El pacto Zapatero-Rajoy arruina la campaña de Rubalcaba y rechina al PSOE

El candidato socialista, ayer, en el primer encuentro 'Diálogos con Rubalcaba' que se celebró en Ferraz. / J. Lizón (Efe)

El pacto entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy para reformar la Constitución antes del 27 de septiembre con un trámite de urgencia, en lectura única y sin consulta a los ciudadanos, que se verán afectados por la elevación del “déficit cero” y la reducción del techo de gasto a preceptos constitucionales, ha tenido un efecto demoledor sobre la campaña y la credibilidad del candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuyo primer compromiso, “escuchar a la gente”, se ha convertido en un flautus vocis. La ola de protestas crece entre los socialistas, que recuerdan que sus correligionarios franceses rechazan la medida y preguntan sorprendidos si los españoles hemos votado a Merkel y a Sarkozy para gobiernen nuestro país.

Publicidad

El candidato Rubalcaba no estaba de acuerdo con la reforma de la Carta Magna para incluir la “regla de oro” de Merkel, es decir, la horquilla del techo de gasto público con el “déficit cero” cuando la economía crezca por encima del 2%, pero Zapatero le presentó el acuerdo cerrado con Rajoy y lo aceptó. Según la vicepresidenta Elena Salgado, “no fue difícil convencerle”. Ayer Rubalcaba se limitó a pedir flexibilidad “para no pillarnos los dedos”. Pero ni el procedimiento de reforma, sin consulta a los ciudadanos en referéndum, ni las protestas en su partido, merecieron el comentario del candidato que aboga por la participación democrática y el contacto con los ciudadanos, como corresponde a la democracia del siglo XXI.

Esa actitud resignada de Rubalcaba contrasta con el malestar del PSOE ante una decisión que no ha sido consultada ni debatida. Una primera consideración genérica de los diputados y cuadros consultados indica que si España está cumpliendo los compromisos de reducción del déficit con medidas tan drásticas como la reducción y congelación de los sueldos de los empleados públicos, la no renovación de contratos a interinos, la congelación de pensiones…,  no se entiende la necesidad de elevar el asunto a la categoría de mandato constitucional. Salgado, que igual que Zapatero no desea repetir como diputada, afirma que eso “sosiega a los mercados” y da confianza a medio y largo plazo. De hecho, la medida no será efectiva hasta 2018, afirmó.

Entonces “¿a qué viene tanta prisa?”, preguntó el presidente de la Comisión Constitucional, Alfonso Guerra, que, en principio tampoco desea ir en las listas. La pregunta quedó sin respuesta. Las discrepancias de contenido y de forma llevaron al diputado Antonio Gutiérrez, presidente de la Comisión de Economía del Congreso y ex secretario general de CC.OO a anunciar que votará en contra de la reforma y a dar por concluida su experiencia como diputado, pues tampoco desea ir en las listas del PSOE para hacer una política de derechas. Gutiérrez ya votó en contra de la reforma laboral, que se ha demostrado un fracaso a la vista del imparable ascenso de los contratos precarios y del decreto que aprobará el viernes el Consejo de Ministros para autorizar el encadenamiento indefinido de los contratos temporales, hasta ahora limitados a dos años.

Los también diputados de la corriente crítica del PSOE Manuel de la Rocha y José Antonio Pérez Tapias rechazan una decisión que, según Tapias, deja a los socialistas “desnudos como náufragos” y a Rubalcaba aferrado a “un madero” y desprovisto de argumentos. De la Rocha recuerda que la sacralización del techo de gasto impedirá realizar políticas “contracíclicas” para incentivar el consumo y mantener los servicios y las prestaciones sociales. Sobre una eventual subida de impuestos a las grandes fortunas, Salgado dio a entender ayer que el Ejecutivo puede anunciar alguna medida coyuntural este viernes.

Aunque otros diputados del PSOE susurraron su desacuerdo, no cabe esperar que en la votación del próximo martes, 30 de agosto, sean más de cinco o seis los que voten en contra o no acudan a votar la toma en consideración de la reforma. Para exigir un referéndum se requieren 35 diputados, de modo que sería necesario que 20 diputados del PSOE rompieran la disciplina de voto para que con 7 del PNV, 2 del BNG, 5 de IU-ICV-ERC y Rosa Díez, del Grupo Mixto, sumaran el 10%. Es difícil una disidencia de esa envergadura en el grupo socialista, pero los que renuncian a ir en las listas y los que saben que van a ser “renovados” podrían forzar la consulta. El Senado hacen falta 26 votos.

El malestar por la forma y el contenido del pacto Zapatero-Rajoy se extendió a las direcciones regionales del PSOE y también saltó las fronteras. El extremeño Fernández Vara y el madrileño Tomás Gómez mostraron “sorpresa y escepticismo”. Sorpresa porque la medida no ha sido debatida y escepticismo porque dudan de su eficacia, aunque no del coste que tendrá para el partido y el candidato Rubalcaba. El lehendakari Patxi López dudó de la eficacia de la decisión. El jefe de filas socialistas en el Parlamento Europeo y ex ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, eligió el término “perplejidad” para manifestar su desacuerdo.

Aguilar recordó que en 2004 Zapatero propuso una reforma constitucional para incluir las autonomías, reformar el Senado y permitir que las mujeres puedan reinar. Sin embargo, nada se ha hecho. “Los socialistas deberíamos aprovechar la oportunidad de poner en hora el reloj de una Constitución que ya no es joven”, dijo antes de augurar que “no vamos a salir del bache con más de lo mismo, con una receta de austeridad draconiana que supone una anorexia fiscal”.

Aguilar explicó también que aunque el referéndum “no es preceptivo”, es “técnicamente posible” en los plazos que se ha previsto la reforma. Si el 10% de cada una de las dos cámaras lo exigiera, debería ser convocado por el Rey a propuesta del Gobierno y celebrarse 55 días después de su convocatoria en el BOE, lo que permitiría hacerlo coincidir con la jornada electoral.

Con mayor contundencia, el ex presidente del Parlamento Europeo, Josep Borell, que preside el Instituto Universitario Europeo de Florencia, manifestó: “Si yo fuera diputado no votaría a favor de esa reforma constitucional. El déficit público es una manera de financiar en el largo plazo las actuaciones de hoy. Ya hemos renunciado a la política monetaria y la hemos puesto en manos de un banco central independiente. ¿Con qué instrumento va a hacer frente el poder público a las circunstancias cambiantes de la economía?”

Después de preguntarse qué ha pasado para que Zapatero cambie de opinión en una semana y acepte el “sacrificio ritual” ante la señora Merkel, dijo que “esta no es la Europa democrática y políticamente integrada” por la que apostaron los españoles en el referéndum a favor de la Constitución europea. “No comparto la medida y espero que al final, el resultado del voto en el Parlamento, si se llega a producir, conduzca a la necesidad de un referéndum, para que los que no tenemos voto en el Parlamento también podamos votar”. Pero si el autodenominado “líder del PSOE”, Rubalcaba, no está por la labor, el “yoquierovotar” de Borrell será uno más en el magma de cientos de miles de indignados.