Chacón apela a Azaña para defender el 'Estatut'

Chacón, ayer, durante la presentación del libro 'Ciudadano Azana', junto a su autor, Miguel Ángel Villena. / Efe
Chacón, ayer, durante la presentación del libro 'Ciudadano Azaña', junto a su autor, Miguel Ángel Villena. / Efe

La ministra de defensa, Carme Chacón, considera “estremecedor” que la derecha española utilice el Estatuto catalán para “cazar al Gobierno en el desfiladero”. La metáfora no es suya, sino de Manuel Azaña. Pero Chacón la encontró leyendo la biografía del presidente de la II República que ha escrito el periodista Miguel Ángel Villena y en cuya presentación participó la noche del lunes en la librería Blanquerna de Madrid.

La ministra confesó que había tenido dudas sobre si aceptar o no la invitación para presentar este Ciudadano Azaña que ha publicado la editorial Península, pero visto que el libro “tiene 300 páginas, es riguroso y didáctico y se lee como una novela, aunque trágica”, aceptó. Y su intervención consistió en una cita de la reforma militar que acometió Azaña en dos años y que Narcis Serra tardó diez en realizar, un reproche a José María Aznar, al que no mencionó, por haber reivindicado la figura de Azaña, y una carga de profundidad contra el PP por su impugnación del Estatut catalán ante el Tribunal Constitucional.

Publicidad

Este y no otro era el objetivo que la traía. Abrió el libro por la página señalada y leyó el comentario de Azaña ante las “críticas furibundas” de la derecha española y de la prensa contra el Estatuto catalán. “Lo que menos les importa es el Estatuto y lo que más, cazar al Gobierno en el desfiladero”, decía Azaña. “La cita es de 1932 y, francamente, resulta estremecedor que ochenta años después, determinados debates sigan tan vivos en este momento”, añadió la ministra.

Más allá de esa utilización de una “biografía para todos los públicos”, según dijo el epiloguista y también presentador Jorge Martínez Reverte, de republicanismo ni se habló. Es lógico si se tiene en cuenta que la legalidad republicana no se recuperó en la modélica transición, con los restos del partido de Azaña no se contó y a los catalanes de ERC se les prohibió concurrir con sus siglas a las primeras elecciones democráticas de junio de 1977, aunque si querían, podían presentarse con candidaturas personales. Con el PCE se quiso hacer lo mismo, pero Santiago Carrillo no tragó y al final Adolfo Suárez tuvo que legalizar al partido y aquél aceptar la monarquía.