¿Ha puesto Obama precio a la cabeza de Wikileaks?

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Julian Assange, en una imagen tomada en Copenhague en noviembre de 2009. / Peter Erichsen (Flickr de New Media Days)

Dicen que el fundador y jefe de Wikileaks, el australiano Julian Assange, no puede pisar los Estados Unidos porque está en peligro de muerte. Todo un Daniel Ellsberg –quien en 1971 desveló los famosos papeles del Pentágono- le ha recomendado que se mantenga alejado de las fronteras del Tío Sam. Que el FBI le busca para hacerle la cama.

¿Pero esto es de verdad o es de película? Es cierto que la Administración Obama está estrechando el cerco a  Wikileaks sobre todo desde que el pasado mes de abril este portal de filtraciones altamente sensibles e incontroladas emitió el ya célebre vídeo “Collateral Murder”, en el que se apreciaba con todo su esplendor como unos soldados americanos sobrevolando Bagdad en helicóptero abrían fuego y mataban a varios civiles desarmados, incluyendo a dos reporteros de la agencia Reuters. También dejaron malheridos a dos niños.

Hace poco fue noticia la detención de un soldado norteamericano de 22 años, Bradley Manning, acusado de ser la fuente de Wikileaks para la obtención del polémico vídeo, cuya edición y difusión a todo el mundo por cierto se incubó en un búnquer secreto de Islandia, a los pies de un volcán Eyjafjallajökull todavía rabioso. Lo cuenta con la emoción de un thriller un impagable reportaje en The New Yorker de título irresistible: No Secrets.

Hay que decir que no todo el mundo comparte al cien por cien la fascinación por Julian Assange y su leyenda. Hay quien no acaba de creerse que este australiano sin ley, que por no ser normal ni siquiera fue ni a la escuela, autoeducándose él mismo sobre la marcha y aprendiendo antes a hackear que a ponerse un condón, sea el justiciero en red que parece. ¿Demasiado bonito para ser verdad? ¿O demasiado killer? Hasta los más antisistema discrepan de la teoría Assange de que absolutamente toda la información del mundo debe quedar al descubierto, sin excepciones, sin claroscuros de seguridad y sin cláusulas de privacidad. Todos y todas en pelotas en la red.

¿Sería eso sensato? ¿Y aceptable? ¿Y soportable?

Por supuesto el gobierno –cualquier gobierno- cree que no. Lo que pasa es que lo cree de aquella manera. La idea es que todas las cosas no pueden ser del dominio público pero sí, por ejemplo, de la CIA y del FBI, que llevan décadas saltándose rutinariamente sus propias leyes, abriendo la correspondencia supuestamente inviolable de los ciudadanos norteamericanos, interviniendo las comunicaciones electrónicas de medio mundo con el poderoso programa Echelon, etc.  Sabiendo mucho más de todos y todas de lo que somos capaces de imaginar en nuestras peores pesadillas.

Después de no poco forcejeo acaba de salir a la luz un espeluznantemente completo dossier del FBI de más de 2000 páginas sobre el difunto senador Ted Kennedy. Allá se lee de todo, desde posibles orgías sexuales del senador con sus hermanos, incluido el presidente, en las que también habrían participado Frank Sinatra y Marilyn Monroe, hasta múltiples, incontables amenazas de muerte.

¿Por qué ha habido siempre tantísimo empeño en matar a los Kennedy? Con gran naturalidad todos damos por hecho que estaban en el punto de mira de oscuras fuerzas de la involución. El hombre del saco de toda la vida. Pero hay datos que apuntan a explicaciones más prosaicas. Investigadores de la comunidad americana de inteligencia como Tim Weiner y Mark Riebling aportan datos concluyentes de que la famosa Comisión Warren, creada para investigar el magnicidio de Dallas, nació ciega porque desde el primer día le echaron arena a los ojos, tratando de evitar que alguien relacionara la muerte del presidente Kennedy con los múltiples intentos de la CIA de matar a Fidel Castro por orden expresa suya. O de su hermano Bob. Intentos todos fallidos en los que a menudo los agentes de la CIA se apoyaron en lo peor del hampa cubana y en la mismísima mafia. Los que hicieron cuanto estuvo en su mano por enturbiar aquella investigación temían que de algún modo se acabara descubriendo que el asesinato más triste de América era, o una venganza merecida, o lo que se puede esperar cuando uno hace según qué amistades en las cloacas del Estado.

Si algo demuestra la Historia reciente, es que en nada gasta un Estado tanta represión y tanta violencia como en ocultar sus propios crímenes, sean estos exitosos o fallidos. Si Julian Assange no se está haciendo una campaña de autopromoción inteligente y mayúscula, si realmente su vida corre peligro, es porque ese Gran Hermano que se agazapa en todos los gobiernos, incluidos los más democráticos, ha reconocido en él al peor enemigo.

Que es: el que sabe lo que el gobierno sabe.

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