Un debate de altura entre el váyase y el aún me quedo un rato

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José Luis Rodríguez Zapatero, difuminado, en primer plano, y Mariano Rajoy, al fondo, durante el debate del estado de la Nación celebrado ayer en el Congreso. / Juanjo Martín (Efe)

Mentiría después con las cifras de la deuda pública, el déficit por cuenta corriente o la productividad agraria del secano, como le llegó a reprochar Zapatero, pero hay que reconocer que las primeras palabras que pronunció Rajoy ayer en el Congreso eran verdades como puños: el debate del estado de la Nación -vino a decir- es una redundancia, no sólo porque no es distinto de cualquier otro debate parlamentario sino porque en estos días existe un amplio consenso de que el estado de la nación es lamentable.

Como se trata de la misma película vista mil veces, hay que tener el culo de acero y la paciencia de Job para enfrentarse a una liturgia que, en realidad, no aporta nada a la marcha del país sino que se limita a un duelo dialéctico a florete, a cuyo término los medios de comunicación oficializan al vencedor en función de sus simpatías ideológicas. A los que, en vez de seguir el debate por televisión, eligieron una sesión de teletienda o esos novísimos reportajes de National Geographic que emite Veo 7 y en donde aparece animales ya extinguidos, mi más sincera enhorabuena.

Les adelanto el resumen del cara a cara. Rajoy quiere que Zapatero se retire cuanto antes a León a comer botillo del Bierzo para poder cambiar a su gusto los tapizados de Moncloa, que son un horror, y Zapatero quiere quedarse hasta el final para dejar recogida la casa y las reformas concluidas, incluido el gotelé de las pensiones y el acuchillado de la negociación colectiva.

El todavía presidente tiene dos graves inconvenientes. Uno es que ya no sube a la tribuna vestido de mago porque tiene estropeada la chistera y ya no hay rastro de esos conejos tan simpáticos que le salían antes. Anunciar que elevará el límite inembargable de los sueldos en las ejecuciones hipotecarias no llega ni a una pata de conejo; el otro es que goza de menos crédito que una caja de ahorros, y cualquier cosa que dice, especialmente cuando implica algo semejante a tenerle fe, es una llamada a gritos a la prevención.

Su discurso inicial fue el bodrio acostumbrado. Con la que está cayendo, uno no puede ponerse a recitar un cuadro macroeconómico de indicadores que, según parece, a tenor de experiencias pasadas, apuntan a que hay luz al final del túnel aunque por el momento tengamos que seguir avanzando a tientas y dejándonos las espinillas en los trompicones. Ni tampoco solemnizar lo obvio, como esa afirmación de que sin el desplome del sector inmobiliario estaríamos creciendo al 2% y creando empleo. “Me arrepiento de no haber pinchado a tiempo la burbuja inmobiliaria”, afirmó. Y nosotros más.

Con Rajoy, o más bien, con quien le escribe los discursos, hay que descubrirse. En esta ocasión batió todos los récords. Consiguió pedir ininterrumpidamente durante 45 minutos elecciones anticipadas sin recurrir a la vieja fórmula aznarina del “márchese señor Zapatero”.  Y todo ello sin descubrir una sola carta sobre lo que el PP tiene en mente. Es posible que la reforma laboral sea un sucedáneo, como sentenció, pero ¿cuál es la que propone el PP? Con todo, lo mejor fue la solemnidad con la que hizo entrega de tres proyectos de ley para su tramitación, un segundo después de que pidiera al encargado que echara el cierre. Que no se diga que no hay alternativa.

Acochinado en tablas, Rajoy es de los que no entran al trapo. Zapatero le citó de largo y le pidió que explicara si estaba a favor o en contra de la ultraactividad de los convenios y le preguntó cuál debía ser la indemnización por despido o si era necesario o no alargar la edad de jubilación de los 65 a los 67 años. He aquí su respuesta: “He pedido elecciones generales porque es lo mejor para España. Yo, personalmente, no tengo ninguna prisa”. Pues eso, que manzanas traigo.

¿Que si hubo referencias al 15-M y a la creciente ola de indignación contra la clase política por  su sometimiento a los mercados y sus corruptelas? Para el líder de la oposición y aspirante a presidir el país el tema no existe o es  tan nimio que ni siquiera mereció su mención. Zapatero sí le dedicó algún apunte, pero para decir que respetaba la opinión de la ciudadanía y escuchaba atentamente sus demandas, aunque por un oído le entraran y por el otro le salieran. Este hombre es único. Es capaz de presumir de nuestra democracia representativa y, a la vez, reconocer que con IU no es representativa en absoluto. ¿En qué quedamos?

2 Comments
  1. borja says

    Por favor pedir a amigos,conocidos,familiares que no voten ni al psoe ni al pp pasarlo por favor.Si nadie vota a estos dos partidos los que ganen tendran que cambiar las cosas sin posibilidad de no hacer nada.Estarian obligados a cambiar la justicia y la leyes electorales la clave es que psoe y pp no tengan ni un voto.GENERACION NI NI,NI PSOE NI PP PASARLO PORFAVOR,hablar de ello con familiares y amigos y que nadie les vote y TODOS A VOTAR.Que voten a quien sea menos psoe y pp gracias.

  2. celine says

    El debate sería un bodrio pero su croniquilla, señor Escudier, es de lo más divertida. ¡Lástima que haya que despertar de la siesta con mal sabor de boca! Como decían los antiguos, que Dios nos asista.

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