Historia triste de un aborto, o la rebelión de los hombres buenos

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Hace días que este vídeo de Youtube es muy visitado en Estados Unidos. El título, “Padre Se Enfrenta A Anti-Abortistas” es bastante dramático, pero aún así no abarca todo el dramatismo de la historia. ¿Estamos todos sentados? Vamos allá. Aaron Gouveia y su mujer esperaban con toda la ilusión su segundo retoño, una niña para la que ya tenían incluso nombre: Alexandra. Hasta que en una prueba clínica emergió lo horrible. Alexandra venía mal. Venía con las dos piernas pegadas, una rarísima malformación congénita, conocida como el Síndrome de la Sirena. Se da en uno de cada 100.000 casos. Pero lo de peor no era ni siquiera esto, era que la niña carecía de vejiga y de riñones. Sus posibilidades de sobrevivir fuera del vientre materno eran nulas, advirtió el médico a los Gouveia.

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Quienes tras pasar tres semanas de pruebas y más pruebas, para descartar hasta la más remota posibilidad de un error de diagnóstico o de laboratorio, se enfrentaron a la decisión más infernal de sus vidas. A la de decirle adiós a Alexandra cuando ni siquiera había nacido. A dejarla pasar de largo de una existencia que habría sido agonía pura. A dejarla no ser en paz.

Pero las cosas nunca son tan fáciles ni siquiera cuando son tan difíciles. Los Gouveia tuvieron que ir físicamente a abortar. Y a la puerta se encontraron un escuadrón de manifestantes contra el aborto, de esos que en Estados Unidos montan guardia durante horas chillando barbaridades a las mujeres que entran y salen de las clínicas y blandiendo terroríficas fotos de fetos.

Aaron Gouveia y su mujer atravesaron el círculo de insultos con su corona de espinas en la cabeza y con otra todavía más aguda y apretada alrededor del corazón. En cuanto los médicos se la llevaron a ella detrás de una puerta de la que ya no dejaban pasar a Aaron, este, sin planificar y sin pensar mucho, según dice, volvió a salir a la calle con su teléfono móvil en alto y la cámara que este contiene encendida. Y se enfrentó a las manifestantes antiabortistas contándoles la verdad de su drama (el de él) y abominando del suyo (el de ellas). El vídeo en Youtube ha tenido ya cientos de miles de visitas, particularmente desde que la historia de Aaron Gouveia apareció contada por él mismo en las páginas del magazine The Good Men Project, que sí, se llama exactamente como parece aún sin saber inglés: El Proyecto de los Hombres Buenos.

Todo el proyecto es muy original, no sólo el nombre. Lanzado a mediados de este año, su fundador, Tom Matlack, explica la filosofía de este magazine online en los siguientes términos: tú piensas en una revista para hombres, y en lo que piensas es en Maxim (erótica) o Men’s Health (tías y fitness) o alguna publicación de moda masculina o de negocios. Pero, ¿dónde encuentras artículos que discutan cómo ser un buen padre, que significa para un transexual afeitarse por primera vez o una historia como la de Aaron Gouveia? “Historias reales de las líneas del frente de la nueva masculinidad”, prometen. Y parece que lo cumplen.

Es tan bonito, o mejor, es tan humano, que por supuesto obliga a frotarse los ojos tres y cuatro veces. No olvidemos que Estados Unidos es un país donde muchas cosas se consiguen a base de echarle cierto teatro. Por ejemplo, y sin salirnos del tema de hoy: el célebre caso de Roe versus Wade, que en los años 70 ayudó a abrir un debate nacional sobre el derecho constitucional al aborto, fue instigado por una mujer, Jane Roe, que alegó estar embarazada como resultado de una violación. Pues ni la habían violado ni se llamaba Jane Roe, sino Norma McCorvey, y al parecer no estaba en absoluto preparada para convertirse en un símbolo. A día de hoy es miembro del movimiento pro-vida y lucha por cambiar las leyes que su propio caso ayudó a aprobar.

¿Nos enteraremos algún día de que Aaron Gouveia no existía, o de que se inventó su historia? Espero que no, y no porque me alegre de su desgracia, sino porque su sensibilidad y su entereza me han puesto la piel de gallina.

Pero incluso si fuera así, si todo acabara siendo un montaje viral de esos que últimamente están tan de moda, seguiría teniendo razón Christian Salmon, autor de “Storytelling” (más datos en este interesante artículo en español de Roberto González), cuando dice que contar una buena historia, capaz de emocionar y de conmover, a veces modifica más un esquema mental que la más sólida batería de argumentos.

Triste es lo que tiene que llegar a pasar para que se ablande la intolerancia -es decir, la falta de imaginación- de algunos.

7 Comments
  1. AMJU says

    Buen artículo, con argumentos morales que ya cuentan con algunos precedentes jurídicos. En Estados Unidos varios tribunales han estimado demandas civiles interpuestas por personas con graves taras congénitas contra sus padres por haber decidido su nacimiento. Esta cuestión tan delicada y potencialmente muy compleja -el derecho (obviamente sobrevenido) a no nacer (o a no haber nacido)- es hoy una de las preocupaciones más novedosas y candentes de los departamentos universitarios de filosofía del derecho, también en España. Como siempre, las ciencias sociales (en este caso el derecho y sus prescripciones sobre el patrimonio jurídico del «nasciturus», que jurídicamente todavía no es persona) cambian y tienen la obligación ética de formularse sus preguntas leyendo la agenda en la que se escribe el desarrollo de las ciencias naturales, como la biología y la medicina. Gracias por el artículo.

  2. Juan Antonio says

    Conocí en Córdoba (España) a un matrimonio que, en el embarazo de su primer hijo, con toda la ilusión, le anunciaron que había muchísimas probabilidades de que naciera con una tara gravísima. Le recomendaron, por ello, el aborto como solución.

    Lo pensaron, dudaron mucho, finalmente le explicaron al médico que quiénes eran ellos, o el médico, para decidir quién debe nacer y quién no. Así que siguieron adelante con el embarazo, esperando a ese hijo que probablemente vendría con tara, para quererle mucho y volcarse en él.

    Nació el niño. Nació sin tara. Hoy es un niño feliz. Que hace feliz a sus padres y hermanos menores. Y sus padres todavía recuerdan lo que les hizo sufrir aquél médico y se alegran de no haberle hecho caso. En cualquier caso, creen que también hubieran sido felices haciendo feliz al niño tarado.

    Y me dijeron una frase inolvidable: «Por eso dicen que algunos médicos entierran sus errores». Un poco de humor negro.

  3. Reyes says

    !Pobre Alexandra a la que no le dieron una oportunidad de luchar por su vida!

  4. Vicente VALENCIA says

    Me temo que ha cometido, entre otros, este grave error: a Alexandra no le dejaron «no ser en paz», Alexandra ya ERA. En todo caso, le dejaron -o le hicieron- NO SER en paz.

    Y este otro: «blandiendo terroríficas fotos de fetos». ¿Puede un feto ser terrorífico? ¿No será lo terrorífico de esas fotos de un ser indefenso totalmente el estado en que les dejan los que intervienen para que dejen de ser «en paz»? ¿Puede un inocente ser terrorífico?

    Y este otro: Alexandra también estaba coronada de espinas. Igual que Jesús -ya que introduce Vd. el símil confesional- siendo absolutametne inocente fue condenada a muerte.

    Y otro: deja Vd. ver con toda claridad que cree que el fin justifica los medios. Todo vale: mentiras, disimulos, «teatro»… el caso es que la causa siga adelante.

    Triste, muy triste.

  5. Anna Grau says

    A Vicente Valencia: ¿se ha preguntado por qué a las puertas de las clínicas no hay nadie blandiendo carteles que diga «ABORTA YA»? Muy sencillo: porque a favor del aborto no está nadie. Nadie en el mundo, créame. Todos -y especialmente todas, si me permite- sabemos que abortar es algo espeluznante. Pero a veces la alternativa también lo es. Por eso las personas que pasan por eso merecen cuanto menos el beneficio de la duda. Créame, muchas más veces de las que a usted le parece son víctimas, no verdugos…

  6. Rene says

    y si el patrimonio jurídico, el conjunto de derechos e intereses que tanto se discute en torno al aborto, ¿no es lo relevante del debate?. Dejemos de pensar por un momento en si el feto es poseeodor o no de derechos, esto es, si es o no persona; y de aceptar que es persona, ¿desde cuando lo es?.
    Tratar de responder a estas preguntas, se ha convertido en la premisa fundamental y de acuerdo a la respuesta que entregamos, ésta se ha transformado en una convicción de tal naturaleza que torna irreconciliables las demás posturas.
    Creo que en el fondo de cada ser humano hay una convicción tan profunda que nos une a todos, que si es bien interpretada puede llegar a lograr el consenso y la tolerancia que tanto le falta al tema del aborto, esto es «que cada vida humana, en cualquier forma, tiene un valor intrinseco» el cual no puede ser negado, sin negar también nuestra condición humana.
    Entonces, el debate en torno al aborto se traduciría en las distintas interpretaciones que podamos encontrar para proteger de mejor forma el valor intrínseco de la vida humana.

  7. celine says

    En este terreno, como en el de la eutanasia, me siento cerca de la persona que se encuentra en ese encrucijada. Ya es dura la decisión como para sacar la batería legal o religiosa contra ella. Que tiren las piedras aquellos que se sientan libres de pecado.

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