Cascos logra que Rajoy frene a sus críticos

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Pensaba uno que tras la rebelión de las masas, o mejor dicho de esos mandarines del PP en Asturias que no querían verlo ni en pintura, la aventura de Cascos en el Principado se había abortado antes de comenzar, pero hete aquí que este hombre tiene más vidas que el gato con botas.

La noticia me la da el mayordomo en jefe del ex ministro, Isidro Fernández Rozada, que en su día fue presidente regional del partido y hoy es el diputado que guarda la viña de Don Francisco. Según parece, la dirección nacional, es decir Rajoy, ha ordenado que se suspenda hasta nuevo aviso –tres semanas por lo menos– la reunión del comité electoral de Asturias que debía tener lugar hoy para proponer una lista de candidatos a las autonómicas del 2011 en la que el nombre de Cascos no aparecía ni por aproximación fonética.

El significado del gesto no puede resultar más claro: Génova trata de que los dirigentes asturianos transijan con Cascos y quiere evitar desautorizarles públicamente, por eso de que imponer manu militari al candidato es, cuando menos, una ordinariez.

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No hace falta que Fernández Rozada insista en que Cascos tiene puestos sus cuatro sentidos en retornar a la política activa en su tierra, y tendría cinco si no tuviera el del tacto a estrenar por falta de uso. A esta ausencia de diplomacia cabe atribuir la revuelta que a mediados de julio protagonizaron los responsables de las Juntas Locales de Oviedo, Gijón, Avilés y Mieres, de común acuerdo con la dirección regional y la de Nuevas Generaciones, firmantes todos ellos de un comunicado en el que rechazaban la hipotética candidatura de Cascos ante el temor de que, tal es la costumbre de la casa, el general secretario entrara en el partido como elefante en cacharrería y no dejara títere con cabeza.

A esa conclusión habían llegado después de que el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, valedor suyo hasta ese momento, les diera cuenta del almuerzo que había tenido con Cascos en Madrid. Según Fernández Rozada, el regidor, otro factotum del PP en el Principado, se ofreció a colaborar en su desembarco a cambio de determinados puestos para sus peones, oferta que Cascos habría declinado con la sutileza que le caracteriza, esto es, mandándole a hacer puñetas y advirtiéndole de que con él los actuales dirigentes regionales tenían menos porvenir que un pavo en Nochebuena.

Pese a las recientes enemistades cosechadas en Asturias y sus tiranteces con la cúpula nacional del partido, incapaz de olvidar su posicionamiento crítico hacia Rajoy en el Congreso de Valencia en el que se hizo reelegir, Cascos ha ido acumulando apoyos de varios presidentes autonómicos, para quienes su presencia en la lista asturiana constituye la mejor opción del PP para arrebatar a los socialistas el gobierno de esta comunidad.

Así parece haberlo entendido también Rajoy, quien habría decidido jugar con Cascos al ratón y al gato. “Rajoy quiere que Cascos se proponga e imponerle un equipo y Cascos busca que sea Rajoy el que el pida el favor de ser el candidato para elegir él a sus colaboradores”, explicaba una fuente cercana a Génova.

“Cascos tiene que ser el candidato porque es un clamor en la calle”, recalca Fernández Rozada ante una caña de cerveza tirada en Casa Manolo. El entusiasmo del diputado para con su patrón es inagotable. En su opinión, hasta la azarosa vida sentimental del ex vicepresidente le daría votos entre un sector del centro izquierda asturiano. Lo suyo es amor de madre, o algo muy parecido.

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