Obama, entre la primavera árabe y la cueva de Alí Babá

El presidente de EEUU, Barack Obama, de espaldas, reunido con su equipo de Seguridad Nacional, tras la operación que acabó con la vida del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, el pasado día 1. / Pete Souza (whitehouse.gob)

Dicen que Barack Obama prepara un nuevo discurso histórico, o con pretensiones de serlo, centrado en Oriente Medio. Podría pronunciarlo después de reunirse el próximo 20 de mayo con el premier israelí, Benjamin Netanyahu, y antes de salir el 22 de mayo de gira hacia Europa. Nadie sabe con certeza qué va a decir Obama antes de que lo diga, más ahora que se ha aficionado a escribirse sus propios discursos hasta la última coma. Así lo hizo con las palabras que pronunció para anunciar la muerte de Osama Bin Laden, y por eso el anuncio se demoró casi una hora sobre lo previsto por las filtraciones a Twitter y demás. Media hora más de dudas con el borrador, y Obama no habría llegado a tiempo de dar la noticia coincidiendo con el octavo aniversario del célebre "Misión Cumplida" de George W. Bush, que ya son ganas de tocar las efemérides.

Pero dentro de que nadie sabe con exactitud qué va a decir Obama sobre Oriente Medio, todos suponen que va a moverse entre las dos brechas de oportunidad abiertas por la muerte de Bin Laden y la cascada de primaveras árabes. Es de prever que el presidente de Estados Unidos llamará al mundo musulmán a rechazar el radicalismo y al mundo árabe en general a buscar la paz. Entre sí y con Washington.

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A Obama le urge diseñar un nuevo tablero de alianzas porque las que tiene ahora encima de la mesa presentan un panorama fatal. El jefe de la Casa Blanca lleva desde el 1 de mayo sin hablarse con el presidente paquistaní, Asif Ali Zardari. Dicho por el secretario de prensa de la Casa Blanca, Jay Carner, en un chau-chau a bordo del Air Force One este martes. A lo largo del susodicho chau-chau Carner calificó de “importante y complicada” la relación entre Estados Unidos y Paquistán, y subrayó que se trabaja duro para recuperar los niveles de colaboración anteriores a la Operación Gerónimo.

Que les bajará, les bajará... Como bien dice George Friedman, presidente de Stratfor Forecasting Inc, “no es inconcebible” que en realidad Estados Unidos y Paquistán trabajaran codo con codo en el cerco a Bin Laden y que ahora se hagan los enfadados para disimular. Pero a él le parece más probable que las tensiones actuales sean auténticas. Serían como lo que pasa en un matrimonio donde todo el mundo sabe que la otra parte le pone los cuernos, pero que en cuanto se enteran los vecinos y las amigas de la peluquería, se monta la de Dios. A diferencia de Roma, Washington lleva años pagando traidores a sabiendas. Siendo perfectamente consciente de que el ISI (servicio de inteligencia) paquistaní, teóricamente su gran aliado en la guerra contra el terror, es a la vez una cueva de Alí Babá llena de amiguetes de Al Qaeda.

¿Y eso por qué se permite? Básicamente por dos razones de peso: porque peor sería un gobierno paquistaní todavía más protalibán y más bestia, sin ni siquiera un destello de ambigüedad prooccidental, y porque quieras que no los traidores siguen siendo la gente mejor informada del mundo. Los que mejores cromos reales tienen que cambiar sobre el (más o menos) enemigo en la endemoniadísima encrucijada afgana. Tanto es así que en las últimas horas un alto oficial del gobierno Obama lo ha puesto off-the-record pero bien clarito: "incluso si encontráramos evidencias de que los paquistaníes escondían a Bin Laden, tendríamos que seguir colaborando con ellos". Con lo cual lo mejor es que si existen estas evidencias, nadie las encuentre. Tómate un caldo, WikiLeaks.

En resumen uno (pongamos el presidente de Estados Unidos) lleva mucho tempo pudiendo elegir entre no fiarse absolutamente de nadie y hacer todas las guerras del mundo personal e intransferiblemente, lo cual es un estrés, o delegar en socios y aliados de lo más dudoso, pero que son lo que hay. Ahora se supone que se abre una oportunidad de rebarajar, de intentar repartir juego en otros términos entre Occidente y Oriente. La muerte de Bin Laden, la fuerte crisis interna en Irán y las sacudidas en el norte de África abren escenarios nuevos que se pueden y se deben aprovechar.

Para qué, alguno de los tres dioses de turno -que siempre son el mismo- lo dirá, si es que lo sabe.