Israel, ¿cuánto más pequeña, menos manejable desde Estados Unidos?

Obama y Netanyahu durante la visita del presidente israelí a los Estados Unidos. / Pete Souza (whitehous.gob)

Llega un momento que, con una mano en la Biblia, otra en los acuerdos de Oslo, un pie en la franja de Gaza y otro en el Despacho Oval, más la nariz en la ONU, una ya no sabe a qué atenerse respecto a qué es lo mejor para Israel. Y para el resto de Oriente Medio. Como además es casi imposible hablar de este tema objetiva y desapasionadamente (más en un país tan oletushuevosHamáááás como España…), pues a ver quién nos ilumina y nos ayuda a saber en qué punto estamos. Y si es bueno o malo que Barack Obama haya pedido que Israel vuelva a los mapas anteriores a 1967, así sea con trueques y con muchos matices.

Proliferan estos días como hongos los análisis de la jugada de Obama y de la dura reacción del premier israelí, Benjamin Netanyahu. Son análisis mayormente diplomáticos, no técnicos. Quiero decir, que todos aquellos que recomiendan a Israel que acepte retroceder tras las líneas de ocupación (que no fronteras de anexión, como agudamente señalaba aquí mismo hace poco el compañero de cuartopoder.es Félix Bornstein), lo hacen aduciendo que las ventajas o los imperativos políticos superan o compensan las desventajas militares. Parece bastante extendida la opinión de que retirándose de los famosos “territorios ocupados”, el Estado israelí da un paso atrás en su conocida obsesión por la invulnerabilidad. En su afán de profundidad estratégica para defenderse, esa de la que geográfica e históricamente carece, y de ahí su obsesión por el ataque preventivo. Más que nada, por miedo a no tener opción al contraataque si todos sus vecinos decidieran golpear a la vez. No sería la primera vez que ocurre.

Ante esto se aduce que de qué va a tener miedo Israel, contando con el apoyo incondicional de Estados Unidos.  Pero claro, ese es precisamente el tema: ¿ha empezado Barack Obama a desmantelar ese apoyo? ¿O a supeditarlo a unas concesiones que tocan en lo más vivo el nervio del gobierno Netanyahu? ¿Ya no estamos hablando de paz por territorios, sino de protección americana por territorios? Si eso es de verdad así, ¿qué puede hacer Israel? ¿Hay alternativas a plegarse a los deseos de un Obama que parece decidido a no permitir que desde Tel Aviv le compliquen más la vida en el momento en que pretende reconfigurar todas sus alianzas en el mundo árabe?

El caso es que hay quien cree que Obama no le está haciendo un chantaje a Netanyahu, sino incluso un favor. Es la sorprendente opinión de los analistas de Stratfor Forecasting Inc, una especie de CIA privada que, a diferencia de la pública, tiene la curiosa particularidad de hacer todas sus predicciones y recomendaciones sin pauta ideológica de ningún color, como destaca el periodista español Lluís Bassets en el prólogo del último libro del fundador de Stratfor, George FriedmanLa próxima década, publicado por Destino-. A Friedman y a sus espías, exespías y analistas les importa un bledo si sus análisis son de izquierdas o de derechas, si hacen el caldo gordo a este o a aquel.

Así puede darse el caso aparentemente curioso de que una consultoría internacional de inteligencia dirigida por un judío, descendiente además de supervivientes del Holocausto, recomiende encarecidamente a Israel que acepte contraerse tras las líneas anteriores a 1967 (que no a las de 1948, como también con gran detalle y acierto destaca Félix Bornstein). Y lo mejor es que no se lo recomienda por motivos políticos ni humanitarismos varios, para entendernos, sino por la más pura, dura y estricta lógica militar. Cree que una Israel más compacta, menos crecida, tiene más posibilidades de sobrevivir…sin depender para ello de la constante asistencia de EEUU.

La tesis es que Israel ha conseguido parar el golpe de unos enemigos más poderosos que ella pero, felizmente, también más incoherentes y desorganizados gracias a la asistencia militar norteamericana (aunque no siempre; por un breve período inicial, este papel de primo Zumosol lo hizo la Unión Soviética) pero sobre todo a una inteligencia de hierro. A los desvelos del Mossad y otros elementos del Estado hebreo capaces de prever indicios de coordinación árabe para atacar, y de parar esos ataques a tiempo. Al ojo de Sión que todo lo ve.

O lo veía. Porque la tesis de Stratfor es que la mítica inteligencia israelí se ha ido debilitando con el tiempo, de manera directamente proporcional a cómo se ensanchaban los mapas civiles pero sobre todo militares del país. Más ocupación, más incertidumbre, más fallos de inteligencia, más debilidad, más crisis…todo lo cual redunda en mayor dependencia de la ayuda norteamericana. Es decir, que supedita más y más la política de Israel a los caprichos de Washington.

¿Es o no es interesante la paradoja? Israel se haría más débil y dependiente cuando más fuerte y autosuficiente pretende ser. En Stratfor les recuerdan implacables que hace tiempo que no ganan una guerra tan limpiamente como ganaron la de los Seis Días (y aún entonces tuvieron que retirarse de donde no querían, y perdonarle la vida al ejército egipcio, bajo amenaza de que la Casa Blanca les cortaba el grifo armamentístico…), y les aconsejan del mejor de los rollos que suelten lastre. Que vuelvan a fronteras más fáciles de defender ellos solos, sin ayuda de nadie. O con una ayuda menos a vida o muerte.

Este consejo parece especialmente relevante cuando Obama parece que de verdad se plantea echarle un pulso a Netanyahu, en la política exterior y en la interior. El uno tiene elecciones a la vuelta de la esquina. El otro, una demografía que da miedo. ¿Cuál de los dos dirá primero que era broma? Políticamente es opinable pero, según Stratfor, militarmente no lo es: si Israel de verdad aspira a no tener que pedir permiso a Washington para existir, le conviene coger las fronteras de 1949 y echar a correr. Lo contrario no se sostiene en términos defensivos, aseguran los expertos.

Otra cosa es que se sostenga por otros motivos, por ejemplo, la tozuda voluntad de Netanyahu de coger toda la carrerilla territorial posible para evacuar o aplazar el “problema” de la población árabe de Israel. Pero entonces líderes debería haber en la misma Israel para no confundir la seguridad con la realidad, el culo con las témporas. Existen otros dirigentes y otros programas posibles.

Por otro lado existe también la posibilidad, y eso hay que tenerlo en cuenta, de que una Israel más pequeña se tome al pie de la letra lo de ser más matona…¿e incluso algo antiamericana?  ¿O simplemente más dada a “ir a su bola” y a tener menos en cuenta los intereses de Estados Unidos o, ya puestos, los de Europa, antes de actuar?

Amigos, es que no se puede tener todo.