP

Rajoy, Aznar y Rato, durante la presentación del libro 'España, claves de prosperidad'. / BALLESTEROS (EFE)

Si hemos de creer a Rodrigo Rato, la película de los éxitos del PP la hubiera rodado Robert Altman y no John Ford, porque al director de Bonanza , Mash o Gosford Park le iba más el cine coral con múltiples protagonistas y no el héroe solitario. Pero viéndole ayer compartiendo mesa junto a Aznar y Rajoy en la presentación de un libro de FAES del que ahora hablaremos, no está uno tan seguro. Al margen de las flores que se repartieron en los discursos, parecían tres desconfiados pistoleros que cabalgaban juntos por exigencias del guión, incapaces de intercambiar confidencias o de dirigirse un guiño cómplice para soportar el tostón con el que deleitaron a la concurrencia.

Y la concurrencia era numerosa, porque lo de ver juntos a Aznar, a su sucesor y a quien hubiera debido serlo y no lo fue despertaba tanto morbo que el salón del hotel que les reunía se quedó pequeño para acoger a tanto público y a tanta dirigencia popular. Para evitarles una interminable lista de asistentes, digamos que la única ausencia reseñable fue la de Luis Bárcenas, que estaría recogiendo las fotos de su despacho del Senado y tenía disculpa.

Publicidad

Se trataba de glorificar la ocho años de Gobiernos del PP con un libro hagiográfico titulado España, claves de prosperidad, tan coral que nadie se atrevió a enumerar a sus veintena de autores. La obra, editada por FAES, ha sido coordinada por Luis de Guindos, al que se recordará como secundario en su papel de secretario de Estado con Rato y que ahora ejerce de asesor de Rajoy, un hombre agradecido donde los haya que se deshizo en elogios hasta licuarse por completo. Ni siquiera escatimó alabanzas a los servicios del Ministerio de Economía, una gente tan preparada a los que, según manifestó, era imposible que la crisis les hubiera pasado inadvertida y que no avisarán de su alcance a Zapatero, que por eso de sus vinculaciones leonesas estaría en Babia seguramente. Lo aseguraba un economista al que el estallido de la crisis le pilló de presidente para España de Lehman Brothers,  de cuya quiebra el avispado De Guindos se enteró cuando dejó de funcionar su visa de empresa.

Como adivinarán, la idea fuerza de las intervenciones de Aznar, Rato y Rajoy, con sus matices, era que el PP lo había hecho muy bien y los socialistas muy mal, algo que en una frase queda muy bien pero que en hora y media se hace pesadísimo, lo que invita a sospechar que las sillas del hotel eran tan incómodas para combatir el sopor y las cabezadas.

Del discurso de Aznar, lo más destacado fueron sus referencias históricas. “En España –afirmó- ningún gobierno de izquierdas ha sido capaz de dar salida a una crisis económica y fiscal en los últimos 160 años”. Se preguntarán ustedes, como lo hice yo, qué gobiernos de izquierdas había tenido España en 1850, como para justificar esta amplísima horquilla temporal. ¿Sería de izquierdas O’Donnell, el de La Vicalvarada, o el mismísimo Espartero? ¿Serían de izquierdas Prim, Serrano y Topete? Gran misterio. Aznar, que ya no reivindica la figura de Azaña, elogia en cambio a Bravo Murillo, Cánovas y Fernández Villaverde, que es verdad que son importantes y hasta tienen calle en Madrid.

Intervino después Rato, que aun sin calle propia, es, a juicio de Aznar, “el mejor ministro de Economía de la democracia española”. Fue el suyo un discurso didáctico, en el que destacó que lo que les diferenciaba de los socialistas es que ellos tuvieron siempre un equipo económico “que empezó antes de llegar al Gobierno y continuó después”, lo que explica que sus antiguos colaboradores sigan en la brecha con Rajoy.

Mientras a unos la economía les impide hacer lo que realmente quieren hacer y a eso lo llaman realismo, o sea a los socialistas, el PP, en opinión de Rato, usó la economía para conseguir sus metas. ¿Que cómo se llama esto último? “Prosperidad”. Evitó explicar que gracias a esos mismos socialistas pudo ser director gerente del FMI y, más recientemente, también con su concurso, ha logrado domiciliar su nómina en Cajamadrid y, de paso, presidir la entidad. ¿Qué cómo se llama a esto? Fallos de memoria.

Cerró el acto Rajoy, quien recordó que tal día como ayer hacer quince años ETA quiso mandar a Aznar al otro barrio, lo que provocó una sentida ovación. Una cosa es que Rajoy no se lleve bien con Aznar y otra que lo cortés no quite lo valiente. Aplaudió hasta Luis del Rivero, el presidente de Sacyr, allí presente por si el PP le moja la oreja al PSOE y la enmienda que Zapatero le ha fabricado para que él entre a saco en Repsol y Florentino Pérez en Iberdrola se les queda pequeña.

Rajoy afirmó que su tarea es convencer a la gente y ganar las elecciones, porque “sin la esperanza de una victoria cercana” la lectura del libro que tanto elogiaba “no sería más que un ejercicio de nostalgia complaciente” y él, un registrador de la propiedad en expectativa de destino. No hubo más. De Guindos empezó a firmar ejemplares. Tengo el presentimiento de que no será un best-seller.