Los tres sapos que se come Zapatero esta semana

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El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante la rueda de prensa ofrecida ayer en la residencia del embajador de España en París, ciudad en la que se ha reunido con los líderes de la UE, de la Liga Árabe y de la ONU para abordar la operación internacional contra el régimen de Muamar el Gaddafi. / Fernando Pérez (Efe)

La semana empieza mal para José Luís Rodríguez Zapatero. Y todo hace prever que la acabará peor. Si cabe. Porque va a tener que tragarse tres sapos de tomar bicarbonato con el postre.

Es evidente que a ningún dirigente político que sea un demócrata le gusta enviar a su país a la guerra. Y menos a un presidente que inició su andadura sacando a nuestras tropas de Irak. Pero ahí estamos ahora en los cielos y los mares de Libia. Sin que valga la excusa de que, como en Afganistán, lo que se hace responde a los auspicios de la ONU. Es el primer sapo que le toca tomarse a Zapatero esta semana, el martes, en el Congreso, sobre todo porque dará explicaciones que ya, por adelantado, satisfacen a Mariano Rajoy, quien se va a reír mucho por lo bajini cuando le oiga decir que España está en guerra.

Tampoco es plato de gusto tener que decidir si se mantiene y amplía la dependencia de España de la energía nuclear. Y ahí estamos todos pendientes de Japón, asustados por más que los grandes medios de comunicación, tan interesados en la publicidad de las compañías eléctricas, digan que no pasa nada, viendo como Zapatero coincide con Rajoy en la necesidad de invocar un debate sereno sobre la seguridad de nuestras centrales para que sigan funcionando, no sea que suba la luz o nos quedemos sin ella por empeñarnos en las alternativas eólica y solar.

El remate de la faena, con todo, lo vamos a ver el día 26 de marzo. Una persona que, como ZP, es pacifista pero entra en guerra, es ecologista pero apuesta -aunque sea como quien no quiere la cosa- por la energía nuclear, que se traga semejantes sapos sacrificando sus convicciones porque piensa que, por el bien común, no tiene más remedio que hacer lo que hace, escenificará el sábado la derrota de sus sueños, de su aspiración juvenil de ayudar, como buen socialdemócrata, a que los trabajadores consigan más derechos de los que tienen. Porque este sábado se reunirá con los representantes de las 44 empresas más importantes del país que forman parte del Consejo Empresarial para la Competitividad, a los que se sumará el presidente de la CEOE, Juan Rosell, y les informará de que mucho de lo que le van a pedir ya se habrá comprometido a cumplirlo en el Consejo Europeo que se celebra en Bruselas los dos días anteriores, el 23 y el 24 de marzo. Pero ellos le van a poner contra las cuerdas con sus reclamaciones.

Dicen portavoces autorizados de algunas empresas que acuden al encuentro que el sábado “la foto no vale de nada”, que van a ir con la cartilla y se la van a leer a Zapatero en La Moncloa. Pero no sólo eso. Al tiempo, van a pregonar urbi et orbe lo que ellos consideran que hay que hacer, sí o sí. De hecho, van a ir más allá y quieren dejar sentado que su propuesta va dirigida a cualquiera que gobierne, “tengan el color que tengan”, en expresión de un prestigioso gestor de una de las más importantes empresas que acudirán. Un gestor que, a título personal, piensa que la gravedad de la situación económica española transciende el color del partido que gobierne porque nos va a costar muchos años recuperar la confianza de los mercados en España. Es más. Un gestor que afirma que, en estos momentos, ser una empresa española penaliza fuera, en el extranjero. Y remata: pero que nadie se haga ilusiones. Las cartas están echadas. Y, si viene otro Gobierno, podrá hacer más bien poco.

Ese cualificado representante empresarial asegura que no habrá más remedio que ligar salarios y productividad. Y Zapatero parece pensar lo mismo, aunque confía en que antes de pronunciarse en Bruselas se produzca un acuerdo entre la patronal y los sindicatos sobre la negociación colectiva en el que se incluya ese punto, lo que le permitiría acudir a la cumbre europea con una oferta consensuada sobre el desarrollo de la reforma laboral. De hecho, tanto Mariano Rajoy como Josep Antoni Durán Lleida, de CIU, y Josu Erkoreka, del PNV, han dejado bien sentado que apoyarán al Gobierno en ese punto si, por falta de consenso entre los agentes sociales, debe tomar la decisión por su cuenta. Y algo es algo. Que los sapos, aderezados de Parlamento, raspan menos.

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