PSOE y PP disfrazan la realidad con sus lemas preelectorales

el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero (derecha), junto al candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez (i), durante la reunión del Comité Federal del partido celebrada ayer en Madrid. / Inma Mesa (Efe)

Si alguna vez habíamos salido, ahora podemos decir que entramos de lleno en la precampaña ante las elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo. Y con ello la atmósfera política se va saturando de propaganda, lemas y promesas. Algnos observadores notables de la realidad política en democracia como Alvin Toffler o Norman Mailer han dejado constancia de la forma de gobernar por interés electoral y de cómo muchos presidentes han convertido sus mandatos en campañas permanentes.

Más allá de las formas de gobierno “a golpe de encuesta”, ¿es posible examinar la evolución de un país a través de sus lemas electorales? El lema, decía Paul Valery, es la síntesis del discurso. Se trata de una idea muy estudiada, muy trabajada y condensada en una frase para captar la atención y atraer al elector. En la precampaña en marcha ya podemos ver las vallas y los atriles con el lema del principal partido de la oposición. Al lado de la gaviota, el PP nos dice: “Puedes confiar”.

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El término “confianza” se convierte en la clave y razón para votar a esa opción. Pero ¿inspira confianza un candidato como Francisco Camps, que supuestamente aceptaba trajes de regalo de la trama Gürtel y por lo que figura como imputado ante la Justicia? En la convención autonómica del sábado en Palma de Mallorca, el presidente del PP, Mariano Rajoy, cumplió el trámite de saludarle como a un buen correligionario y acto seguido dijo a los periodistas que dudaban de su apoyo al presidente valenciano: “Bueno, ya hemos cumplido, ¿no?”.

Camps es de fiar para Rajoy. Pero el lema “puedes confiar” proyecta una interpretación más amplia de la realidad. Cuando el líder de la oposición se sitúa en las encuestas con un índice de desconfianza mayor que el presidente del Gobierno –más del 70% de los ciudadanos no confía en ninguno de los dos–, el lema electoral actúa como un señuelo para ocultar la realidad y también como la expresión de una carencia: la confianza en la clase política.

La última encuesta del CIS, del mes de enero, situaba a la clase política como el tercer problema de los españoles, tras el desempleo y las necesidades económicas. Un 20,6% –uno de cada cinco españoles– considera que los partidos políticos y sus dirigentes crean más problemas de los que resuelven. Esa percepción casi se ha triplicado desde octubre de 2008, en que el 7,15 los percibía como problema.

Tal vez debido al imparable crecimiento de la imagen negativa de los políticos y los partidos, los expertos en marketing que trabajan para el PSOE han optado por eludir el logotipo del puño y la rosa que acompañaba sus lemas desde las primeras elecciones democráticas de 1977. El símbolo del PSOE no figura en los reclamos de precampaña del candidato madrileño Tomás Gómez y del castellano y leonés Oscar López, entre otros, lo que ha producido gran algazara en algunos oponentes, que creen que “se avergüenzan de su partido” mientras ellos no sienten lo propio por la corrupción que ha aflorado en el suyo.

El lema de los socialistas, “La fuerza de un gran país”, también opera en este caso como un señuelo para desviar la realidad. Un país con una tasa de desempleo del 20% de la población activa –el 30% de los jóvenes de menos de 30 años– no se caracteriza precisamente por ser fuerte ni grande, sino más bien por ser débil, miserable y por el desprecio insultante de su fuerza. El discurso del líder y presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, anteponiendo el interés del país al del partido, aun siendo lógico en cualquier gobernante, contiene un mensaje subliminal para reducir la opinión negativa de los ciudadanos sobre la acción de gobierno, que es mala en 35% y muy mala en el 23,8%, según el último sondeo del CIS.

A partir del contraste entre el eslogan y la realidad sociológicamente contrastada vale concluir que los lemas electorales nos pueden ayudar a entender la evolución histórica de un país, siempre y cuando sepamos interpretar lo contrario de lo que expresan, es decir, la manifestación de lo que no hay, de lo que nos falta o lo que sería menester.