Las dudas sin despejar del Comité Federal

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Vista general de la reunión del Comité Federal del PSOE, celebrada el sábado en la sede del partido en la calle Ferraz de Madrid. / Chema Moya (efe)
Vista general de la reunión del Comité Federal del PSOE, celebrada el sábado en la sede del partido. / Chema Moya (Efe)

La ministra de Defensa, Carme Chacón, asistió en el Comité Federal a la materialización de un desengaño inesperado, el final de su gran sueño. No intervino, pero el humedal de sus ojos, la gravedad de sus labios cerrados, su semblante triste lo dijeron todo. Más que las tremendas palabras de su despedida: “Desde el primer momento ha habido quienes, desde el PSOE, se movilizaron contra la celebración de unas elecciones primarias y alegaban que dar la voz a los militantes generaba división y urgían a la designación de un candidato único. El severo castigo electoral hizo que esos movimientos, en vez de amainar, se recrudecieran; y en los últimos días hemos asistido a una escalada que pone en riesgo la unidad del Partido, la autoridad del Presidente del Gobierno y Secretario General, nuestra imagen colectiva como partido e, incluso, la estabilidad del Gobierno”. Eso, proclamó, era lo único que podía hacerle reconsiderar una decisión que tenía bien tomada.

Muchos le dieron las gracias por irse, menos quien más se lo debía, Rubalcaba. Pero nadie dijo nada sobre sus propuestas, ni siquiera los que decían que la hubieran apoyado de haberse celebrado primarias de verdad.

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Algunos pensaron que abandonó porque algunos de los “barones” que esperaba que le apoyasen, le comunicaron que le retiraban su apoyo tras comprobar el desastre del 22-M y que no estaba el horno para bollos. No era el momento de dividir al partido con primarias y, menos, para apoyar en sus territorios del sur, donde ha barrido la derecha, a una candidata catalana. Esos comentarios no le arredraron el miércoles y un día después, el jueves, seguía decidida a presentarse. Por la mañana. Porque por la tarde cambió de criterio y dio marcha atrás en contra de su voluntad. Hay quien dice que los que hablaron con ella lo hicieron también con el presidente, menos uno: Patxi López. El lehendakari pidió un Congreso Extraordinario y abrió la caja de Pandora. Zapatero se vio obligado a actuar. No quería que los barones le echasen. Si le arrebataban la Secretaría General, dimitiría como presidente del Gobierno porque se visualizaría su falta total de poder no sólo en el Parlamento, sino en sus propias filas. Sólo había una salida: que diese marcha atrás y esperase otra ocasión. Visto de otro modo, si Rubalcaba, su adversario común, se la pega en las generales, en el Congreso del partido posterior a los comicios, ella, la sacrificada heroína, estará extraordinariamente bien situada. ¿Quién mejor que ella para ser portavoz parlamentaria frente a Mariano Rajoy, si vence como se espera, y para representar el PSOE de futuro? En eso, dada la edad que tiene, Rubalcaba no sería un rival por mejor orador que resulte.

No creo que a Chacón le consolasen las posibilidades de futuro. Y menos si quien le apoya es un presidente y secretario general cesante. Pero no se va a rendir.

El Comité Federal ha dejado sembradas muchas dudas que, de no despejarse, pueden facilitar sus aspiraciones. Muchos dirigentes, incluidos “barones” territoriales que le apoyan, no entienden que Rubalcaba siga siendo vicepresidente y, además, portavoz de un Gobierno al que sólo le queda aprobar desgracias en un Parlamento que encima le resulta hostil. Es decir, el número dos del Ejecutivo que vaya aprobando medidas de ajuste que reclama la Unión Europea – la misma que puede provocar un adelanto electoral si Zapatero no tiene pactados en octubre, al menos con el PNV, unos Presupuestos Generales del Estado que todo el mundo sabe que son improrrogables– al tiempo que pregona el giro a la izquierda que apruebe la Conferencia Política de septiembre con la que Zapatero ha querido contentar a Patxi López.

Otra incógnita es quién se quedará al final controlando el partido, sobre todo las listas electorales, que es lo que hubiera hecho Rubalcaba si en vez de falsas primarias se hubiera celebrado un Congreso Extraordinario y hubiera sido elegido, como desea, Secretario General. En eso, mitad por razón de Estado, mitad por interés propio, Zapatero ha plantado cara a Rubalcaba y los “barones”. Eso sí, al precio de entregarles la cabeza de su alumna y amiga Chacón. Se avecina un pulso tremendo por controlar la organización, sobre todo el Comité Electoral. Y lo peor es que nadie sabe a quién va a apoyar José Blanco, decisivo en este punto porque es el que conoce los resortes secretos del partido. ¿Pondrá el aparato al servicio de su valedor Zapatero o de Rubalcaba, el valido “cum laude”?

Lo peor, para el PSOE, es que nadie sabe ni quien va a mandar ni lo que va a pasar. Y que la sociedad no conservadora, que sigue siendo mayoritaria en este país, cada vez mira más para otro lado. Y si no, que se lo digan a los muchachos del 15 de mayo.

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