Anarcocapitalismo

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La Iglesia de la Trinidad y Wall Street. / Wikipedia

¿Qué pasa si lo horrible es verdad? ¿Si Dios y la política no existen?

Un amigo me recomienda la lectura de este interesante artículo de José Antonio Sentís, quien hace un alarde de sentido común que, ay, se echa mucho de menos últimamente en Wall Street y otras cúspides financieras del mundo. ¿Y qué dice el sentido común en este caso? Pues que en algún momento el Saturno del capitalismo tiene que dejar de devorar a sus hijos, so pena de empezar a morderse la lengua primero y los propios intestinos después. Que d’on no n’hi ha, no en raja, como decimos Cataluña; y hasta el especulador más sanguinario debería saber que una vez esquilmado todo lo esquilmable, nada queda. Con lo cual los mercados tienen que detenerse cinco segundos antes de la hecatombe (como en las películas de catástrofes) por el bien de ellos mismos, en primer lugar. Para dejar vivir a aquello que les alimenta.

Cuán cierto. Y cuán improbable. Igual que la realidad raras veces supera a la ficción, por mucho que se diga, es bastante frecuente que el análisis mejore lo analizado. Que nos dejemos llevar por nuestra inteligencia para rechazar el ofensivo absurdo. Para crear significado y esperanza de la nada.

Nota a pie de página, o quizás no tanto: noto estos días la ciudad muy revuelta con la inminente visita papal. Revuelta por los dos lados, con el júbilo de los que están a favor y con el supremo fastidio de los que están muy en contra. He escuchado y he leído por ahí agudos análisis contraponiendo a los jóvenes (y no tan jóvenes) de la cristiandad madrileña con los indignados, que se estarían disputando las plazas y las calles, y de ahí que la policía tenga últimamente como que más suelto el mamporro. ¿Es así? ¿Hemos vuelto en definitiva a las guerrillas urbanas de los años 30? ¿Chupacasullas contra quemaconventos?

Qué cruz, dicho sea sin ánimo de mentar la soga en casa del ahorcado. Más que nada porque mira por donde se podría llegar a conclusiones y hasta a comparaciones odiosas. A mucha gente sin duda le revolverá las tripas la visita de Ratzinger. Se comprende. Como se comprende que a otros se las revuelvan otras agresivas manifestaciones utópicas del momento. ¿Se le ha ocurrido a alguien ver las cosas así? ¿Y pararse a echar cuentas? Ojo que hay en el mundo muchísima más gente que cree en Dios que sin creer. Ojo que las cosas no son tan simples.

“No crees que haya vida después de la muerte, ¿pero crees en el comunismo?”, he hecho como que me pasmaba yo algunas veces, reconozco que un poco por épater. Pero en parte lo pensaba y lo pienso: que por lo menos la Iglesia tuvo siempre la cautela de situar su utopía en el ámbito de lo empíricamente incomprobable, mientras que otros no han dudado en tirarse en plancha a la piscina de la historia, y hala, a bracear en el duro cemento.

Hay quien quiere ver en la presente crisis (y en la pasada, y en la futura) el principio del fin del capitalismo. Algo que no deja de generar cierta satisfacción en el sentido de ajustar las cuentas con el fracaso práctico del comunismo. ¿Estamos pues en paz, con el marcador a cero? Depende de cómo se mire. Depende de por ejemplo de cuándo consideremos que de verdad empezó a caer el comunismo. ¿Cuando devino inviable, o cuando devino invivible?

Hasta donde yo sé la fase insoportable para millones de gentes se prolongó por décadas y décadas, durante las cuales importaron un bledo detalles como las purgas estalinistas, el gulag, la evidencia hasta la saciedad de que sólo por la vía de la dictadura total era posible apuntalar tal sistema, etc. No fue hasta la implosión económica y política interna de la URSS en los años noventa, tras el desgaste de Afganistán y de mantener el tipo en la carrera armamentística con Estados Unidos, cuando la muerte anunciada tomó forma. Si algo prueba la historia de la Unión Soviética es que los sistemas podridos no caen cuando fracasan en su supuesto objetivo de hacer feliz y próspera a la gente, sino cuando fallan las fuerzas que los sostienen. Mientras haya fuerzas, a los desahuciados, parados y otros parias de la tierra que les parta un rayo.

No es probable que la actual crisis aminore la potencia de un capitalismo que ahora más que nunca desvela su verdadera naturaleza salvaje, por no decir ferozmente naïve, por no decir ácrata. Anarcocapitalismo, sí. ¿Por qué no? ¿Cuánto tardaremos en rendirnos a la evidencia de que damos vueltas en círculo alrededor de un agujero negro, de un pozo de antimateria, de un impresionante vacío de poder? Simplemente no hay nadie al mando. No existe ninguna grandiosa mano negra como la eternamente soñada por la izquierda. Ojalá existiera esa mano, ese núcleo duro y concreto de maldad. Bastaría con cortar a tiempo para salvar el resto del tejido sano.

Pero no hay nada que cortar ni que salvar, porque la crisis somos todos, del primer cabrón de Wall Street al último indignado. No somos todos igual de culpables. Pero ninguno de nosotros tiene la solución…ni la coherencia, vamos a decirlo todo. Y ninguno la tendrá mientras no empecemos por mirar la realidad a la cara y por admitir su fea, desarmante inconsistencia. Que en este tema es como si no existieran Dios, ni la política, ni nada sagrado. Lo que está en crisis no es sólo la economía mundial, ojalá. Es la capacidad de la política, y de la ideología, y del sentido común mismo, para corregir y negar la realidad. Sus barbaridades intrínsecas. Su sálvese quien pueda.

¿Que no puede ser? Coño, mira a tu alrededor. Hay bacterias tan fulminantes que se cargan a la persona infectada sin pararse a pensar que eso supone su propia muerte. Hay depredadores que agostan sus ecosistemas sin dedicar ni un minuto de conmiseración al día de mañana ni a sus propias crías. ¿No se supone que eso es exactamente lo que estamos haciendo con el calentamiento global? ¿A quién debería extrañarle que el capitalismo sea anárquico, y que ahí radique precisamente su fuerza? ¿En su despiadada imprevisibilidad lógica?

Ahora que me he desahogado a gusto les dejo con dos nombres para el optimismo. Uno es el de Nouriel Roubini, el único que predijo la recesión de 2008. Ahora dice que se avecina otra, seguramente más bestia, que en la UE nos vamos a enterar especialmente, y que no hay nada que hacer para evitarlo. Como mucho por aminorar algunos de los efectos, asumiendo, eso sí, muchos sufrimientos políticos. El otro nombre es el de George Friedman, el fundador y guru supremo de Stratfor Forecasting Inc. Este también cree que es más grave la crisis de políticas económicas que la crisis financiera en sí, y atribuye desde la primavera árabe hasta los disturbios de Londres, pasando por los sucesos de la Puerta del Sol, a la pérdida de legitimidad de las élites políticas. Justificadísima pérdida de legitimidad, por cierto.

¿Saben aquel chiste del patriarca judío moribundo que llama uno por uno a sus hijos, y así comprueba que están todos acompañándole en su lecho de muerte, y furioso estalla, ¡pero entonces, quién va a abrir la tienda!?

4 Comments
  1. celine says

    Este articulo magnífico recuerda que los jinetes del Apocalipsis están a punto de sobrepasar la raya. No hacía falta una tercera guerra mundial, ya que ésta se ha declarado abiertamente y deflagra por todas partes. Fernando Pessoa ya escribió El banquero anarquista, con cierto toque de humor pero sin perder el dramatismo. ¿Ha visto La Hora 11, ese documental producido y contado por De Caprio? Calentamiento global,empobrecimiento de las clases medias, ausencia de líderes políticos, apatía embrutecida en parte por la falta de conocimiento de la gente… demasiadas coincidencias.

  2. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    No sería fácil responder a tan durísimo ensayo -esto dicho amablemente- ya que, o analizamos con sosiego el momento actual o lo dejamos estar.
    Partiendo de que, en todo caso, los más ladrones -ladrones somos todos- son los únicos responsables del cariz que, desde hace un tiempo viene acosándonos principalmente en el mundo económico, nadie negará que la responsabilidad recae en los mafiosos que maniulan los temas de las finanzas.
    Que estos cuatro mojigotes políticos no quieren entrar al trapo de ponerles una trampa en la que caigan todos esos desaprensivos… ellos sabrán qué los mueve a semejante inacción. ¡Repartirán beneficios!

  3. Arnedo says

    Interesante libro que trata este tema con un enfoque parecido:

    http://josearnedo.blogspot.com/2011/07/jacques-attali-una-breve-historia-del.html

    El autor pronostica un declive inminente de USA que desembocará en un equilibrio de poderes entre ciertas potencias. Llegaremos a una situación de mercado económico sin Estado que sólo derivará en una democracia universal pasando por una etapa previa de violentos conflictos internacionales.

    Tras describir la evolución del capitalismo (cuyas «capitales» han ido desplazándose de Oriente a Occidente), Attali pronostica una futura sociedad envejecida, con escasez de recursos (incluyendo el tiempo), formada por «nómadas» cada vez más individualistas.

    Los servicios públicos pasarán a manos privadas que buscan rentabilidad: las compañías de seguros exigirán cumplimiento estricto de normas (hipervigilancia) para asegurar estos servicios.

  4. Arnedo says

    Otro libro espectacular al respecto: Amin Maalouf, El Desajuste del Mundo.

    La situación mundial actual se debe a una doble falta de legitimidad: Occidente, sin credibilidad moral al no aplicar los valores que predica. Oriente, anclada en un pasado de fracasos, sin una moral universal, con una política mezclada de religión como única seña de identidad. Hay retos para el futuro, que pasan por la adecuada integración de los inmigrantes.

    http://josearnedo.blogspot.com/

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